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Amargo aniversario de Hollande

miércoles 08 de mayo de 2013, 00:25h
Se cumple un año de la llegada de François Hollande al Elíseo y el tiempo transcurrido en el ejercicio del poder demuestra que el presidente francés ha sido víctima de su propia propaganda política. Erróneos diagnósticos de los males que aquejan al país, propuestas inaplicables en la realidad, descalificaciones demagógicas del adversario, lemas de pancarta y promesas fáciles, engrasaron una maquinaria propagandística que caló eficazmente en el electorado.

Ahora la realidad le pasa una dura factura. El discurso político de Hollande se basó en una crítica a la austeridad, haciéndola incompatible con el crecimiento. Los hechos obligaron muy pronto al nuevo inquilino del Elíseo a suscribir el Tratado Europeo de Estabilidad y asumir un calendario de recortes. Meses después, la falta de determinación en esta línea ha sumido a Francia en una clara caída de la competitividad, en un endeudamiento masivo y en una preocupante recesión económica que ha activado todas las alarmas. A la contradicción con sus promesas, se le suma la impericia o la indeterminación para gestionar con eficacia el nuevo rumbo.

La prueba de que el incumplimiento de las promesas electorales acaba suponiendo, antes o después, un alto coste para un líder político la encontramos en la decisión del mandatario galo de intervenir en Mali. La acción militar francesa en el país africano era necesaria y ha resultado claramente positiva desde cualquier perspectiva que se la examine. Pero las críticas demagógicas de Hollande a Sarkozy por el derrocamiento de Gadafi, provocaron un fácil pacifismo propagandístico que ahora se vuelve en su contra cuando ha tenido la obligación de actuar.

No explicar a la población los retos que hay que afrontar y difundir edulcoradas recetas inviables de aplicar, solo puede desembocar en un incremento innecesario de la frustración, en vez de agrupar esfuerzos para enfrentarse a situaciones críticas.

Ahora el socialismo francés se ha embarcado en culpar de estos incumplimientos e inconsecuencias a la política europea de Alemania. Evitando la autocrítica y buscando un responsable exterior, la demagogia a la izquierda de Hollande se robustece y le sobrepasa, incrementando de paso la frustración. Una estrategia que en última instancia tiene escaso recorrido histórico. El aniversario de François Hollande resulta por ello indiscutiblemente amargo. Tras las expectativas creadas, en un solo año ha logrado ser el jefe de Estado más impopular de la V República francesa.
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