El comité de sabios de Italia
jueves 04 de abril de 2013, 00:33h
Tras las últimas consultas que corroboraron el desacuerdo total entre los partidos, el Presidente de la Republica italiana, Giorgio Napolitano, ha decidido nombrar un pequeño grupo de sabios (“saggi”), y asignarle la tarea de elaborar una plataforma de reformas políticas y económicas que puedan ser aprobadas por el Parlamento como programa de Gobierno. Los dos grupos de expertos (técnicos y políticos de prestigio) deberán intentar desbloquear la rígida oposición existente entre las fuerzas parlamentarias, presentando al Presidente una lista de los “temas esenciales” que el país tiene que afrontar –de carácter económico e institucional- y sobre los que pivotar el acuerdo entre los partidos. Mientras tanto, el Gobierno técnico en funciones de Mario Monti gobernará, cabe esperar, con la ayuda responsable del nuevo Parlamento.
Se ha tratado de una decisión responsable, orientada a tranquilizar a los mercados y a los socios europeos de Italia. Ante la parálisis política actual, Napolitano apuesta por la operatividad del Gobierno en funciones (la prorogatio Monti) y por un compendio de técnicos y políticos para cimentar un acuerdo de mínimos cara al futuro. Además, su decisión podría tener un papel pedagógico, demostrando que 10 personas de buena voluntad y sin el excesivo condicionamiento de los intereses partidistas pueden ponerse de acuerdo para el bien de la colectividad, encontrar un compromiso sobre objetivos útiles para el futuro del país.
La actual situación, el vacío de poder de Italia no puede prorrogarse sine die: Italia necesita acometer unas reformas urgentes de carácter económico, social y jurídico-institucional. La imposibilidad para encontrar una mayoría parlamentaria entorno a un nuevo Gobierno no puede ser un pretexto para no enfrentarse a la emergencia político-económica que aflige al país. El resultado electoral ha mostrado la sustancial fragilidad de las formaciones políticas nacionales, incapaces de gobernar o de ponerse de acuerdo, pero que sin embargo, no pueden eludir sus responsabilidades. Mientras la opinión pública internacional y los mercados miran con desconfianza y perplejidad la situación italiana, la decisión de Napolitano parece un movimiento –desesperado- ante una situación que no deja de agravarse, mostrando a un país incapaz de adoptar reformas y modernizarse institucionalmente. Parece muy difícil augurar la próxima historia de Italia: hay que proponer cambios con responsabilidad y coraje, sin miopías o prejuicios, ni demagogia o mesianismos. Los partidos tradicionales deben confrontarse con la realidad y asumir sus responsabilidades. No basta con secundar el punto ácrata de los italianos o querer destruir el sistema, sino que se trata de reformarlo, apelando a la responsabilidad de todas las fuerzas políticas. No se debe convertir este drama en farsa o considerar que la ingobernabilidad sea el mejor escenario, hacen falta propuestas, ideas y valor. Italia necesita políticos capaces de resolver problemas y tomar decisiones, más allá de sus anhelos de poder o cálculos electorales.