www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Tiempo de rectificaciones

José Manuel Cuenca Toribio
viernes 12 de abril de 2013, 21:01h
Plausiblemente, algunas de las personalidades que encauzaron el proceso de la Transición, retiradas ya de modo definitivo de la actividad política, comienzan en escritos y reuniones amicales a dejar constancia de los errores que, en su opinión, cometieron en el ejercicio de sus altas responsabilidades en el gobierno de la nación, las autonomías u organismos y entidades de elevada importancia en la marcha del país. Es lógico, al tiempo que muy loable, que hayan sido figuras del socialismo dirigente los adelantados de tal senda ya que con ellos se inició propiamente la implantación de una democracia consolidad en nuestro país, una vez terminada la etapa climatérica al par que memorable de los días de Adolfo Suárez y la UCD.

En la opinión muy falible del articulista, en la literatura memoriográfica más reciente destaca sobremanera el libro de Joaquín Leguina, aparecido en el año precedente y que, por causas del muy especial mundo editorial español y del de no menos singular de la crítica literaria, no ha obtenido el eco ni la audiencia al que sus muchos méritos lo hacen acreedor. Su capacidad de autocrítica y de revisionismo de la larga etapa felipista y años inmediatamente posteriores son, en verdad, un descollante testimonio moral e historiográfico así como de buena y bella escritura. Sin duda, las generaciones y estudiosos futuros lo tendrán como fuente indispensable del periodo, al tiempo que de ejemplo ético de alto valor.

Según fuentes de la máxima solvencia para un cronista ahincado y, hèlas, encanecido ya en la depuración de los documentos del pasado español más reciente, pocos meses antes de la salida al público de la mencionada obra del expresidente de la Comunidad de Madrid, en una gran capital del Mediodía otro excargo del mismo relieve en una autonomía sureña congregaba a una treintena de antiguos diputados nacionales y regionales, algunos profesores y varios notables periodistas de los días inaugurales de la recuperación democrática para reconstruir, con firme voluntad crítica, el origen y primeros pasos de su historia más inmediata. A falta de un sentimiento regional vibrante y genuino, decidieron crearlo desde el poder con la poderosa e insustituible ayuda de ciertos y muy importantes redactores de los principales diarios de la comunidad. Según expresión de uno de los asistentes al privado acto, Goebels no hubiera discurrido por un camino muy distinto…

En vena declarativa, otro de los concurrentes, investido in diebus illis de altas funciones directivas en el PSOE, manifestó que el por aquel entonces líder autonómico, ante su falta de relevancia en un escenario madrileño ocupado por primadonas del partido, alentó encarecidamente el ideario autonómico con el fin si no de revancha, sí desde luego de alzaprimar su protagonismo en las instancias superiores del felipismo merced a la deturpación e hipertrofia de la sensibilidad regionalista.

Huelgan, claro es, las glosas y comentarios. Los voluntariamente confesos de promover, en su íntimo sentir de antaño y hogaño, un credo ideológico artificial y sin raíces con el objetivo de facilitar su quehacer gobernante se autopenitenciaron, en la ocasión citada, con la palinodia de su sedicente desacierto. No es éste, indiscutiblemente, el lugar para juzgarlo sine ira et studio como lo exige la disciplina de Clío. Pero lo es para tributar un sincero reconocimiento a los adelantados de la única ruta capaz de reconstruir con fehaciencia la verdad del pasado y, por ende, conquistar un futuro más ético y creativo.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios