Recuerdos de Rousseau como representante de la democracia
Simon Royo Hernandez
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siroyorocketmailcom/6/6/17
sábado 25 de mayo de 2013, 18:03h
Para nuestra bendita educación en materia de Democracia quizá nada haya mejor que recordar un poquito al gran estadista Jean Jacques Rousseau y algunas de las palabras que nos dejó en sus obras:
1) J.J. Rousseau, en su Discurso sobre Economía Política (publicado en el tomo V de la Enciclopedia en 1755), afirma que, en el buen Estado, no se admitirá el sacrificio de uno por el bien de todos (fórmula nazi de entender la primacía de lo colectivo sobre lo individual), sino que, al contrario, todos se comprometen a salir con la fuerza de lo común, en defensa de cada uno, de cualquier ciudadano necesitado.
2) La segunda parte del Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres (1754), de nuestro amigo Rousseau, comienza con las siguientes palabras: "El primero que, tras haber cercado un terreno, se le ocurrió decir esto es mío y encontró personas lo bastante simples para creerle, fue el verdadero fundador de la sociedad civil. ¡Cuántos crímenes, guerras, asesinatos, miserias y horrores no habría ahorrado al género humano quien, arrancando las estacas o rellenando la zanja, hubiera gritado a sus semejantes: ¡Guardaos de escuchar a este impostor!; estáis perdidos si olvidáis que los frutos son de todos y que la tierra no es de nadie".
3) En su Discurso sobre las ciencias y las artes (1750), recoge nuestro fundador de la democracia moderna la idea platónica del rey-filósofo; idea que será generalizada por el siglo de las luces y por la instauración de la educación pública y universal. Pues nos dice aquí: "Pero mientras el poder esté sólo a un lado, y las luces y la sabiduría solas a otro, raramente pensarán los sabios grandes cosas, más raramente aún las harán bellas los príncipes, y los pueblos continuarán siendo viles, corrompidos y desgraciados".
Quizá profundizando en el recuerdo de Rousseau se pueda combatir, radicalmente, las enfermedades letales que aquejan a la democracia desde su fundación:
a) La Hipocresia, la farsa consistente en tomar medidas políticas en nombre del amor al prójimo, de la voluntad general, del interés general, o de los Derechos Humanos, que luego terminan favoreciendo a pocos y perjudicando a muchos. La farsa de las leyes que dicen favorecer a la colectividad y perjudican a todos y cada uno de los individuos.
b) La Propiedad Privada, que entendemos aquí, en su forma moderada, como el aberrantemente desigualitario reparto de las riquezas del planeta que resulta del sistema económico capitalista.
c) La Ignorancia, la idea errónea de considerar que hay que dedicar sólo una parte de la vida a la formación, que en el mejor de los casos llega a ser universitaria, y el resto de la existencia a la producción. Sin cumplir con el deber de estar informados para poder ejercer conscientemente el derecho al sufragio universal.
El Filósofo era un hombre, que no un santo ni un dios, pero su obra está llena de indicaciones del camino correcto y de lamentos por haberse tomado caminos incorrectos. No encontraremos solución a los problemas en ningún bebedizo esotérico o libro individualista de autoayuda y de lectura rápida sino en los clásicos del pensamiento europeo que una y otra vez se han ido manifestando, desde muy antiguo, a favor de una sociedad democrática, autosuficiente, solidaria y efectiva. Yéndonos un poco lejos también pudiéramos recordar el comunismo platónico. ¿Y en que consiste tal cosa? Pues en algo muy simple que Platón explicó en su República, los dirigentes han de ser los sabios, pero no pueden ser tal cosa si se envician con las ganancias crematísticas, de modo que o bien los gobernantes quedan excluidos de la propiedad privada o muy prontamente dejarán de ser sabios electos para pasar a ser tiranos.
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Profesor en la UNED y Doctor en Filosofía
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