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Credibilidad y política

Javier Zamora Bonilla
martes 14 de mayo de 2013, 20:25h
Los últimos estudios del Centro de Investigaciones Sociológicas y de diversas consultorías que trabajan para medios de comunicación como El País, El Mundo y la Cadena Ser, entre otros, confirman la creciente separación entre los ciudadanos y los grandes partidos que se viene produciendo desde hace años. Aun así, el PSOE y el PP mantienen la fidelidad de un elevado porcentaje de ciudadanos, que les otorgarían su voto si hubiese elecciones en este momento, aunque a cualquiera de ellos le sería muy difícil gobernar en solitario. No olvidemos que la democracia es, entre otras cosas, un juego de mayorías y que PP y PSOE siguen siendo los partidos que mejor representan a la ciudadanía española. La gestión de la crisis económica y social por el actual gobierno de Rajoy y por el anterior de Zapatero ha hecho que muchos ciudadanos que votaron a estos partidos en elecciones anteriores ahora se decanten por la abstención o por el voto en blanco –ambos suben exponencialmente– o por votar a otros partidos como UPyD o IU, los cuales crecen muchísimo aunque ninguno, por el momento, podría discutir a PP o PSOE ser el segundo partido en las Cortes.

Estas encuestas muestran la intención de voto en un momento fijo y son útiles para ver las tendencias electorales, pero hay que tener cuidado al interpretarlas porque las elecciones generales están a más de dos años vista. Si éstas estuvieran más próximas, es muy posible que el porcentaje de quienes dicen que se abstendrían o que votarían en blanco variaría y el voto se definiría más hacia una u otra fuerza política. Conviene tener este matiz en cuenta, pero no por ello obviar lo que las encuestas están señalando: que es muy posible que en el Congreso de los Diputados que salga de las próximas elecciones nadie obtenga mayoría absoluta e incluso que PP y PSOE estén lejos de la misma al tiempo que otras fuerzas políticas crezcan, especialmente UPyD e IU. No es descartable que aparezca también algún otro partido que se llevase un porcentaje de votos considerable si consiguiese conectar con la sensibilidad crítica de la sociedad española.

Aunque el desgaste de los partidos nacionalistas que actualmente gobiernan en sus comunidades autónomas o que gobernaron en la pasada legislatura es también evidente en las encuestas, aunque de forma distinta según los casos, no está tan claro ahora mismo cómo en unas elecciones generales estos partidos sufrirían el peso de su gestión de esta situación de crisis. En el caso de Cataluña y del País Vasco influirán de forma notable otros factores como la polarización social en torno al tema de la independencia.
Aun dando por supuesto que en unas elecciones generales los partidos que han tenido o tienen responsabilidades de gobierno, sea a nivel estatal o de comunidad autónoma, no perderían tantos escaños como las encuestas indican actualmente, es seguro que los partidos mayoritarios necesitarán el apoyo de algún o algunos otros partidos para gobernar, así que conviene empezar a cultivar la olvidada política de pactos.

El problema es que los discursos de los líderes de los grandes partidos, incluyendo a los nacionalistas, suenan a hueco porque todos han incumplido sus promesas electorales. Rajoy esgrimía el otro día en el Congreso algunas cifras macroeconómicas para intentar presentar como correctas sus políticas frente a la crisis, pero la distancia entre la realidad social y el discurso del presidente era tal que muchos pensaron estar viviendo una alucinación. Rubalcaba estuvo más convincente, porque es más fácil la labor de oposición en una situación como la actual que la de gobierno, pero en el fondo, como indican las encuestas, nadie confía en que detrás del discurso del secretario general del PSOE haya verdaderas políticas que supongan una rectificación completa de los errores del actual y del anterior gobierno.

El problema del PP y del PSOE es que sus discursos no son creíbles y necesitan grandes argumentos y políticas concretas que vayan más allá de las palabras para que los ciudadanos vuelvan a confiar en ellos. Hacen falta nuevas caras y nuevas ideas, tanto en el gobierno como en la oposición. En el PSOE, Rubalcaba no parece estar decidido a dar un paso atrás. Y los otros nombres que suenan como posibles competidores en unas primarias están vinculados de tal modo a la etapa de Zapatero que será difícil que la gente les otorgue nuevamente su confianza, dado lo que la misma supone de descrédito para el socialismo según el sentir de muchos antiguos votantes. Mientras, Rajoy se ha encaramado en el dicho de “procure siempre acertalla el honrado y principal, pero si la acierta mal, defendella y no enmendalla”, le ha salido la vena conservadora y parece querer conservar hasta la sarna de la crisis. Entretanto, ni UPyD ni IU se presentan como partidos gubernamentales. Están bien, cuando lo están, en la crítica, pero no da la impresión de que sean capaces de articular las complejas políticas que hoy se necesitan a nivel nacional. Hay que confiar en que sea la propia sociedad civil la que impulse a los partidos a su reforma.

Javier Zamora Bonilla

Profesor de Historia del Pensamiento Político

JAVIER ZAMORA es licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y doctor en Derecho por la Universidad de León, ha completado su formación con estancias de investigación en el Massachusetts Institute of Technology, el Max-Planck Institut für Geschichte y el Colegio de México.

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