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La muerte de Giulio Andreotti

martes 07 de mayo de 2013, 00:32h
Ha muerto en Roma Giulio Andreotti, una de las figuras centrales del sistema político italiano de la posguerra hasta los años noventa, cuando estalló el escándalo de Tangentopoli. En estos años Andreotti ha sido siete veces primer ministro y ha participado en 33 gobiernos como ministro, encarnando, sin duda alguna, una figura clave de la política italiana. El senador vitalicio ha estado en las esferas del poder italiano muchos años, convirtiéndose en el estadista más longevo de la historia republicana italiana. Fue miembro de la Asamblea Constituyente, senador vitalicio y uno de los principales exponentes de la Democracia Cristiana.

Durante los años de la Guerra Fría, Andreotti mostró su habilidad diplomática y su capacidad de mantener al país en una privilegiada posición para el mantenimiento del status quo mundial. Su profundo conocimiento de los equilibrios geopolíticos le valió la comparativa con Henry Kissinger. En los años setenta y ochenta, no desdeñó el compromiso o el contubernio, la conspiración o la mediación, mostrándose dispuesto a todo para evitar el sorpasso del Partido Comunista italiano. El político italiano ha convivido –y sobrevivido- a diferentes regímenes políticos (la monarquía, el fascismo, la primera y la segunda República), a siete papas y a seis procesos por mafia. Amigo de la jerarquía católica (tanto que fue definido “secretario de Estado Vaticano permanente”), culto y de una extraordinaria memoria, Andreotti ha influido marcadamente en la política italiana, siendo protagonista, responsable y/o víctima de los grandes secretos de la Primera República italiana.

Figura carismática y enigmática a la vez, Andreotti dividía a los italianos entre aquellos que le odiaban –y fundamentalmente le temían- y los que le admiraban –y posiblemente le envidiaban. Aunque siempre resulta difícil formular juicios compartidos sobre figuras políticas de este nivel, se le debe reconocer “finezza” y sarcasmo, olfato político y profundo conocimiento de la realidad italiana. El “Divo” o “Belcebú” (en palabras de su aliado político, Bettino Craxi) fue un político sagaz y sutil, lucido y de extrema destreza, maquiavélico y diplomático. Sin su figura no se puede comprender la política italiana desde el desembarco norteamericano en Sicilia hasta el inicio del berlusconismo: la vida política de Andreotti es el espejo de la historia italiana de estos años. Una historia controvertida, que presenta misterios y sorpresas, éxitos y contradicciones como el mismo personaje, difícil de comprender o encasillar. Andreotti y la política italiana de la segunda mitad del siglo XX comparten luces y sombras: es como si estuviéramos ante una especie de “biografía de un país”, ya que el ex presidente del Gobierno fue la historia viva de la política italiana. Aunque parece prematuro cualquier tipo de juicio, no cabe duda que Andreotti será recordado por su habilidad política, su cinismo e ironía. En estos tiempos de crisis de la Unión Europea y creciente sentimiento anti-alemán, probablemente con su habitual causticidad repetiría su célebre frase: “amo tanto a Alemania que la prefería cuando eran dos”.
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