El terror en Boston
martes 16 de abril de 2013, 15:39h
Boston es una ciudad preciosa, sobre todo en primavera. Es de esas grandes urbes en las que nada más llegar te encuentras a gusto y piensas que allí podrías instalarte y hacer tu vida. En la Nueva Inglaterra un europeo se siente en casa, aunque sepa que está al otro lado del Atlántico y aprecie el “american way of life” en muchos detalles de la vida diaria. He paseado mucho por sus calles, especialmente entre Beacon Street y Boylston Street, he pasado muchas horas trabajando en las salas de lectura de la Boston Public Library en Copley Square y en otras muchas bibliotecas de Massachusetts, he caminado arriba y abajo por las riberas del Charles River con mi buen amigo el ingeniero Santiago Bañales mientras recordábamos el precioso poema que Dámaso Alonso dedicó al río Carlos, con aquel impresionante verso, tan metafísico: “qué instante era tu instante”, en el que tanto resuena Heráclito y que a mí siempre me ha recordado también al Quevedo que grita “¡Ah de la vida!”, y nadie le responde de los antaños que ha vivido, o al que no encuentra en Roma a Roma, ¡oh peregrino!, y en ella haya que sólo el Tíber, “lo fugitivo permanece y dura”. Hoy, que Boston, una de las capitales simbólicas de Estados Unidos junto a Washington y Nueva York, ha sido golpeada por el terrorismo, me han venido muchos recuerdos a la cabeza y ese verso de Dámaso Alonso se me presenta ante mis ojos como turbias aguas corrientes en las que uno se mira sin poder identificarse del todo. Así anda el mundo, sin saber qué instante es su instante, cual es su esencia, porque no hemos sido capaces todavía de asumir plenamente que el hombre no tiene sustancia sino que es historia, que su ser es un ir haciéndose y que somos responsables de nuestro propio quehacer.
Las palabras del presidente Obama tras el atentado de ayer son un síntoma del desconcierto que vivimos. Hay un profundo y enorme miedo de que el terrorismo internacional yihadista haya sido capaz de golpear otra vez en el corazón del Imperio. Por eso Obama no ha querido hasta el momento hablar de terrorismo. Ha dicho: “We will get to the bottom of this. We will find who did this, and we will find out why they did this. Any responsible individuals, any responsible groups will feel the full weight of justice” (“Nosotros llegaremos al fondo de esto. Nosotros encontraremos a quienes han hecho esto, y descubriremos por qué ellos lo han hecho. Cualquier individuo responsable, cualquier grupo responsable sentirá [sobre él] todo el peso de la justicia”). No podemos estar más de acuerdo con la frase de Obama y desear que el peso de la ley caiga sobre los terroristas, pero Obama se equivoca al preguntarse por qué lo han hecho. La pregunta que hay que hacerse, como ha recordado tantas veces José Varela Ortega al analizar el terrorismo, cualquier tipo de terrorismo, no es por qué sino para qué. El terrorismo es proactivo y no sólo reactivo a una situación determinada. Persigue su fin, que es el de aterrorizar a la sociedad, encorsetarla, para cuando estime que es el momento oportuno asaltar el poder e imponer su propio orden totalitario.
En las palabras de Obama se detecta el poso cristiano de la culpa al preguntarse por qué nos ha pasado algún mal, y, seguramente sin quererlo, en ese por qué se da por supuesto, aunque sea de forma inconsciente y mínima, que algo habremos hecho mal, que alguna responsabilidad tendremos, pues somos pecadores.
El New York Times señala que detrás de los atentados podrían estar grupos radicales antigubernamentales y no cita al yihadismo internacional. Recuerda que en otros meses de abril en torno al Patriots’ Day en Massachusetts ya ha habido altercados y que el 19 de abril de 1995 se produjo el famoso atentado de Oklahoma. En la prensa norteamericana se palpa un cierto temor a pensar que el yihadismo internacional pudiera estar implicado en esta nueva acción terrorista que ha causado tres muertos y más de un centenar de heridos. No da igual que sea un tipo de terrorismo u otro, porque las fórmulas para combatirlos pueden ser muy distintas, pero lo que los gobiernos democráticos tienen que tener claro en todo el mundo es que los terroristas no sólo actúan como reacción a una situación determinada, por un porqué, sino que actúan para conseguir que el miedo se apodere de la población e imponer, si les dejamos, sus fines totalitarios, su para qué.
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Profesor de Historia del Pensamiento Político
JAVIER ZAMORA es licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y doctor en Derecho por la Universidad de León, ha completado su formación con estancias de investigación en el Massachusetts Institute of Technology, el Max-Planck Institut für Geschichte y el Colegio de México.
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