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Crónica económica

Más de la mitad de los parados son de larga duración

jueves 25 de abril de 2013, 23:28h
El primer dato es el del total. Son 6.202.700 personas en el paro. Como señala Luis María Anson, es una situación prerrevolucionaria. Aún nos acordamos de cuando el ministro de Trabajo Celestino Corbacho dijo que el número de parados nunca llegaría a los cuatro millones de parados. ¿Cuántas personas son esas? Para empezar, son el 27,1 por ciento de la población activa. Es decir, tres de cada once personas busca empleo y no lo logra. ¿Cómo es eso posible? Y atención, porque la tasa de paro juvenil es del 57,2 por ciento. Y el paro juvenil dura toda la vida.

Pero sigamos. Peor que la evolución del paro es la del empleo. El número de ocupados ha caído en 322.300 empleados en los tres primeros meses del año, y el total cae hasta los 16.634.700. La tasa de actividad sigue cayendo, hasta el 59,68 por ciento. Si la población activa no hubiese cambiado, el número de nuevos parados y el de personas que pierden empleo sería el mismo. Pero la población activa ha caído en 85.000 personas. La gente, sencillamente, deja de buscar empleo. O no viene a buscarlo a España. O se va de España a buscarlo a otra parte.

Habitualmente destacamos, y lo hemos hecho en estas crónicas, en las que comentamos todas las EPAs trimestre a trimestre, el número de familias con todos sus miembros en el paro. El último dato es escalofriante: Hay 1.906.100 hogares en esa situación. Son 72.400 más que sólo tres meses antes. Y eso que el número de hogares ha caído, y lo hace en 14.500.

Pero este jueves el dato es otro. Es el del número de parados que lleva un año o más buscando empleo sin éxito. En sólo tres meses, “Los parados que han perdido su empleo hace más de un año han aumentado en 515.700”, dice discretamente la nota. ¿Cuántos son? Nos lo dice El Blog Salmón: “no podemos sino llevarnos las manos a la cabeza al comprobar que de los 6.202.700 parados, más de la mitad, 3.206.500 personas, son ya desempleados de larga duración. La tasa de desempleo que afecta a este colectivo asciende ya al 51,68 por ciento”.

Ya desde 2008 advertía que el mayor de los problemas económicos para las familias vendría del paro, y en concreto del paro de larga duración. En estas crónicas lo he reflejado varias veces. Bien, pues aquí está. El paro de larga duración es lacerante, y por varios motivos.

El primero es el tiempo que están sin ingresos y consumiendo ahorros propios o ajenos. O faltando a las obligaciones, como el de pagar una casa, lo cual puede llevarles a una situación muy difícil.

En segundo lugar, porque cada nuevo mes en el paro se reducen las posibilidades de volver a trabajar. Primero caen muy rápidamente, y luego más lentamente. Pero caen. Especialmente en los parados de más edad. Desconfían de su iniciativa, de su capacidad para volver a trabajar, y sus habilidades empiezan a estar desactualizadas. La experiencia es un grado, es parte del capital humano, y los lunes al sol degradan también ese capital.

Hay aún un tercer motivo. El número de gente a la que se le agota todo tipo de prestación y que se queda, estrictamente, sin ingresos, también crece.

A marzo de 2013, con 3. 206.500 personas con al menos un año en el paro, la situación es descorazonadora. Algunos de esos tres millones largos de personas han salido del mercado laboral para no volver jamás. Otros lo harán en unas condiciones, y haciendo unas tareas que nada tienen que ver con sus ilusiones. Pero miremos al futuro. ¿Hasta dónde puede alcanzar esta situación?

Muchos parados de larga duración dejarán de buscar empleo por desesperación. Pero el número seguirá aumentando. Pues, aunque volveremos a crecer, no lo haremos, como muy pronto, hasta finales de este año. Y aunque volveremos a crear empleo, no lo haremos, como muy pronto, hasta abril de 2014. Y aún así, muchos seguirán sin encontrar empleo. Especialmente los parados de larga duración, pues su empleabilidad es menor. Y una cosa es crecer, y otra hacerlo a un ritmo alto. España, con una economía privada muy endeudada y un Estado ya muy endeudado, no va a crecer con fuerza hasta, quizás, los dos o tres últimos años de la década. Es decir, que no alcanzaremos una tasa de paro del ocho por ciento hasta, acaso, 2017 o 2018. Cuando se ha hablado en estas crónicas de una generación perdida, la referencia es a eso. Es, más bien, una generación de perdidos, de distintas edades.
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