Alemania es un país que ha hecho muchas reformas. Las ha hecho durante mucho tiempo, y en un momento dulce, cuando la economía europea, como la mundial, iba bien. Ahora, cuando llega el desplome, apenas le ha afectado a Alemania. Es más, aquélla economía crece, y el capital allí se encuentra con un problema muy característico: la escasez de mano de obra.
Pero la mano de obra no se contrata al peso. El capital necesita empleo a su vez con capital. Porque, como dicen los economistas austríacos, los únicos que tienen una teoría del capital, los bienes intermedios son relativamente específicos, y necesita complementariedad con otros bienes de equipo. El trabajo también tiene que ser complementario: tiene que contar con la formación necesaria como para hacer un uso adecuado de esos bienes. Y, además, tiene que contar con el conocimiento y el entendimiento necesario para adaptar aquéllos bienes a circunstancias cambiantes y sacar de los mismos el mayor provecho.
De modo que lo que necesita Alemania es empleo… cualificado. En España lo hay. No abunda, porque aquí hemos fracasado en hacer de la Formación Profesional algo más útil y prestigioso de lo que es. La ministra alemana ha señalado que la mitad de las patentes que se producen en aquél país proceden de su FP. Pero, además, en España tenemos otro problema: No hablamos más que el español. Es cierto que eso está cambiando, pero en una generación que todavía no es la que tiene las cualificaciones que pide Europa ni es la que está masivamente desempleada.
Pero merece la pena el esfuerzo. Merece la pena si ese español tiene una formación que aportar, si está dispuesto a aprender idiomas (las academias de alemán no dan abasto), si está preparado para vivir en otro país, y adquirir algo más que una experiencia profesional. Los alemanes, sencillamente, ganan más. De hecho, ganan bastante más. De media, su sueldo es un 50 por ciento superior al español, un 49,9 por ciento, en concreto. El sueldo medio en España es de 1.615 euros, y en Alemania, 2.421.
Son
datos del Monitor de Oportunidades y Satisfacción del Empleo, de Adecco. El sueldo bruto medio europeo es de 1.936 euros al mes, y el español es un 16,6 por ciento inferior, de 1.615. Eso quiere decir que un europeo medio cobra todos los meses 321 euros más que un español medio, en sueldo bruto. Son datos de 2010, pero en dos años y medio la diferencia no será muy distinta.
El sueldo medio en Luxemburgo supera los 3.000 euros (3.079), y en Dinamarca y Noruega supera los 3.500 (3.572 y 3.644, respectivamente). España está en una posición algo extraña, intermedia entre tres países que apenas superan los 1.000 euros (Portugal con 1.078, Malta con 1.163 y Eslovenia con 1.207) y tres países que rondan los 2.000, como son Italia (1.898), Austria (2.056), y Francia (2.130). Sólo nos acompaña Chipre (1.657); o nos acompañaba, porque tras su crisis, el sueldo medio va a caer significativamente.
Otras conclusiones del informe de Adecco son las mismas, no podría ser de otro modo, que las que muestran otros informes sobre el mismo asunto: Ganan más quienes trabajan en empresas más grandes, se generan mayores sueldos en la industria, y los sectores estrella son el gas y la electricidad, el sector financiero, o las industrias extractivas. Las Administraciones Públicas pagan por encima de la media y, por tanto, por encima del sector privado.