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Cajas de Ahorros: las modificaciones que vienen

José Eugenio Soriano García
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josesorianoelimparciales/11/11/23
jueves 16 de mayo de 2013, 20:13h
Sin duda las Cajas de Ahorros han de someterse a cambios. Por supuesto, lo exige el Memorándum de Entendimiento con la Troika (Comisión Europea, Fondo Monetario Internacional y Banco Central Europeo). Y así lo hace ahora el Gobierno con la presentación de un Anteproyecto, al que habrá que dedicar varios trabajos próximos, dada la importancia que tienen como sector y como arraigo local.

Pero ahora, en este artículo, interesa más saber por qué tenemos que cambiarlas, por qué unas Entidades que tienen más de doscientos años, tras prestar innumerables servicios a la sociedad española, ahora tienen que, prácticamente, desaparecer.

Cuando se crearon en el siglo XVIII, transformando los viejos Montes de Piedad, mediante la dotación de créditos para combatir la usura, financiándose con operaciones tontinas (de Lorenzo Tonti, entiéndase) que permitían el préstamo “a las clases menesterosas” y que con fundamento en la filantropía protestante o en la caridad católica las de la Iglesia, lograron aparecer como instrumentos públicos para lograr la inclusión financiera y combatir la pobreza de las poblaciones. Tuvieron una naturaleza tormentosa y atormentada, ya que fueron fundaciones primero, luego establecimientos públicos provinciales y municipales, también se las consideró como asociaciones mutualistas pero de interés general. En todo caso, mediante una técnica prudente de cooptación de los fundadores a través de sus patronos, y sabiéndose entidades de carácter regional como mucho, no jugaron a ser bancos, sino se limitaron a la pequeña cuenta de ahorro, la famosa “cartilla”, con operaciones sencillas, nunca complicadas, al servicio de población a veces incluso analfabeta pero que confiaba en “su” caja, en su director, en la proximidad y cercanía de quien siempre había estado allí, en su pueblo, y solo allí tendría una ventanilla amable en la que el crédito se concedía por razones que tenían poco que ver con las matemáticas financieras y mucho que ver con el conocimiento vecinal. Había una cultura propia de la caja, en la que su condición de entidad financiera explicaba muy poco frente a su característica de entidad de crédito y, sobre todo, de su devolución al pueblo correspondiente mediante el “dividendo social” que representaba la Obra Social. Obra Social que ha sido el ejemplo mismo, muy adelantado en el tiempo, de lo que ahora, pomposamente, se llama “Responsabilidad Social Corporativa” y que ha dado oportunidades educativas, culturales y sociales inimaginables sin ellas.

Y esto duró así hasta nuestra moderna democracia. Con el Decreto Fuentes Quintana de 1977 y la posterior Ley Orgánica de las Cajas de Ahorros de mediados de los ochenta, unido a una confusa jurisprudencia constitucional, las Cajas se travistieron y quisieron ser Cajas y Bancos. Frente a la tradicional cultura de las Cajas, entraron a convertirlas en Bancos los de siempre, esto es, políticos y sindicatos. Y se apropiaron de ellas.
Comenzaron por dar créditos a quienes le indicaban sus jefes políticos, además de vivir como nadie (coches oficiales, tarjetas de crédito, viajes con sus parejas por todo el mundo, regalos, créditos blandos para ellos y sus amigos…) Vamos, lo típico de los políticos de por aquí, a los que se sumaron los sindicatos con iguales prebendas. Muchos que no sabían lo que era el activo y el pasivo, pasaban a formar parte de sus Consejos de Administración con dietas sabrosísimas y poder enorme.

Mientras, el Banco de España, abdicando de su tradicional autoridad y potestad, caía también en manos de políticos. Y así, no hicieron caso a los avisos de los inspectores, rebajaron también el nivel de la inspección que ya no fue “in situ” de forma permanente sino a distancia y con papeles que todo lo soportan y, de esta manera, se embarcaron con codicia, ambición y corrupción en dejar de ser Cajas.
El resultado está a la vista: la quiebra de prácticamente todas ellas. Conste que no del sector financiero, porque ningún banco español, ni uno solo, ha pedido ni un euro de ayuda. Todo ha ido para las Cajas y sus políticos. Éstos apandadores son los que han robado a toda la sociedad sus Cajas.

La lección es evidente: hay que huir de los políticos, que dan miedo en cuanto abordan cualquier tema que no sea el propiamente suyo. Felices andan ellos conque no nos hayan intervenido. Porque si nos intervienen, gran parte de sus corruptelas y corrupciones se acabarían sabiendo y acabando.

Pero en fin. Ahora toca ir hablando, en sucesivas entregas también, de lo que va a suceder con las Cajas. O mejor dicho: con las ex Cajas. Lo iremos viendo.

José Eugenio Soriano García

Catedrático de Derecho Administrativo

JOSÉ EUGENIO SORIANO GARCÍA. Catedrático de Derecho Administrativo. Ex Vocal del Tribunal de Defensa de la Competencia. Autor de libros jurídicos.

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