Cataluña no es CIU
lunes 15 de abril de 2013, 08:04h
Lejos de hacer el menor atisbo de autocrítica, Artur Mas cargaba las tintas este pasado fin de semana contra “ciertos organismos del Estado”. El motivo, la “campaña de descrédito” que estarían llevando a cabo contra Cataluña, encarnada en el “acoso” a Jordi Pujol y su familia. Nada nuevo, por cuanto una de las constantes del nacionalismo catalán ha sido patrimonializar en exclusiva la representación de Cataluña y todo lo que sea susceptible de crítica a cualquiera de sus miembros implica un ataque frontal a la propia Cataluña. El que las actuaciones judiciales independientes por evasión de impuestos, dinero negro y tráfico de divisas se describa como una afrenta a la patria catalana, da idea del desvarío de los nacionalistas.
A este sofisma se sumaba recientemente el mencionado Pujol, añadiendo al mismo tiempo que “en España no funcionan el Tribunal Constitucional, los partidos políticos, las Cortes, el Banco de España, el Tribunal Supremo ni las autonomías”. Todo lo anterior retrata a la perfección el verdadero cariz de los dirigentes nacionalistas, desde Pujol hasta Mas. Puede que en ciertos momentos el primero mostrase un mayor sentido de estado, pero sus convicciones no distan mucho del actual desatino en que CIU y Esquerra han convertido la vida política. Una vida política salpicada de escándalos de espionaje, cuentas en el extranjero y un órdago secesionista como único punto en el orden del día.