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El flequillo de Mariano y Alfredo

José Antonio Ruiz
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jantonruytelefonicanet/9/9/20
viernes 03 de mayo de 2013, 20:01h
Dice Ángel Cappa, que fue segundo de Valdano en Chamartín y le tiene ganas a Florentino y a ese egocéntrico ególatra que todavía se sienta en el banquillomerengue, que el Real Madrid jugaría igual de trogloditasi en lugar de Mourinho el entrenador fuese el carnicero de la esquina. (…) A España, puede que le sucediera ídemde ídem si en lugar de Rajoy hubiera seguido Zapatero al frente de vestuario monclovita.

El bipartidismo se cuartea, aunque no lo quieran reconocer los comisarios políticos del CIS. Los tiempos de Sagasta difícilmente volverán. La partidocracia tiene los días más contados que el fotógrafo etarra de la novela de Juan Madrid. O las oligarquías de los partidos se bajan del Audi con los cristales ahumados por voluntaria iniciativa propia, o les van a hacer bajar a hostia limpia.

El que debió bajarse la otra madrugada de su Mercedescantando Clavelitos sin ser de la tuna,fue el ex portavoz de Aznar, MAR, que fue detenido y tuvo que pasar la noche en el calabozo tras desafiar al alcoholímetro.

Ni con pacto ni sin pacto tienen los males de España remedio. Con pacto porque me matas y sin pacto porque me muero. Sor Juana Inés de la Cruz. Amén.

Mariano y Alfredo, mitos eróticos incomprendidos, se citan a ciegas en todo lo alto del monte Sinaí para preguntarse qué será lo que tiene el negro, o sea,Obama, que le sienta bien hasta el flequillo imaginario de Michelle.A ellos, en cambio, a pesar de los sacrificios de la operación bikini, les ha abandonado hasta el Rexona en roll-on, y como sigan a este paso ninguno de los dos acaba la legislatura. Están tan ensimismados en lo suyo, que les pasa por delante una streaker in puribus y ni se inmutan, como acaba de suceder en un partido de fútbol amateur en el Norte de Inglaterra.
No hace falta que Rappel les eche las cartas adivinatorias del tarot para presagiar que uno y otro tienenmenos futuro político que presente –que ya es decir-, como sus respectivos parroquianos se resistan a acatar las llamadas a la paciencia y a la resignación, que en tiempos de Balzac era un suicidio cotidiano, y ahora un ejercicio de masoquismo.

Es tanta la desazón, que no me extraña que registrador y químico estén maniobrando en la rebotica para suscribir un pacto de no agresión, sin luz ni taquígrafos, no tanto por el bien del país, que es caso perdido, como diría el mítico Rafael Guerra, sino de sus respectivas cofradías de pescadores de hombres y de votos cautivos.

Otro gallo les cantaría (y no el pollo capón, que como se sabe no canta porque está castrado), si perdieran la vergüenza y el sentido del ridículo, y se atrevieran a salir del armario para hacer pública su entente cordiale, como la franco-británica de 1904, en una imaginaria cena de corresponsales.
Cada vez que escucho sonar a lo lejos la sirena del mantra del consenso, camelo infame, me llevo las manos a los bolsillos y me palpo el paquete para comprobar que ningún chori me haya trajinado el monedero.

Aun siendo una hipótesis deseable para quienes siguen creyendo en el porvenir de Gaspar Zarrías como maniquí o como torero, si hay pacto de Estado será mala señal, pues querrá decir que el Gobierno da por amortizado que no habrá brotes verdes que llevarse a la boca como baza electoral para las próximas Generales, y que nadie hablará de nosotros cuando hayamos muerto.

Si Mariano y Alfredo tuvieran voluntad sincera de pactar porque creyeran que es bueno para sus particulares intereses, ya lo hubieran hecho con un telefonazo o un simple wassap, pues bien saben ambos que los pactos telegrafiados son un mamoneo.

Dos no pactan si uno no quiere. En política dos sólo se entienden cuando uno de los dos es tonto. Si hay pacto inter partes o between the parties, que lo mismo da, será porque ambas abriguen la esperanza de que tienen algo que ganar, no por un desprendido acto de generosidad.

¡Hay que ver lo que les gusta a los directores de los periódicos alimentar estos saraos que no conducen a ninguna parte pero que tanto juego da a los columnistas aunque no sirvan ni para que remonten las ventas ni para que los seis millones de parados encuentren un empleo!
Métanse ustedes los pactos por la moncloa, y pónganse a gobernar de una puñetera vez. Y si no, márchense y que corra el turno y el aire.

¡Qué cansinos! El PSOE sólo cree en los pactos cuando está en la oposición, dicen los Peperos, siempre tan originales; y el PP sólo en el rodillo de la mayoría absoluta apisonadora, como contragolpean los Sociatas en otro alarde de imaginación.

Puestos como estamos en las cosas del creer, este cronista nunca ha creído en el legado regio, porque le importa un huevo el tocado disco con pétalo de organza y plumas que Letizia, la princesa indie, lució en la ceremonia de investidura de Guillermo y Máxima en Ámsterdam. Alucino, vecino, de que a estas alturas la Humanidad siga haciéndole genuflexiones a la realeza.

Si yo fuera el ministro de Defensa, tampoco permitiría lo que está pasando en la finca de Las Turquillas, que el alcalde Marinaleda y sus secuaces del Sindicato Andaluz de Trabajadores pretenden volver a tomar al asalto. En lugar de enviar a una pareja de la Guardia Civil, me presentaba al frente dela Brunete, la misma que tanto juego dio el 23F, y los ponía en fila india a cavar la era, a ver si doblando el lomo se les quitan las ganas de hacer tonterías.

Se comienza saltando la verja de una finca ajena, y se acaba dando la nota en el Guggenheim de Bilbao, donde un vecino de Beasain, espoleado por la repercusión que tienen las chorradas de Gordillos y Colaus, se ha sacado la chorra en la Sala Fish del Museo, y con los calzones a la altura de los juanetes, ha reivindicado el reconocimiento público de su verga como obra de arte mientras entonaba La Internacional.

Otra que canta con el puño en alto y la mano egipcia es la tal Edurne Eguino, única edil de Izquierda-Ezkerra en Pamplona, que se ha dedicado a cobrar dietas por reunirse consigo misma.

Cerdo, animal de compañía. Susto el que se ha llevado el abajo firmante al toparse en la madrileña plaza de los Sagrados Corazones, mirando de refilón el Bernabéu, a un zagalón que en lugar de pasear al perro llevaba un gorrino como mascota.
¡Mariano! ¿Estás ahí?

José Antonio Ruiz, periodista
jantonruy@telefonica.net

José Antonio Ruiz

Periodista

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