“España en crisis”: la visión de historiadores
Juan José Laborda
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1718lamartingmailcom/12/12/18
viernes 03 de mayo de 2013, 20:04h
En febrero de este año se ha puesto a la venta un libro titulado: “España en crisis. Las grandes depresiones económicas, 1348-2012”(Ediciones Pasado&Presente). Dos historiadores universitarios, Enrique Llopis y Jordi Maluquer de Motes, son sus editores, y además redactan dos capítulos de ese volumen: el referido a “La crisis del Antiguo Régimen, 1789-1840” (Llopis) y el último, titulado: “España en el país de las maravillas. La nueva Gran Depresión de la economía española” (Maluquer de Motes).
El libro selecciona las siete grandes recesiones económicas habidas en nuestra Historia, y el relato de cada una de ellas está encomendado a historiadores de la economía de acreditado prestigio. En el prólogo, los editores expresan sus propósitos cívicos: “...la realidad económica no puede ser entendida correctamente desde la ingenuidad de la pura teoría económica, ni con el solo recurso a la sofisticada caja de herramientas de la econometría(...) A nadie se le oculta que(...)elementos aparentemente muy alejados de la economía, como todo aquello que se relaciona con la ética y con la moral, acaban siendo de una importancia transcendental.”
No sólo son moralmente importantes esos hechos económicos. Lo que convierte en atractivo este libro es que la visión histórica de sus autores dan más certezas que la mayoría de los actuales expertos en economía, que ignoraron los factores históricos (y que se equivocaron con la crisis por desconocer otros que no fueron los inanimados de la contabilidad matemática).
La pregunta que surge como un alarido después de leer el libro (especialmente el capítulo de Maluquer de Motes) es: ¿por qué nadie nos advirtió que endeudarnos nos llevaría al desastre?
El relato que Jordi Maluquer de Motes nos ofrece de la crisis que comienza en la primavera de 2007 es fascinante; incluso es divertido como toda narración sobre estupideces (¡ah!, “las leyes fundamentales de la estupidez” de un historiador económico como Cipolla), si no contuviese tanta preocupación y hasta rabia.
Su juicio no tiene complejos: “la economía española atraviesa la situación más grave de su historia moderna.” Lo más atractivo de su análisis se encuentra, en mi opinión, desmontando las teorías de los expertos económicos -desde responsables ministeriales hasta creadores de opinión-: no se dieron cuenta que la supuesta prosperidad española era un cuento: “la economía española -escribe Maluquer- se expandió a un ritmo sustancialmente más bajo que la tasa de crecimiento del PIB mundial.”
¿Por que nadie entre 1996 y 2007 advirtió de un indicador tan malo? Hubo tres factores que explican esa ceguera (¡algunos porque miraron dolosamente para otro lado!): 1) la ayuda europea que fue el 1% del PIB, con lo que ese dinero enmascaró nuestra débil economía (las subvenciones europeas fueron mayores que el plan Marshall); 2) la emigración aportó una mano de obra barata y flexible; 3) la burbuja inmobiliaria y sus derivadas burbujeantes: la bancaria y la fiscal. El castizo capitalismo popular hizo creer que con una vivienda hipotecada se ahorraba y se invertía al mismo tiempo; nos volvimos ricos por una temporada; tuvimos créditos que en España eran casi gratis (a causa de que nuestra inflación era mucho más elevada que la media europea); con dinero fácil, se importó lo que no estaba escrito, y se gastó en viajes y vacaciones en unos países que todavía recuerdan nuestros brillantes gastos, propios de ricos productores de petróleo.
La productividad durante el periodo 1996-2007 creció “un minúsculo 0,4% anual. La estabilidad monetaria y cambiaria alejó las amenazas de tempestad y proporcionó grandes descensos de los tipos de interés, lo que impulsó aún más la demanda interna y produjo mayor crecimiento y nuevas deducciones del déficit público.” Encantados con la situación, los antaño austeros españoles entraron en un consumismo rayano en lo extravagante: “En 2006, por primera vez en la historia de la economía española, el déficit por cuenta corriente superó al déficit comercial(...)el euro facilitó que los errores de la política del gobierno se hicieran muy grandes y, además, casi invisibles para los ciudadanos.”
“Detrás de los gobernantes de turno y de una oposición que rivalizaba en imaginar nuevas promesas de gasto a la búsqueda de votos, el país entero se sintió invitado a la fiesta”, -ironiza Maluquer-: “La expansión de la construcción no conoció freno”; “El país acumuló una enorme deuda privada durante los años de bonanza (...) con la deuda pública alcanzaría alrededor de 3.1 billones de euros, tres veces el PIB anual. Mas de dos terceras partes de esa cifra, es deuda externa”, -concluye-.
¿Todo el mundo pensaba lo mismo? Maluquer y los demás autores del libro creen que los discrepantes fueron ignorados o se prescindió de su opinión. Esa fue la mía, que consta en los Diarios de Sesiones del Senado entre 1996 y 2004, y en diversos artículos que escribí antes de 2007, que sólo sirvieron para que ciertos guardianes de la verdad oficial me echaran broncas.
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Consejero de Estado-Historiador.
JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.
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