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De escraches y pajaritos chiquiticos

miércoles 03 de abril de 2013, 20:40h
Martin Niemöller, pastor protestante y uno de los líderes del movimiento pacifista, escribió durante su cautiverio en el campo de concentración de Dachau un desgarrador poema, en ocasiones atribuido erróneamente a Bertold Bretch: “Primero vinieron a buscar a los comunistas, y yo no hablé porque no era comunista. Después vinieron por los socialistas y los sindicalistas, y yo no hablé porque no era lo uno ni lo otro. Después vinieron por los judíos, y yo no hablé porque no era judío. Después vinieron por mí, y para ese momento ya no quedaba nadie que pudiera hablar por mí”.

De inicio, los nazis generaron cierta simpatía en Alemania. Muchos veían justas sus reivindicaciones, y compartían su malestar por las leoninas condiciones impuestas por el tratado de Versalles. Como hacía falta descargar la ira contra un colectivo concreto, se escogió a los judíos. Y así empezó todo. Primero fueron los insultos en público. Luego, se les empezó a señalar en sus propios domicilios, con miembros uniformados de las SS y las SA a la puerta para amedrentarles. Siguieron los empujones, y la agresividad fue subiendo enteros el día que el primer cóctel molotov fue arrojado contra la residencia de un judío. El resto es historia, nunca mejor dicho.

La izquierda de hoy la ha tomado con el PP. De manera educada, ojo. Tan es así que los hijos de Esteban González Pons o Antonio Basagoiti han de ver cómo sus respectivos padres tienen que ser protegidos de una horda de energúmenos que -educadamente, eso sí- les llaman de todo, les rodean y llegan incluso a llamar -educadamente claro- a la puerta de sus vecinos para lanzar sus exabruptos. Eso es lo que ven los niños si se asoman a la ventana. Y en el portal, pegatinas y pintadas de lo más ilustrativo. Al presidente de la Junta de Extremadura le han colocado carteles con su foto en medio de una diana, y al alcalde de un pueblo de Badajoz le han intentado quemar la casa.

Esos son los argumentos de la izquierda global. La de España asiente y celebra. La hermana del otro lado del charco, mientras, oye cantar pajaritos a los que identifica con la reencarnación de ese fino estadista que fue Hugo Chávez. Una y otra tratan con igual “respeto” a los que piensan (¿¿) diferente a ellos. He ahí el drama: mientras aquí se festeja el acoso con ribetes de nazismo, en Iberoamérica le ríen las gracias al bufón de Chávez. ¿Es que acaso Venezuela no merece algo mejor que un tal Maduro cuyo único mérito es haber sido la voz de su amo? Dios los cría, y ellos se juntan: el chavismo tenía entre sus amigos a Corea del Norte, Irán y Siria. También a las FARC, ETA o Hizbolá. Aquí, Bildu. Europa anda huérfana de pensadores de izquierda que vuelvan a abrazar la no violencia como forma de expresión; que abominen del sectarismo. E Iberoamérica lo que necesita son más cartillas Palau para que sus actuales dirigentes aprendan a leer y escribir. Por eso nunca ganará alguien como Capriles; es decente, con una sólida formación y sus métodos no son violentos. Eso hoy no vende. Lo que se llevan son los escraches y los pajaritos chiquiticos.

Antonio Hualde

Abogado

ANTONIO HUALDE es abogado e investigador de la Fundación Ortega y Gasset

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