Casualmente o no, al PP se le ha abierto este jueves otro frente, que se une a los que lleva sufriendo durante lo que va de semana, es decir, las críticas que Aznar hizo el martes en la entrevista que concedió a Antena 3 a la gestión de Mariano Rajoy como presidente del Gobierno y las declaraciones que dirigentes del PP han efectuado como testigos ante el juez de la Audiencia Nacional Pablo Ruz, que investiga los “papeles de Bárcenas”, y en las que han reconocido el cobro de sobresueldos, indemnizaciones o préstamos por parte de ese partido.
Para terminar de liarla, el portal de noticias
infolibre.es publicaba en la mañana de este jueves que Miguel Blesa ingresó 594.000 euros del PP durante su etapa como presidente de Caja Madrid entre 1999 y 2006. Es decir, que la persona que fue encarcelada la pasada semana por las presuntas irregularidades cometidas durante su gestión al frente esa entidad, que salió de prisión tras pagar una fianza de 2,5 millones de euros, que tuvo el reconocimiento público de la amistad de Aznar, también recibió del PP casi cien millones de las antiguas pesetas.
Son esas casualidades de la vida, señalan los analistas políticos consultados por este diario, “porque si esto se sabía antes y si es verdad por qué no se filtró antes. Parece que alguien tiene munición para ir desgastando poco a poco al PP, al menos mediáticamente y ante la opinión pública, utilizando esas balas según la coyuntura”.
El Partido Popular, en este caso, ha salido rápidamente al paso de esta información, asegurando en un comunicado que en su contabilidad sólo existe un pago a Blesa por valor de 9.000 euros en 1994 por un “trabajo de asesoría profesional”. Eso sí, señalan las fuentes consultadas, la explicación dada por el PP es cuanto menos farragosa y complicada de entender. En su nota señala que en 1994 se abrió un apunte contable por esos 9.000 euros a nombre de Blesa con el número 410069, y a partir de ahí, por error se fueron anotando ahí saldos de distintos acreedores de todas las sedes del PP de España, algo que por cierto es legal, según han afirmado economistas a este diario.
Dejando de lado todas estas “casualidades”, hay un hecho cierto que preocupa sobremanera a los servicios de inteligencia y las Fuerzas de Seguridad, el cambio de estrategia del terrorismo islamista. Las fuentes consultadas por “El Imparcial” subrayan que los atentados de Boston y el asesinato ayer en Londres, en plena calle y a machetazo pleno, de un soldado británico demuestran que los grandes atentados como el 11-S o el 11-M ya no entran, en estos momentos, en los planes de los terroristas.
En este sentido, señalan los mismos medios, las medidas de seguridad adoptadas tras esos crímenes provocaron la desarticulación de numerosas redes organizadas por Al Qaeda en diferentes países. “Y de lo que no cabe duda, como se ha podido comprobar en Irak o Afganistán, que los terroristas y la insurgencia tienen una gran capacidad para adaptarse a las situaciones y modificar su comportamiento”. Y aquí radica el problema, una vez que se han dado cuenta que su gran entramado criminal está en muy buena parte controlado por los servicios de inteligencia y las policías internacionales, han dado un giro de 180 grados y han tomado un camino “mucho más complicado de combatir, el de los lobos solitarios”.
Es decir, células de una o dos personas que han estado “dormidas” y que se activan por una simple llamada telefónica o un correo electrónico con unos efectos devastadores. No por el número de víctimas mortales, sino por el miedo que pueden provocar. Ya no es estar pendiente de una mochila sin dueño, sino que la persona que se tiene al lado lleve un machete, una pistola o lo que sea. Lo que se llama el terrorismo en toda su extensión.