San Isidro (3). La semana del feliz túnel del tiempo: 9 orejas
domingo 26 de mayo de 2013, 19:43h
Una corrida de los 60-70
Tras la tempestad taurina de los “victorinos” y Talavante, 24 horas después la tormenta del desierto, o del polo norte, el domingo.
Aparato eléctrico (rayos y centellas), agua a mantas, pedrisco con mala leche, frío, barro en el ruedo, toreros empapados, alguno salió ileso de la piedra de milagro, muletas pesadas, viento en las fases que el agua paraba ¡todo a la contra! Pero no. Haciendo de la necesidad virtud, ese festejo del domingo 19 nos retrotrajo a los años 60, 70 en que los toreros, tirando de amor propio y respeto al vestido de luces y al público, se entregaron (cada uno con sus armas) sin reservas. Y el presidente D. Trinidad López Pastor, también.
La oreja cortada en el 3º, epicentro del “tifón”, por Silveti –“macho”, donde los haya-, pedida por una mayoría suficiente, según estaban medio poblados los tendidos por el éxodo, y otorgada con criterio y sensibilidad por el presidente, ponía en marcha la “operación garbanzo”: duros como la roca, los garbanceros de la intifada eran derrotados por la sensibilidad de un público en general cuyo corazón se ablandó de tanta exigencia para hacer justicia al esfuerzo de la terna.
Difícil hubiera sido que de negarse esa oreja se cortaran las siguientes por parte de un Juan Bautista con muy alto nivel al natural y un Juan del Álamo extraordinario con el capote y gran concepto y disposición con la muleta, demasiado para lo poco que venía toreado.
Para todo era necesario que la corrida de Fermín Bohórquez colaborara, y se prestó. No toda, pero gran parte.
Todos felices, pasados por agua y más, pero felices. Nos habíamos quitado unos años de encima.
Un toro y un torero. Otro apunte en blanco y negro
Hubo que esperar al miércoles. Tan sólo una ráfaga, pero fue como otra estampa en sepia que nos recordaba la edad de platino del toreo (60-70, años).
Un toro bravo de Parladé (hubo más) vendiendo caro su territorio y más su muerte.
¡Un TORERO! (con mayúsculas): Iván Fandiño.
Por disposición, entrega, cabeza (se fue, en tarde ventosilla al rebufo de los papelillos, al 5) y concepto: distancia, aguante, llevarle -templado-, rematarle y dejársela para ligar. Más limpio y largo por el derecho que era pitón más claro, pero redujo las asperezas del izquierdo inasequible a poderle. El pinchazo fue a ley, pero quería oreja de las que dan y se enfrontiló, se volcó y se encunó.
Cobró una oreja importante y regó la arena de sangre de ¡TORERO!
El 2º toro de Parladé. Alegre, viniéndose de largo, repitiendo por abajo, ¡encastado! mucho. Como bravo no perdonó el agobio de cercanías ni que no tuviera salida en la estocada, tampoco cuando lo tuvo en el suelo y le infirió la cornada a Fandiño.
Y no lució más por culpa del viento y tenerlo que torear Fandiño entre las rayas en vez de los medios, terreno natural de este toro por su condición brava.
Antes se apuntó que hubo más toros en ese encierro de Parladé.
Un 4º a más, aunque al final protestó. El 5º, que debió ser 6º, noble, menos chispa, pero va y repite en medio viaje, también humillado. Un 3º con mucho poder, agresivo. Movilidad pegajosa y aprendiendo. Mirón, probón. Más de público. Complicado. Temperamento. Toro al que Daniel Luque le pegó muchos pases, como al 5º, sin decir nada toda la tarde.
El Cid, con ese 4º, lució en el toreo en redondo, y aunque al final toro y torero terminaron regañados y lo que iba para oreja quedó en ovación con saludos supuso saldar una feria decorosa para el torero de Salteras.
Un festejo de los 80-90
El viernes. Era sobre el papel la corrida de la feria. Una de esas típicas de últimos de los 90 y todo el siglo XXI. Tres figuras que ya han saboreado las mieles de abrir la ansiada PG, tres toreros en el punto de mira en sus actuaciones anteriores. En diferentes grados diana de los reventadores que fueron engullidos por una terna comprometida, una corrida para apostar –lo hicieron– y un público que no se dejó llevar de sus insidias y sí valorar lo que se desarrollaba en el ruedo y frente al toro.
Objetivo Manzanares, por encima de todo, aunque si fuere necesario, para ello, empujar a Talavante y mirar con recelo a Castella.
Pero Manzanares les cambió el paso. Si su actuación anterior la saldó con más que dignidad y una ovación saludada, la oreja cortada en su primero –encastado, con agresividad medida– ya es tocar triunfo.
Todo basado en su buen hacer con mayor o menor suficiencia (interpretable), su mayor logro en esta feria es haber conseguido pasar de los reventadores y ser él.
Cortarle las orejas a la "intifada" en Las Ventas, para figuras consolidadas, es más que cortarlas al toro y casi una PG íntima aunque no compute.
Tal actitud de confianza es lo que le hizo porfiar en el descompuesto 5º para estar mucho tiempo en la cara del toro y terminar por encima para saldar una feria en positivo que no se presumía fácil a priori.
Así, el alicantino, tendía una alfombra, desnuda de prejuicios para el gran triunfo de Talavante.
Cabeza despejada, nada rehén de la negra tarde de hace unos días, para aguantar las oleadas sin ceder su espacio, concederle en cada momento los terrenos que la irregularidad bipolar del importante toro 3º pedía. Luego de torearlo, más de emoción que de temple y construcción ortodoxa, improvisar las guindas del pastel. Lo mató de estocada y Madrid le empujó a cortar las dos orejas, asegurar la PG (su 4ª) y quitarse ambos, afición y torero, un peso de encima.
Castella, firmó lo más sólido de una buena tarde. ¡Lástima la espada!. Fue en el 4º, pues el 1º, lastimado no dio opción. Su éxito se fundamentó en su disposición de inicio, los cambiados por la espalda y "vecinos". Citar de largo para ir probando distancia, embrocar en su momento, llevarle por abajo, obligando, y ligar en series en aumentos de muletazos; abundando al natural (el redondo también). El temple y la limpieza. Los circulares de espaldas, el arrimón justo como colofón. Y su decisión en la estocada más la fe en el descabello.
Otra tarde importante del ganadero Victoriano del Río. La gran corrida de Sevilla ha sido corregida y aumentada con la de Madrid. Conjugando y conciliando que fuera corrida de aficionados -los buenos, anónimos-, de público, de toreros y, por supuesto, de ganadero. Fallaron los que tenían que fallar, los "gorditos", esos que pasaron a las 12 de la mañana para dejar en el banquillo a otros dos como los 4 primeros. Los consabidos "dodotis" de autoridad y veterinarios.
La decadente Fiesta de hoy, siglo XXI
Siempre nos quedará Perera.
Importante actuación del extremeño en la corrida del jueves. Un festejo típico de los últimos años donde la corrida de Jandilla-Vegahermosa no está presentada ni da juego y donde Finito y Morante nos dejaron apenas dos medias uno y una de réplica en quite el otro. Fue el jueves. Día de muy poco en víspera de mucho.
La novillada del lunes y la corrida de Pedraza de Yeltes el martes aportaron poco. Al menos en positivo.
La novillada de Guadaira lució dos os tres ejemplares. Tan solo Gonzalo Caballero emergió, no con el lote más propicio. La espada le privó de un posible triunfo con una oreja en cada enemigo y una nueva PG.
Álvaro Sanlúcar mostró detalles dentro de su fragilidad y César Valencia poco oficio para tal compromiso.
La corrida del ex presidente de la Real Sociedad, debutaba; el comando “Donosti”. Grande y algo destartalada, aun sin ser nada del otro jueves salió indemne del juicio de los aficionados.
Uceda no tuvo su mejor tarde, tampoco Gallo que si firmó pasajes muy interesantes y David Mora con garra y calidad fue el que a la postre mejor prado salió del tedio y aburrimiento general.
BBC a caballo. Hermoso de Mendoza haciendo pasillo a los Moura y viceversa
Bodas, bautizos y comuniones; Bbc.
Eso fue la corrida de rejones. Como una fiesta íntima para despedir a un Joao Moura, respetado y admirado por sus 9 PG, pero descatalogado, y recibir a su segundo hijo Miguel: más tierno que el día de la madre.
Hermoso de Mendoza se prestó a ello. Su actuación fue consecuente con la gran figura que es, pero anduvo de partenaire en el sarao portugués y esa ausencia de competitividad fue el talón de Aquiles para una mayor motivación y una mayor rentabilidad, si bien la oreja cortada fue un reconocimiento a una gran labor en su primero que se quedó sin premio por culpa del rejón de muerte…y un poco por el relajo.
Buen encierro de Los Espartales que mereció un cartel de mayor competencia y reflejo de lo que s el rejoneo de hoy. Pero Madrid, este año, ha optado por el “fado” portugués en detrimento de los triunfadores de años anteriores, y de forma consecutiva, como Andy Cartagena y Sergio Galán.
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Crítico taurino y Periodista
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