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Jose Mourinho y cristiano ronaldo acabaron el partido expulsados

El Atlético de Madrid gana la Copa del Rey y rompe la mala racha de 14 años sin ganar al eterno rival

sábado 18 de mayo de 2013, 00:15h
Actualizado el: 31/07/2015 06:21h
El derbi más importante de los últimos años se saldó con la anhelada victoria colchonera en la prórroga. El gol de Miranda en el arranque del tiempo extra y la sensacional actuación de Courtois desnivelaron la final. Simeone ganó la partida a Mourinho, que fue expulsado en el segundo tiempo. Ronaldo, que anotó el primer gol del partido, también vio la roja en una conclusión madridista para el olvido. Por Diego García. Estadio Santiago Bernabéu.


El Santiago Bernabéu se engalanó con un espectáculo de colorido y estruendo distribuido en proporciones similares en cada fondo para acoger la final de la Copa del Rey 2012-13, un partido que, amén de poner en disputa el último título del calendario español, medía la tradicional rivalidad capitalina con el aliño que la presumible salida de Mourinho de la casa madridista y la sed de venganza colchonera por 14 años de sonrojo añadían al enfrentamiento. Como si el mero hecho de ganar el trofeo de Su Majestad no resultara suficiente, en el césped del coliseo del paseo de la Castellana se combatía por sanar heridas internas.

Diego Pablo Simeone anunció en la comparecencia de prensa previa su once inicial y el tipo de partido que esperaba contemplar, su hoja de ruta para asaltar el Bernabéu. Courtois defendería la meta y a partir de esa pieza todo debía ser intensidad, velocidad -“queremos un partido rápido”, dijo-, reducir los errores al mínimo y potenciar la pegada de su delantera latinomaericana. Para lograr su objetivo, el “Cholo” dispuso un centro del campo rocoso, que otorgara equilibrio y trabajo para cortar las líneas de pase madridistas con Gabi, Mario y Koke. Los carrileros Juanfran y Filipe debían contener, en primer lugar, y llegar hasta la zona ofensiva con el paso de los minutos. El crecimiento del equipo colchonero debía llegar a través de las transiciones rápidas producto del robo de la pelota en la salida del Madrid.

Jose Mourinho, ausente en la previa del derbi copero, respondió a la apuesta de su rival argentino anteponiendo el orden a la velocidad ofensiva. Di Maríase quedaba en el banquillo en pos de lograr un mayor control de la posesión y frenar el presumible ritmo elevado del Atlético. Modric, Khedira y Xabi Alonso formaban el triple pivote para cortar y surtir de balones al tridente creativo formado por Özil, Ronaldo y Benzema. La duda defensiva se resolvió en favor de Raúl Albiol, que ganaba la partida a Carvalho por potencia y altura, dos elementos básicos para contener a Diego Costa y Falcao. La disciplina interna se impuso a los intereses deportivos y Pepe no salió de inicio y vio el partido desde la grada. Essien debía contener el desequilibrio del artista turco Arda Turán. El guión local ofrecía la necesidad de controlar el ritmo del partido con posesiones de balón y aprovechar la efectividad en punta, arrinconando en un primer momento el arma del contraataque.

Con una predecible tensa batalla en las adelantadas líneas de presión arrancó el choque. Los onces iniciales denotaban más respeto del esperado y el juego de subir y bajar la intensidad definiría los primeros golpes ofensivos. Los colchoneros empezaron la final cerrando espacios en su cancha y los madridistas presionaron todo el campo desde el inicio. Ambos equipos querían tener la pelota y la batalla en el centro del campo estaba servida.

Ronaldo abrió el fuego en el 4 tras ganarse un poco de espacio en la frontal colchonera pero Courtois detuvo su intento. El Madrid se sentía más cómodo con la pelota y e Atlético se limitaba a sacar balones fuera en el primer arreón local. El bloque rojiblanco no conseguía salir aunque inquietó la meta de Diego López con un centro lateral de Koke. La premisa de no descolocarse y después crecer con la pelota seguía vigente en ambos bandos.

Pero Ronaldo no quiso esperar a que el guión quemara las etapas establecidas y cabeceó a la red un córner lanzado por Özil en el 13. Ganó la partida con claridad a Godín en el salto y la puso en el palo más alejado del meta colchonero, que no pudo hacer nada. El Madrid se sentía cómodo con la pelota y su puntería desequilibraba la final en el primer cuarto de hora. El Atlético, bien ordenado, trató de esperar su momento para crecer, pero un error de Mario Suárez lanzó la contra que generó el primer gol. “Minimizar los errores” decía Simeone en la previa.

El equipo de la ribera del Manzanares trató de reaccionar adelantando la línea de presión y Gabi pudo empatar con un chut desde la frontal que se fue por encima de la meta madridista. El Atlético debía ahora tener la posesión y tratar de frenar la plácida posesión merengue. Ciertamente, el Real Madrid bajó las pulsaciones y transformó su presión en cierre de espacios para salir volando a la contra. Entregaba el balón al rival de manera descarada. Calcaba la idea de partido que le permitió ganar en el Calderón hace un mes. Los pupilos de Mourinho jugaban en largo pero el equipo visitante tan solo generaba peligro a balón parado, con la llegada de Filipe, por la izquierda, y Diego Costa, por la derecha, aunque el repliegue madridista permitía que la figura de Arda entre líneas creciera poco a poco.

En pleno dominio rojiblanco, Falcao recibió en el centro del campo, de espaldas, tumbó a Albiol -en un error de concepción del central valenciano-, que dejó un hueco a su espalda para que Diego Costa se desmarcara entre Ramos y Essien, recibiera un balón en profundidad de Koke y batiera a Diego López en su salida. Corría el minuto 35. Dos errores, dos goles. Así de caro resultaba cometer un fallo en esta final madrileña de la Copa del Rey.

Con el partido empatado regresó el guión inicial. El Madrid combinaba sin demasiada profundidad y ritmo y el Atlético se lanzaba a la contra. Los últimos cinco minutos del primer acto se cerraron con el esquema expresado, un disparo demasiado cruzado de Modric desde la frontal y un tiro al poste de Özil desde el mismo lugar. El descanso paro el partido con las espadas en alto. El respeto al rival y la efectividad goleadora imponían su ley.

Se reanudo el partido con el Madrid acumulando minutos de posesión de balón ante un Atlético encerrado. El ritmo volvía a ser lento, sin apenas verticalidad. Este sí era el papel preferido por el equipo rojiblanco, encantado en el rol de contragolpeador con Arda Turan como director de orquesta. No en vano, Filipe abrió el segundo acto con un chut raso provocado por una transición rápida. Simeone inyectó intensidad a sus jugadores y el equipo creció en confianza defensiva y ofensiva.

Un error de Coentrao en la marca a Koke provocó un desajuste que a punto estuvo de generar el tercer gol del partido. Arda abrió a Juanfran y este centró para que Filipe ejecutara una volea que lamió el poste de Diego López. El Madrid no había arrancado el segundo acto con la tensión necesaria pero una escapada de Ronaldo por banda con remate al poste de Benzema y posterior intentona de Özil -en el minuto 59- recordó a los visitantes que el peligro madridista no necesita llegar a través del juego elaborado.

El esquema de Mourinho comenzaba a partirse con los tres delanteros arriba y el resto del equipo en su campo. Esto generaba espacios y el Atlético arrancó varias faltas laterales peligrosas para la meta local. Definitivamente, el arranque merengue no había sido bueno. Pero en este tipo de situaciones se encuentra a gusto un club de la tradicional pegada madridista. Ronaldo lanzó una falta al borde del área al poste tras engañar a la barrera. Otro aviso. El Atlético no podía rebajar su tensión defensiva.

Entonces el partido entró en una fase tosca, en la que las combinaciones brillaban por su ausencia y ambos equipos se repartieron las amarillas -Khedira, Özil, Ramos y Diego Costa-. La tensión de las escaramuzas subió y Mourinho acabó expulsado en el 76. El último cuarto de hora llegaba con el luso fuera de juego y ningún entrenador había realizado todavía cambio alguno aunque algunos jugadores estaban generando espacios por su cansancio.

Llegaron los últimos 10 minutos con el Madrid decidido a dominar el juego y el Atlético tratando de meter miedo en transiciones dirigidas con lucidez por Gabi y Turan. Los colchoneros tenían el partido donde querían, afrontando la última recta de tú a tú, tras aguantar y crecer en el partido. Los madridistas dieron el paso al frente necesitados de ganar antes de llegar a la prórroga. Pero faltaban ideas y sobraba precipitación. Y con el Atlético encerrando al Madrid a golpe de saque de esquina se extinguían los 90 minutos. El derbi más igualado que se recuerda concluyó en empate a uno. Ahora debían jugar para ganar la Copa del Rey. Un final digno de lo que había en juego.

Arrancó la prórroga con triple cambio en el Madrid. Di María, Higuaín y Arbeloa entraban por Modric, Benzema y Coentrao. Aire fresco desde el primer instante. El “Cholo” prefirió guardar sus cambios ante posibles contratiempos. Los últimos 30 minutos de la final empezaron con el Madrid tratando de dominar la posesión y el Atlético, esta vez sí, presionando muy arriba. No en vano, la primera llegada se gestó con un robo y escapada por la derecha de Costa, cuyo centro no encontró a Falcao.

A los 4 minutos de tiempo extra, Diego Costa silenció el estadio. Se desmarcó con astucia y encaró a Diego López. El meta gallego atajó la intentona del brasileño salvando un golpe que se antojaba definitivo. Pero el “Cholo” había vuelto a activar la intensidad de su equipo y Essien salvó “in extremis” a su equipo confirmando el golpe encima de la mesa del Atlético.


El cabezazo certero de Miranda en el primer palo de un saque de esquina confirmó que Simeone habría trazado el plan perfecto. El Atlético ganaba la Copa en el Bernabéu y rompía la nefasta racha de 14 años sin ganar a su íntimo enemigo. Mourinho, que se la jugó con el triple cambio buscando un cambio de actitud, estaba en la grada. No en vano, las llegadas al área madridista llegaban en forma de tormenta ante un Madrid partido. Falcao culminó este arranque ganador colchonero con un lanzamiento de falta que rozó el larguero rojiblanco.

Xabi Alonso trató de desperezar a los suyos subiendo su posición y llegando para chutar desviado desde la frontal visitante. Entonces Higuaín se encontró un balón suelto, como caído del cielo. Pero se empequeñeció ante el gigante Courtois y falló el mano a mano. Una ocasión inesperada y valiosa que el “Pipa” estrellaba en las piernas del portero colchonero con un disparo al centro de la portería. El Madrid necesitaba más que nunca su cacareada pegada.

Simeone, perro viejo, empezó el carrusel de cambios para romper el ritmo a la reacción merengue. Diego Costa, brillante en la prórroga, dejó su sitio a Adrián y concluyeron los primeros 15 minutos. El “Cholo” arengaba a los suyos en busca del último sprint hacia la gloria. Mourinho lo veía todo desde la barrera.

El Madrid comprobaba como esa especie de maldición le privaba, una vez más, de ganar la Copa en su estadio y, lo que es peor aún, a costa de romper su racha de imbatibilidad ante su rival capitalino. Necesitado de un gol, el bloque madridista arrancó con mayor ritmo. Con Özil en una banda y Di María en la otra, la velocidad debía ser el elemento principal. El Atlético, por su parte, debía agazaparse y cuidar el balón en cada ocasión que robara la pelota.

Justamente de esa velocidad en los extremos nació una ocasión clarísima para el Madrid. Ronaldo vió el desmarque de Di María, el argentino apuró hasta la línea de fondo y centró a Özil que llegaba solo en el segundo palo. El alemán estrelló su remate en el cuerpo de un inconmensurable Courtois, que comenzaba a erigirse en el mejor jugador de la final.

Simeone volvió a anestesiar el ritmo merengue agotando los cambios. Arda Turán cedió su puesto al “Cebolla” Rodríguez y Koke a Raúl García, a falta de 10 minutos para la conclusión del partido. El desenlace de la final arribó con acciones muy aceleradas y el bloque colchonero cortando el ritmo de forma continua. El punto de inflexión llegó con la desconexión de Ronaldo, que vio la roja en un lance intrascendente con Gabi, al que ejecutó una patada de karate en la cara. Así agonizó la final y el ciclo de Jose Mourinho en el Madrid. Dos expulsados y una final perdida en casa. El equipo local se despidió protestando cada acción con su entrenador y estrella expulsados.

Un deselace para el olvido. La grada rojiblanca festejó el gran partido de su equipo, que supo competir mejor y desquició a su eterno rival, al que tumba 14 años después, en el infausto ocaso de la experiencia del Special One. El “Cholo” mantiene su magia y refuerza la apuesta de su directiva. El “efecto Simeone” se mantiene vigente. Este viernes vibrará Neptuno.
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