La crisis venezolana
martes 21 de mayo de 2013, 20:15h
La estrategia post electoral de Maduro se puede sintetizar en moderación económica y represión política. El “pragmatismo” del nuevo Ministro de Finanzas Merentes y la promesa de una “flexibilización” en la entrega de divisas, el diálogo con los empresarios, el anuncio de Ramirez que PDVSA cancelará deudas y fomentará la participación privada nacional en el negocio petrolero, tienen como objetivo primordial paliar la seria crisis socioeconómica que se avecina. En particular, decenas de miles de pequeñas y medianas empresas, por falta de divisas e insumos, dentro de pocos meses podrían estar obligadas a cerrar sus puertas incrementando enormemente el desempleo. Pero, la moderación económica tiene también el objetivo de fomentar la división entre el sector económico y el político de la oposición. La represión política, con la violencia en contra de los parlamentarios opositores y el desconocimiento de sus derechos, el terrorismo judicial y los militares en las calles, busca intimidar a la Unidad y a los medios independientes.
Sin embargo, la debilidad del liderazgo de Maduro, quien es visto en el oficialismo como un perdedor, por el descalabro electoral, se refleja en la continuada presencia del neocomunista Ministro de Planificación Giordani, que, evidentemente, está tratando de “serrucharle el piso” a Merentes. Con la debilidad de Maduro, el enfrentamiento interno, la relevante escasez de divisas, la incompetencia y la corrupción generalizada, el gobierno difícilmente podrá enfrentar con éxito la crisis socioeconómica.
La estrategia primordialmente, pero no sólo, electoral de la Unidad Democrática, ha sido un éxito evidente. El oficialismo bajó, en los cómputos oficiales, del 63% del 2006 al 50% del 2013, mientras el voto opositor subió del 37% al 50%, en el marco de un descarado ventajismo oficial y sus ilegalidades y abusos conocidos. Abstención y no participación son estériles y deletéreas. Hay que aprovechar todos los espacios que permite este régimen híbrido, que la ciencia política contemporánea califica como “semiautoritarismo” o autoritarismo electoral (o plebiscitario).
La historia también lo demuestra. En la Italia de 1924, el diputado opositor Matteotti fue asesinado por unos matones fascistas. Durante la subsiguiente crisis política, la oposición, dirigida por el líder del Partido Liberal Giovanni Améndola (primo hermano de mi abuelo materno) decidió, como una condena moral, retirarse del Parlamento y reunirse en un palacio de una colina de Roma, el Aventino. Mussolini, aprovechando la ausencia de la oposición pasó todas las leyes que requería para acabar con lo que quedaba del sistema democrático. Améndola murió, a consecuencia de una golpiza que le propinó otra “squadra fascista”. Améndola es un mártir del antifascismo y, en el plano moral, es digno del más alto respeto, sin embargo el retiro de la oposición del Parlamento y, en general, de las instituciones políticas, el “Aventino”, como se le conoce en la historiografía italiana, es considerado como un gravísimo error de apreciación política, que facilitó la consolidación definitiva de la dictadura de Mussolini.
Maduro, “por ahora”, es un presidente legal, pero no legítimo. El tiempo inexorable trabaja, por un lado a favor del gobierno, porque es natural que la gente quiera regresar a la vida normal sin la zozobra de la crisis política, pero por otro es favorable a la oposición porque el gobierno está empezando a pagar muy caro socioeconómicamente la ceguera ideológica, las ideas muertas y la ineficiencia de los últimos 14 años. Quizás la providencia le dio a Capriles lo mejor posible, en estas circunstancias: la victoria electoral legítima, pero evitándole tener que gobernar en el marco del desastre que el chavismo ha creado.
Quisiera terminar esta nota con una sugerencia para la Unidad. Considero conveniente una “ofensiva” interna, pero sobre todo externa, para solicitar la elección de un nuevo Concejo Nacional Electoral (CNE) equilibrado, aceptable para ambas partes del escenario político venezolano , de acuerdo a la voluntad del constituyente, que estableció la elección del CNE por las dos terceras partes de la Asamblea. Muchos gobiernos y, particularmente, los parlamentarios democráticos en la comunidad internacional no entenderían un rechazo del gobierno Maduro en no acceder a la solicitud. Por tanto, si se lograra el objetivo de un CNE equilibrado, se abrirían varias posibles soluciones al actual “callejón sin salida” en el cual nos encontramos: 1) Repetición de las elecciones presidenciales en las mesas con impugnadas por Capriles; 2) Constituyente etc. Si, en cambio, Maduro rechaza la solicitud pagaría un costo político sumamente alto, interna y sobretodo externamente. Para la Unidad es una estrategia ganar-ganar.