La paciencia de los españoles con Rajoy
lunes 29 de abril de 2013, 23:45h
Durante la clausura de la asamblea del Instituto de la Empresa Familiar, Mariano Rajoy insistía en pedir paciencia a los españoles, al tiempo que reiteraba su intención de seguir “sin alharacas ni triunfalismos, que a nada bueno conducen”. El Presidente hacía estas declaraciones tras disertar sobre las reformas venideras, incluidas en el plan nacional que aprobó el Gobierno el viernes pasado. Dichas reformas tienen como fin afrontar la grave situación económica que atraviesa el país, con casi 6.300.000 empleos destruidos -800.000 de ellos durante el último año- y un sector público sobredimensionado e inviable en todos los sentidos.
Tiene razón Rajoy al quejarse de que la oposición -especialmente el PSOE- haya dejado solo al Ejecutivo ante el desgaste que supone tener que implementar una serie de medidas tan poco gratas como imprescindibles. Sin embargo, es achacable al propio Presidente la falta de reacción efectiva ante ello, con el consiguiente deterioro de la imagen del PP. De un tiempo a esta parte, la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros se asemeja a un parte de guerra en el que sólo hay malas noticias. Y no es así.
Siendo muy complicada, la situación actual de España es mejor que hace apenas dos años. Entonces la sombra del rescate era alargada, y la prima de riesgo rozaba niveles de intervención (y de sacar a España fuera del mercado monetario), aspectos ambos bastante suavizados actualmente. El paro es hoy el problema más acuciante, máxime cuando desde el Gobierno se reconoce que sus cifras no bajarán en toda la legislatura. Y es aquí donde vuele a ponerse de manifiesto la nefasta política de comunicación impuesta por Rajoy, quien reconocía que “no se sorprendía la magnitud del desempleo y la crisis”. Si eso es así, ¿Porqué no llevó a cabo desde noviembre de 2011 -cuando llegó a La Moncloa- un discurso claro y preciso que ahondara en la necesidad de los ajustes? Para pedir paciencia –en lugar de convocar a todos para el esfuerzo y el sacrificio y explicarlo- primero hay que explicar porqué. Y eso no se hace escondiéndose y practicando un laissez faire comunicativo cuyos resultados a la vista están.