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Una situación dramática pero aún no hay reconciliación entre Israel y Turquía

Ely Karmon
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ekarmonidcacil/7/7/11/14
jueves 04 de abril de 2013, 20:14h
Tanto Israel como Turquía, por no mencionar los EE.UU, están muy interesados en emprender una tarea de reconciliación. Pero tres años de desconfianza no van a evaporarse de la noche a la mañana, sobre todo teniendo en cuenta los sólidos lazos del líder turco Erdogan con Hamás.

Mediante una conversación telefónica se ha puesto fin a tres años de grave crisis en las relaciones diplomáticas, políticas y militares entre dos de los aliados regionales más importantes de los Estados Unidos. La mediación del presidente Obama en la decisiva conversación entre el primer ministro Netanyahu y Erdogan ha sido el éxito palpable más importante de su viaje a Oriente Medio, aparte de su brillante visita de relaciones públicas a Israel.

Netanyahu “presentó por parte israelí sus excusas a los turcos por cualquier error que hubiera dado lugar a heridos o pérdida de vidas humanas [durante el incidente del Mavi Marmara en mayo de 2010] y mostró su conformidad con llegar a un acuerdo de compensación/exoneración de responsabilidad.” Erdogan aceptó las disculpas “en nombre del pueblo turco” y, en su conversación con Netanyahu, puso el énfasis en “la historia compartida por las dos naciones y en las épocas anteriores de amistad y cooperación”.

El ministro turco de asuntos exteriores Davutoglu explicó luego que Israel había “cumplido sistemáticamente” cada una de las condiciones previas impuestas por Turquía para normalizar los vínculos con Israel: “las disculpas, la compensación y el levantamiento del embargo en Gaza, así como el desarrollo de ésta”. De hecho, el éxito de Erdogan en la obtención de las disculpas israelíes fue considerado como un “golpe diplomático” por los medios de comunicación turcos.

El esfuerzo de los dos países por limar asperezas ha continuado a lo largo de tres años, pero en los dos últimos meses se han producido unas intensas negociaciones que han dado lugar a un gran avance y en las que (según Davutoglu) el secretario de Estado de EE.UU. John Kerry ha desempeñado un papel clave. El punto de inflexión para el gobierno turco era que Israel presentara disculpas, no sólo que lo lamentara.

Parece probable que el principal escollo desde el punto de vista israelí haya sido la exigencia turca de levantar el bloqueo a Gaza, no la formulación de una disculpa.

Si escuchamos atentamente a Netanyahu, parece que Israel ha logrado su objetivo de restablecer lazos con Turquía con un mínimo de concesiones: Israel se mostró de acuerdo en “suprimir sustancialmente las restricciones a la entrada de mercancías civiles en los territorios palestinos, incluida Gaza, y en que esto continúe mientras reine la calma”. Y si no reina la calma –si los cohetes de Gaza alcanzan Sderot durante la visita de Obama-, Israel respondería cerrando el cruce de Kerem Shalom en su frontera con Gaza y limitando la pesca palestina a tres millas desde las orillas del enclave.

Paradójicamente, parece que la referencia de Erdogan al sionismo como un crimen contra la humanidad en una conferencia de las Naciones Unidas en Viena –justo un día antes de la visita del secretario Kerry a Ankara a comienzos de marzo- en realidad ha podido influir para que Obama le obligara a someterse a la presión americana para reconciliarse con Israel.

En una rueda de prensa con Davutoglu, Kerry les contó a los periodistas lo siguiente: “No sólo no estamos de acuerdo con eso [el comentario de Erdogan sobre el sionismo], sino que nos ha parecido objetable.” Erdogan esperaba que Kerry le invitara a reunirse con Obama, una invitación que llevaba reclamando desde hacía algún tiempo pero que nunca recibió. Un oficial estadounidense dijo que “los comentarios [de Erdogan] sobre el sionismo hacen daño a las relaciones bilaterales” y podrían influir negativamente en la Casa Blanca y el Congreso.

Cuando Obama llegó a Israel, Erdogan hizo un esfuerzo por aclarar sus controvertidos comentarios en una entrevista con el periódico danés Politiken: “Entiendo que lo que afirmé en Viena haya suscitado debate. Pero nadie debería malinterpretar lo que dije. Todo el mundo debe saber que mi actitud crítica sobre ciertos asuntos, en especial sobre Gaza y los asentamientos, va dirigida a la política israelí.” Netanyahu dijo que había visto la reciente entrevista de Erdogan en el periódico danés y que apreciaba sus palabras. El aura de la visita de Obama originó una rápida reducción de la intensidad del conflicto, hasta el punto en que fue posible decir: incidente concluido.

Curiosamente, Turquía pidió que Hamás le apoyara en reconocer como una “victoria” la reconciliación con Israel. Hamás aplaudió a Erdogan por haber obtenido las disculpas de Israel y por informar al jefe político de Hamás Khaled Meshal de que Netanyahu había prometido “levantar el estado de sitio del pueblo palestino”.

Según Netanyahu, la paulatina intensificación de la crisis en Siria fue el principal motivo para iniciar la reconciliación. De hecho, la coordinación y la cooperación entre Israel y Turquía en la cuestión siria, especialmente en lo relativo a las armas químicas y a la amenaza yihadista, son de gran importancia.

Además de eso, el apoyo de Turquía o, al menos, su neutralidad benevolente será de suma importancia en caso de un ataque militar estadounidense o israelí contra las instalaciones nucleares de Irán. Turquía forma parte del escudo anti-misiles de la OTAN y de EE.UU. que defiende la región, Europa e Israel de una amenaza iraní de misiles de largo alcance.
Erdogan, por su parte, necesita ayuda para salir del atolladero sirio, ya que el potencial escenario de la autonomía kurda, un Estado alauita pro-iraní y la presencia yihadista amenazan la estabilidad interior de Turquía. Turquía también está en conflicto con Irán en lo concerniente a la futura dirección de Irak.

Es más, Erdogan se ha embarcado en la misión política más difícil de su carrera: el intento de resolver pacíficamente lo que algunos han llamado “el talón de Aquiles” de Turquía –la cuestión de los kurdos-, obteniendo un acuerdo de alto el fuego con el encarcelado líder del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), Abdullah Ocalan. Éste es un proceso largo y doloroso que cuenta con el rechazo de muchos círculos nacionalistas turcos y que podría verse negativamente influido por los acontecimientos de Siria, Irak o Irán.

Aunque las relaciones diplomáticas y económicas entre Israel y Turquía puedan restablecerse con relativa rapidez, la delicada cooperación militar y estratégica es mucho más difícil de conseguir, en vista de los profundos cambios que se han operado en las esferas militares y los servicios de inteligencia turcos, y en vista de la desconfianza mutua… que no desaparecerá de un día para otro.

Davutoglu evaluó esto del siguiente modo: “El proceso de normalización con Israel reforzaría la posición de Palestina en el proceso de paz”, y prometió vigilar de cerca el levantamiento del bloqueo de Gaza.

La primera prueba de las verdaderas intenciones de Erdogan con respecto a Israel será su esperada visita a Gaza a mediados de abril, donde seguro que le reciben como al futuro sultán. La cuestión crucial es en qué medida apoyará Erdogan la ambición de Hamás de convertirse en la única fuerza importante de la Autoridad Palestina, sin renunciar a su objetivo de liberar a toda Palestina mediante la lucha armada. Y teniendo en cuenta estas intenciones, conviene señalar que, desde que Turquía invitó a los líderes de Hamás a Ankara en 2006, los líderes turcos nunca han criticado las actividades violentas de Hamás ni han logrado influir en su estrategia y, sin embargo, han protestado a voz en grito contra las represalias de Israel. Los comentarios más recientes de Erdogan, en los que vincula la normalización de las relaciones con Israel a la plena aplicación de las condiciones del pacto, sugieren que el acuerdo alcanzado tiene un carácter más provisional que concreto y que aún no se ha producido el advenimiento de una nueva era en las relaciones entre ambos países.

Ely Karmon

Investigador del ICT Herzliya, Israel

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