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Arbitraje, fútbol y reglas de derecho

José Eugenio Soriano García
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josesorianoelimparciales/11/11/23
jueves 11 de abril de 2013, 20:31h
El partido entre el Málaga y el Borurssia Dormund, merece algún comentario también desde el Derecho. Porque es mucho lo que se juega en todos los planos un equipo, desde el honor deportivo hasta la compensación económica, desde el liderazgo hasta el equilibrio presupuestario. Y jugando con las emociones de miles de corazones, de almas, de personas grandes y pequeñas, que viven y se emocionan y sueñan y quieren y sienten lo que pasa en el campo de juego, con sus jugadores y con el equipo de su alma.

Y hay que decir que, sorprendentemente, pese a la tecnología con la que se cuenta, se sigue en el antediluviano sistema del puro árbitro que, peligrosamente, coincide no solamente con arbitrio sino, también, con arbitrariedad. Y arbitrariedad, sin duda, es lo que puede afirmarse de la actuación de un pollo, llamado Craig Thomson, que violó todas las reglas del juego o simplemente estaba ciego, supuestos ambos en los que debería ser expulsado para siempre y sancionado por lesionar, con prevaricación o negligencia, a un equipo.

Y puede afirmarse lo dicho, sin temor a error, porque contamos efectivamente con medios técnicos. Y no cabe la menor duda de que cualquier lector puede ir a internet y comprobar el CUADRUPLE fuera de juego, amén de otro posterior, con que se marca el último gol, el que cambia para siempre el sentido de la competición.

No se entiende, desde el Derecho, que las reglas del juego deportivo no permitan comprobación en el caso del fútbol. Que se siga confiando ¿confiando?, en una decisión que puede estar viciada por muchos elementos, desde que no puede ser que tres equipos de un mismo país acaben en las semifinales o que un equipo desconocido pretenda ser un nuevo entrante en la liga de campeones, en la histórica Copa de Europa.

No. Si se comprueba, como se puede comprobar tecleando ahora quien lo duda en internet y buscando el tercer gol del Borussia, que cuatro, nada menos que cuatro, jugadores están fuera de juego y uno de ellos a más de un metro de la línea del puro fuera de juego, habría que anular ese partido. Pero como el costo político, deportivo, económico de una revisión de oficio del partido es inmenso, resultaría mucho más sencillo y elemental hacer como en tenis, tener un “ojo de halcón” inmediato (apenas tarda unos segundos) de forma que lo que es para el fuera de juego (y algún otro supuesto especialmente grave y a la par sencillo de ver en pantalla, pese a que pueda ser difícil verlo en el campo a veces), pudiera pedirse en dos o tres ocasiones en el partido, insisto, al igual que en el tenis.

Yo haría la siguiente pregunta a cualquier lector: ¿tiene alguno de ustedes la menor duda, insisto, la menor duda, de que hay cuatro jugadores fuera de juego en el tercer gol? (además de otro fuera de juego después). Porque si hay unanimidad, y para ello basta comprobar el dato físico en cualquier video, en cualquier pantalla, es un crimen mantener el pase del equipo tramposo a las finales.

Y con ello llegamos al corazón del asunto: la trampa. La trampa en deporte es como la corrupción en política. Y el árbitro que no ve a cuatro jugadores fuera de juego o es un ciego o es un tramposo. Y los liniers ¿para qué demonios están?, exactamente igual.

En nuestros días, donde el deporte y en particular el fútbol, tiene la importancia social que tiene, no se entiende bien que las evidencias, las reglas de la técnica, continúen siendo marginadas. Máxime cuando luego, las quejas ante la UEFA caen en saco roto, es decir, que no hay casación, porque no hay regla de Derecho.

Ahora cuando en las Facultades se estudia Derecho del Deporte, hay que decir que nos encontramos en el fútbol ante una situación prebecariana (de Beccaria, autor de la primera obra sobre los delitos y las penas en la era moderna), que seguimos anclados en el Antiguo Régimen. Y que es simplemente estúpido no utilizar los instrumentos técnicos para conseguir que el abuso de poder de los árbitros continúe consagrando una especie de resignación donde todo vale por tanto, ya que el árbitro puede actuar de fiscal, juez y verdugo al mismo tiempo. No tiene sentido. Al final es el deporte el que lo paga. No hay espíritu deportivo, sino abuso de poder, como en la política muchas veces. Y con ello, pierde el deporte y gana el abuso. Exactamente lo contrario de lo que es el juego limpio que es la esencia del deporte.

Y es que con este sistema de abusos, ya no nos queda ni el deporte. No nos queda nada más que el rencor, el resentimiento y el sentir que la regla de Derecho tampoco sirve ni en el campo de juego. Todo un ejemplo de cómo está el mundo de nuestros días. Y de cómo sería fácil, tan fácil, arreglarlo, porque no quepa duda alguna de que con apenas un mínimo de técnica se hace equidad, juego limpio y se limita el abuso de poder y la estupidez.

No se puede compartir quizás la idea de racismo que Abdullah Al-Thani ha lanzado, pero se comprende que un Presidente de un Club, tenga que defenderse de quienes ofenden a todos. Menos mal que no ha dicho que el tal Craig Thomson ha ofendido la justicia, porque entonces veríamos desde luego al tipo éste esconderse de por vida. Pero a eso es a lo que se acabarán arriesgando quienes por ignorancia o mala fe, de una u otra manera, violan y no quieren dejar que deje de violarse la regla del Derecho: acudir a las pruebas sobre todo si son evidentes, sencillas y permiten alcanzar un resultado exacto y justo.

Hay que cambiar el abuso de los árbitros por la neutralidad de la técnica. Como en el tenis. Todos ganaremos.

José Eugenio Soriano García

Catedrático de Derecho Administrativo

JOSÉ EUGENIO SORIANO GARCÍA. Catedrático de Derecho Administrativo. Ex Vocal del Tribunal de Defensa de la Competencia. Autor de libros jurídicos.

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