www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Cuando todo es ETA, ETA no es nada

domingo 31 de marzo de 2013, 19:02h
Llevo tiempo pensando en lo de los “escraches”. No soy el único, porque al menos Arcadi Espada, Manuel Jabois y Enric González han hablado del tema esta semana y son gente a la que admiro mucho, así que se ve que el tema merece la pena. Espada era, quizá, el más claro, dentro de su proverbial “estoy de vuelta de todo” que maneja con maestría: el escrache es terrorismo. Enric no entraba en el debate por considerar la palabra polisémica al menos en su uso y prefería advertir de que la coacción y la amenaza están en todos lados, empezando por el ministro Montoro y su manía de soltar sus “yo sé algo que usted está haciendo mal y como me dé por decirlo…”.

Jabois, por su parte, iba a lo moral, curioso en un escritor tan centrado en la estética. Si el escrache está permitido, ¿qué no lo está? Es una buena pregunta porque habla de límites y los límites en una sociedad lo son todo. Si existe un Estado, principalmente, es para establecer límites, nos gusten o no, sean más o menos acertados. Mi postura es algo difusa al respecto, coincido con Manuel en que rodear la casa de alguien porque dice que no va a votar lo que nosotros queremos que vote es moralmente deleznable. Matizaría, como Enric González, que esos límites que pone el Estado se pueden cambiar y que convendría ir cambiándolos cuanto antes.

Si el Estado no hubiera participado activamente en determinados tejemanejes y negocietes que han llevado a cientos de miles de personas a la calle no habría PAH ni Ada Colau y la gente tendría algo a lo que agarrarse, cosa que ahora no tiene. Cuando el 15-M llegó a su apogeo yo dije que como movimiento político era pueril e inocente, sí, pero como terapia de grupo no tenía precio y al menos era pacífico. De repente, el 15-M pasó de ser pueril a ser ETA, en palabras de dirigentes y prensa afín al PP y la vía pacífica de expresión y protesta se cerró por completo. “Es esto o Grecia”, recuerdo haber dicho en su momento y no deja de sorprenderme como todo el mundo, a un lado y a otro, ha elegido la opción griega con entusiasmo.

Obviamente, si el 15-M ya era ETA, ¿qué no van a ser los escraches? Hablar de “terrorismo” es una cosa muy complicada pero hablar de ETA es muy fácil porque han estado –y nada nos asegura que no vayan a seguir; ellos, desde luego, no- 50 años matando, robando y amedrentando de una manera mafiosa, organizada y políticamente estudiada. Si terrorismo es cualquier acción que pretenda causar un miedo tal en el que sufre la amenaza que le haga cambiar de opinión sobre algo y ese miedo provoque a su vez más adhesiones forzadas a la causa, lo de los escraches suena a terrorismo, sí, no creo ni que sus propios partidarios puedan negarlo, y ahí Arcadi Espada tiene razón.

Otra cosa es la comparación con ETA o la Alemania nazi. Permítanme que diferencie rodear una casa o hacer pintadas… y matar a miles de ciudadanos o millones de judíos. No puede ser lo mismo. Algunos me acusarán de relativismo moral, en el sentido de que lo que está mal está mal siempre, afecte a una persona o afecte a un millón, pero permítanme que esa acepción de la moral, al aplicarla a la realidad, me parezca terrible y prefiera la posición de Hannah Arendt al respecto: “Cuando todo el mundo es culpable, los verdaderos culpables se van de rositas”.

Efectivamente, cuando todo es ETA, cuando rodear una casa es ETA, sentarse en una plaza es ETA y colgar un cartel es ETA, parece que ETA no es nada. Que lo mismo es un tío que se ha quedado en la calle y lleva pegatinas que Josu Ternera. La comparación es tan aberrante que no hace peor al del escrache sino mejor a Ternera o a Parot o quien quieran poner de ejemplo. Comparar las acciones de carniceros que han puesto en el alambre la convivencia y la democracia española durante décadas con excesos puntuales fácilmente reprimibles por la ley y las fuerzas del orden en caso de que haya delito es hacerles un favor enorme a los etarras.

Yo no quiero una sociedad en la que se rodean casas y se insulta a la gente según su voto o el partido donde militan. Tampoco quiero muchas otras cosas, pero de eso ya hablo otras semanas. Lo que es absurdo y no hace sino ofender a decenas de miles de víctimas directas o indirectas, es ningunear o infantilizar lo que ha sido ETA y compararlo con una manifestación agresiva. Es ridículo. La comparación, insisto, es tan absurda que solo profundiza en el desafecto, la incomprensión y la sensación de impotencia de millones de españoles, que, solo por ponerles un adjetivo, no desaparecen por arte de magia.

Guillermo Ortiz

Escritor, analista y profesor

GUILLERMO ORTIZ es licenciado en filosofía. Ha colaborado con revistas digitales como El Semanal Digital, Factual o JotDown Magazine así como en medios culturales como Neo2 o Cuadernos Hispanoamericanos.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+
0 comentarios