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Tormenta literaria

Manuel Ramírez Jiménez
viernes 17 de mayo de 2013, 20:14h
Acaso sea la forma más idónea para describir el fenómeno de la elevada cantidad o gran número de libros que estos meses estamos conociendo. Lo de tormenta alude a la forma de aparición, sin entrar en el campo valorativo. Muchos personajes o meros conocidos mediáticos, que parecen poseídos de una suerte de obligación más o menos moral para contarnos sus vidas o las peripecias vividas. La consecuencia es la imagen de escaparates plenos de las memorias de fulanos o menganos, las más de las veces autoinvitados a la narración de menesteres ya por otros abordados.

El fenómeno tiene lejanos precedentes. Diríamos, salvado mucho que salvar, que algo con algún parecido ocurrió cuando, tras el Descubrimiento, se abren nuevas rutas y el comercio entre ambas partes de los países afectados en sus geografías vivió el proceso. Sabido es que, en aquellas ocasiones, Gran Bretaña resultó ganadora. Allá marchó y fructificó gran parte de la plata. La Madre Patria, por lo demás fuertemente adicta a la mera acumulación de los metales, actuó sin la pertinente conversión en monedas de cambio, como pronto hizo Alemania. La versión del tráfico no llega a quienes únicamente piensan en la acumulación de “los tesoros”. Es para desaconsejar este lastre y castigar la inflación para lo que ven la luz los primeros libros de Memorias y Consejos, que no tuvieron mucho éxito en los cortejos hispanos, pero abrieron el camino.

Como se ve, los acontecimientos marcaron las rutas, con aportaciones de cierto valor que llegan hasta nuestra última guerra civil o a los análisis sobre la posterior transición a la democracia. Pero, casi siempre, con alguna novedad. Sin olvidar a los hispanistas, incansables en el menester y por otros silenciados.

Ocurre que, salvo algunas pequeñas piezas estudiando el fenómeno de la actual crisis económica, lo demás se nos antoja de escaso valor. Incluso las formas de presentación están llegando a constituir semejanzas con parciales tomaduras de pelo: se anuncia una entrevista “atractiva” y el resultado es la presentación del correspondiente librito, a ser posible dedicado.

Pasará la tormenta sin duda. Y vendrá el momento del balance de lo empleado en libros las más de las veces bien colocaditos en vistosas vitrinas, entre las cuales es sabido que no se encuentra la previa y sosegada lectura. Todo lo más, la repetida fórmula de dedicatoria. ¡Qué le vamos a hacer si, además, están los datos de las encuestas!

Manuel Ramírez Jiménez

Catedrático de Derecho Político

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