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Italia, ¿el mejor Gobierno posible?

Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 28 de abril de 2013, 11:37h
Dos meses después de unas inciertas elecciones generales, Italia logra finalmente formar Gobierno. La fragmentación política derivada de las mismas y la belicosidad de los partidos, han obstaculizado su formación y aumentado la incertidumbre sobre el futuro del país. No obstante, en apenas tres días Enrico Letta ha formado Gobierno, demostrando su habilidad como negociador. Se trata de un Ejecutivo político, formado en un intento de conjugar la novedad y la competencia. Un Gobierno joven —sobre todo teniendo en cuenta el gerantocrático sistema político italiano-, que cuenta con un número récord de mujeres (siete). Su formación ha sido el resultado de largas negociaciones y encaje de bolillos de Letta. Y es evidente que se ha evitado incluir figuras polémicas o conflictivas, personas inaceptables o protagonistas de desencuentros políticos entre el PD y el PdL.

No obstante, cuesta creer que se trata del único Gobierno posible o de la “mejor opción en estas condiciones”. Aunque el Gobierno cuenta con figuras de nivel (como Emma Bonino) y otras de “buen porvenir” (como Josefa Idem o Cécile Kyenge), resulta difícil hablar en términos positivos de un Gobierno compuesto por políticos como Angelino Alfano o Nunzia De Girolamo, entre otros. Sobre todo la presencia de Angelino Alfano, el gris delfín de Berlusconi, resta credibilidad al Ejecutivo. ¿Era tan necesario pactar con Berlusconi incluso cuanto perdió en las urnas? ¿Porqué resucitarle una vez más? Es cierto que las emergencias limitan la libertad de decisión y, al mismo tiempo, obligan asumir soluciones de necesidad. No obstante, institucionalizar el berlusconismo no era necesario y la teoría de la reducción del daño (la ausencia directa del caimán en el Gobierno) no convence. Pese a despertar algunas –pocas- esperanzas sobre la posibilidad de renovación del país, el Gobierno recién formado genera más la impresión de una “Restauración enmascarada”, de un Ejecutivo creado según la lógica democristiana del compromiso para preservar la inmovilidad italiana.

Asimismo, la comparación de la actual etapa con los finales de los años setenta parece tan absurda e instrumental como producto de malsana ignorancia: los nombres Aldo Moro y Enrico Berlinguer no se merecen –ni de lejos- ser asociados a los de Berlusconi y Bersani. Pero no sólo es diferente la calidad moral y política de los protagonistas, sino también difieren la situación histórica y socio-económica del país.

Unas reflexiones más. Primera: ¿qué pensarán de este Gobierno los electores del PD después de una campaña electoral en la que tanto Bersani como su subsecretario, el mismo Letta, juraban que jamás pactarían con Berlusconi? Es evidente que aumenta el malestar en la base del PD, la sensación de haber sido traicionados, el sentimiento de confusión. Además, en este escenario, el peligro de escisiones o expulsiones de disidentes aumenta. Segunda: y, ¿Beppe Grillo y el Movimiento 5 Stelle? Es evidente que rentabilizarán esta situación, gritando al “chanchullo”. Y, si en parte puede que tengan razón, omiten su parte de responsabilidad, el fracaso de su postura intransigente (sobre todo al principio) y la toma de unas decisiones muy discutibles o prácticamente inexistentes. Tercera y última: ¿podrá Letta adoptar algunas medidas necesarias para el país pero que evidentemente no complacerán a Berlusconi? Parece evidente que parte de la agenda política del Gobierno (en materia judicial, la ley sobre el conflicto de intereses, la financiación de los partidos…) podría ir en contra de uno de sus patrocinadores y, por consiguiente, su acción será paralizada. Es probable que Gianni Letta, tío de Enrico (en Italia, la política es un asunto de famiglia…) y mano derecha de Berlusconi desde siempre, le desaconsejará tomar estas decisiones, limitando previamente la acción de Gobierno. No se podrán tratar aquellos asuntos legislativos y judiciales perjudiciales de los enormes intereses privados de Berlusconi, ni algunas de las reformas necesarias para salir de la crisis. Por eso, cuesta entender porque la prensa celebra la derrota de Berlusconi en la formación de este Gobierno. El Ejecutivo podría sufrir sus chantajes y durar hasta que Silvio diga “basta”. Otra vez –como con el Gobierno Monti- se ha dejado en sus manos la posibilidad de decidir el destino del Gobierno, de dirigir su pulgar hacia abajo. Y mientras nos preguntamos cuánto durará el Ejecutivo esperando que pueda aplicar al menos algún cambio pero rápido (empezando por la reforma electoral y la reducción de los costes de la política), se aleja el fantasma del voto en julio. Pero no así el espíritu de Berlusconi…

Andrea Donofrio

Politólogo

Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset

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