¿Vivimos ya otra Guerra Fría?
jueves 25 de abril de 2013, 20:31h
Acaso la presente entrega que amablemente lee usted, apreciado público que revisa periódicamente El Imparcial en ambos hemisferios, debí intitularla como “La semilla de la próxima guerra”. Pero he deseado que no cunda el pánico y continúe usted aquí su absorta lectura y por ello, opté por colocarle el encabezado que ya conoce. Pues eso: mirando con detenimiento los sucesos de los últimos años me pregunto si ya estamos inmersos en una nueva Guerra Fría. En el umbral de una nueva en toda regla y que no solo sea la continuación de la anterior. La conducta de las potencias alargando conflictos como el sirio o el ajedrez que prolonga la tensión en las Coreas, cuyas voces son solo aparentes protagonistas que menos interesa, ya alerta de su inadvertida pero posible presencia.
Ha leído usted bien. Por supuesto que lo asevero ni la invoco ni la deseo, mucho menos la celebraría, empero hay visos de haber guerra fría. Así sea por discretos asomos cual atisbos, delineándola lenta pero firmemente. No es ocioso reflexionarlo por ciertas similitudes, sin que existan todas las condiciones en el mundo como sucedió en la anterior guerra fría registrada entre 1945 y el derrumbe del bloque soviético. Y porque no deja de ser un negociazo, igual y como lo fue aquella otra. El miedo vende. Claro que de existir ahora incluye nuevos actores que la tornan algo multipolar y tal vez concluirá de forma diferente a la anterior. Para mal. Deslizo diagnósticos no exentos de resquemores.
Así, mi inquietud no indica que veamos solo a los idénticos actores del pasado. Quizás sean otros los protagonistas de este suceso, porque no hay monopolio ni exclusividades en su número. Pero tal vez podríamos considerar no solo a los Estados Unidos, sino que sumáramos a China y a Rusia, la una porque no quiere ser segundas y la otra porque no está deseosa de perder su lugar en el podio, pues los rusos jamás han renunciado a su poderío y a ejercer un imperialismo que les fue posible y lo ejercieron. La hegemonía estadounidense no parece ser ya tan abrumadora como nos las plantearon los teóricos hace dos décadas, cuando vio rayar muros que clamaban libertades. Entrevemos un panorama mundial ya no solo dominado por ellos. Y no han sido dos décadas de paz a secas. Estos veinte años no fueron ni de universalismo ni menos de paz perpetua –más parece una paz armada como en el paso del XIX al XX– y las guerras no resueltas parecen sumarse sin conducir a una conflagración generalizada, cierto, pero sin que desista el cada vez mayor forcejeo entre potencias alrededor de cada crisis que me hacen sospechar de esa guerra fría presente. Tras la anterior Guerra Fría nadie prometió la paz e hizo bien, porque no ha llegado. Nada mas lejos de ser verdad por 20 años.
Es llamativa la prolongación de conflictos en que las potencias toman posición pero no la asumen. Sin su aparente intervención, intervienen, y su aparente indiferencia nunca es en aras de respetar soberanías, sino para contribuir al desgaste del adversario –ya sea en lo militar o en lo diplomático– y en eso nos estamos pareciendo ya a una guerra fría. Vemos un forcejeo entre rusos, estadounidenses, chinos y en menor medida, con los británicos. Un forcejeo entre potencias que confecciona un escenario ideal para una nueva guerra fría. Hele allí.
Lo de Siria es una llamada de atención oportuna. Lo de las Coreas pinta para algo similar. No nos engaña el presunto bajo perfil ruso en estos casos mientras se rearma y de los chinos a la callada ante un conflicto a sus puertas que en apariencia no les entusiama. Mas muestran un silencio si apenas quebrado por el secretario Kerry presentándose en Pekín –y cuya inteligencia da qué pensar ante su torpeza del 17 de abril de 2013 llamando a América Latina como “patio trasero” de los Estados Unidos, granjeándose el repudio regional–. Empero, los chinos aguantan la presión y no muestran sus cartas frente al proceder norcoreano, elevando la incertidumbre. No sabemos su postura definitiva y contribuyen a ella. ¿Solo son fanfarronerías como se afirma? Merece pensarse. La no solución de cada disputa con la intervención de las principales potencias opinando, actuando, cabildeando, no nos pasa desapercibido ni el desgaste que todo ello entraña.
El mundo no quiere averiguar en los hechos si Norcorea puede o no volar Corea del Sur y atacar con misiles Guam, Hawái y hasta California, como amenazara hacerlo también el padre del chalado que gobierna en Pyonyang. En tanto, aflora esa idea de prolongar una crisis similar a la que distinguía la Guerra Fría del siglo XX. A usted que me lee en México le digo que deberíamos de tomarnos más en serio las amenazas norcoreanas, pues un incidente en el Pacífico o California es tanto como hablar de nuestro patio vecino o de nuestra azotea, cosa nada grata. Y no veo a mi gobierno tomando medidas claras. Tampoco me extraña con el que tenemos actualmente, ineludiblemente extraviadito en política exterior.
¿Y por dónde puede crearse el nuevo hilo de tensión que nutra esa guerra? ¿le parece bien el eje Washington-Pekín? Ya sabe que me niego a decir “Beijing” porque en español no hay perros “beijineses”. El Pacífico promete ser un escenario de pronóstico y quizá podría yo expresar de él lo mismo que Lord Curzon acerca del “Corredor Polaco” al final de las negociaciones de paz tras la Primera Guerra Mundial: “He allí la semilla de la próxima guerra”. No es cosa de ser adivino. A inicios de 2013 circuló un interesante texto atribuido al secretario de defensa de los Estados Unidos. Leon Panetta apuntaba que pese al recorte presupuestario de su país, no debían retrasarse sus planes de defensa para alcanzar la meta de 2020, consistente en colocar al 60% de su ejército en el Pacífico. Además, proponía estrechar las alianzas regionales ya existentes, aclarando que de ninguna manera apuntan contra China. ¿No? ¿entonces a las Islas Salomón? Malos presagios, ya se ve. Una nueva guerra fría real acaso no es más solo una idea peregrina.
Termino. La recién fallecida Baronesa Thatcher, que dio a su país una victoria cuando pocos la esperaban y eso no se lo quita nadie y explica la rimbombancia y la parafernalia de sus funerales, advirtió la decadencia del bloque soviético acaso con un olfato político y femenino con la astucia que la caracterizara. Cómo hace falta alguien que pueda establecer con media certeza hacia dónde vamos. O al menos que nos diga qué es lo que tenemos enfrente para saber en dónde estamos parados.
Lo mío solo son ideas sueltas que persiguen conseguir una leve reflexión en torno a lo que se avecina. Sépase que en 1945 por ejemplo, académicos mexicanos escribieron que el mundo de posguerra empezaba a configurar dos bloques militares y alertaban a la América Latina a no descuidarse y a ser parte de ese proceso de construcción para participar de las decisiones mundiales. Adelantaban que no podían precisar en qué acabaría ese nuevo ajedrez conformando un nuevo orden, una nueva geopolítica en ciernes, más ruda, más perversa añadiría yo, muy conscientes de que eso estaba pasando. Hoy existen ciertas muestras de ser así. Considero que en eso estamos otra vez. Pero se siente que ni el mundo es tan unipolar como se acusa ni es rabiosamente multipolar como se desea. Estamos a medias tintas, pero en ello va un escenario de Guerra Fría que estabilizaría las economías de las potencias, alimentadas con conflictos para negocio de vivales a río revuelto. Le externo mi preocupación por su desenlace. Así las cosas ¿ya vivimos una nueva Guerra Fría? Al final ante hechos tan encontrados estoy imposibilitado para dictar un veredicto definitivo en ningún sentido.