Incertidumbre en Venezuela
martes 16 de abril de 2013, 23:02h
Maduro se ha dado prisa en tomar posesión como presidente de un país dividido. El no haberse atrevido a esperar a un recuento que, de haberse producido, habría sacado a la luz múltiples irregularidades, es una prueba más del fraude. Otra es la destrucción de miles de papeletas, quemadas por un ejército que no quiere renunciar a seguir tutelando la llamada “revolución bolivariana”. De haber sido otro el signo político del vencedor y de no contar Venezuela con la chequera del petróleo, es más que probable que los países de su entorno le negasen el reconocimiento.
Argentina, Cuba, Ecuador, Nicaragua o Bolivia, en cambio, no vacilarán en legitimar a quien seguirá hurtando el petróleo a los venezolanos para utilizarlo como dádiva política hacia sus respectivos países. Esa fue una de las promesas electorales de Capriles, no regalar la materia prima más preciada del país a regímenes afines; de ahí que no contase con el beneplácito de parte del continente iberoamericano.
En todo caso, Venezuela es ahora un país en grave riesgo de fractura social. Maduro ha ganado de forma irregular, pero no puede negarse que cuenta con un importante número de seguidores. Capriles, por su parte, ha obtenido un resultado sumamente meritorio, habida cuenta de la desigualdad a la que ha tenido que hacer frente. Y sus votantes le han perdido el miedo al aparato represor chavista, echándose a la calle en masa para mostrar su descontento ante la manipulación electoral. Maduro debe sopesar sus próximos pasos. La oposición está mejor organizada, y es mucho más fuerte. Ha de gobernar para todos, y no contra una mitad que, de haber sido limpios los comicios, sería bastante más que el porcentaje atribuido a Capriles.