Una nueva oportunidad perdida
viernes 24 de mayo de 2013, 23:54h
El Gobierno ha aprobado, con mucho retraso, la llamada Ley de Emprendedores. Comprende un conjunto de medidas que, en gran parte, habían sido ya anunciadas y alguna incluso puesta en práctica, acaso porque el Ejecutivo no quería retrasar más su implantación, lo que es razonable. Pero con ello resta el efecto político que, de otro modo, podría haber buscado.
Quizás sea mejor así, pues el conjunto de medidas comprendidas en la ley no le permiten al Gobierno presumir de voluntad reformadora. No es que no sean valiosas. Hay dos aspectos especialmente destacables. Uno de ellos es la introducción del criterio de caja para el IVA, lo que libera a los empresarios afectados de la servidumbre de adelantar el pago del impuesto por facturas que no han cobrado –un esperpento totalmente injusto- y que, en ocasiones, se retrasan sine die. Pero por un lado, ese principio se limita a las empresas pequeñas y a los autónomos y, por otro, el Ejecutivo estaba obligado a hacerlo por una directiva europea. No se puede decir que haya actuado ni con audacia ni con voluntad propia.
La otra medida relevante es la creación de la figura del “emprendedor de responsabilidad limitada”. Más allá del fastidioso uso del lenguaje por las autoridades públicas, que ahora echan por la borda el término empresario como si la realidad que tratasen fuera distinta, esta medida puede ser un alivio que invite a muchos a seguir el camino de otros empresarios. Quien se acoja a ella no tendrá que responder con su vivienda a las deudas derivadas de su actividad empresarial. Si la vivienda es el único patrimonio con el que cuentan muchos españoles, es evidente que no querrán jugárselo para abrir una empresa. Más en un momento de zozobra económica como el actual. Cabe pensar que muchos de quienes preferían no abrir una empresa, temerosos de jugárselo todo, ahora sí darán un paso adelante. Una mayor facilidad para cumplir con el papeleo –que era una pesadilla, cara para mayor inri- y unas cuantas ventajas fiscales completan la ley.
Con todo, lo que se echa en falta es una visión global del empresario y de sus necesidades. No hay una reforma fiscal en condiciones, ni un plan para liberalizar los mercados, más allá del laboral. En definitiva, esta ha sido una oportunidad perdida más. Y se le están empezando a agotar.