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CRÍTICA

Emilia Pardo Bazán: “Miquiño mío”. Cartas a Galdós

domingo 02 de junio de 2013, 12:19h
Emilia Pardo Bazán: “Miquiño mío”. Cartas a Galdós. Edición de Isabel Parreño y Juan Manuel Hernández. Turner. Madrid, 2013. 224 páginas. 14,90 €
“Pánfilo de mi corazón: rabio por echarte encima la vista y los brazos y el cuerpote todo. Te aplastaré. Después hablaremos tan dulcemente de literatura y de Academia y de tonterías. ¡Pero antes te morderé un carrillito!...”. En estos tiempos en los que ya casi nadie escribe cartas, especialmente declaraciones de amor con más de ciento cuarenta caracteres, celebramos la publicación de esta colección de cartas de la “admiradora y compañera” Emilia Pardo Bazán al “ilustre maestro y amigo” Benito Pérez Galdós, entre 1883 y 1915. Sólo se conserva una de las remitidas por el propio Galdós, como señalan Isabel Parreño y Juan Manuel Hernández, autores de un minucioso trabajo documental y biográfico, responsables de la edición, del prólogo y de las notas que acompañan la correspondencia. En total se han transcrito más de 90 cartas escritas a lo largo de 32 años de mutua admiración, cariño, amistad y pasión de dos genios de la literatura española (recordemos dos emblemáticas obras de cada uno de ellos: Los pazos de Ulloa e Insolación frente a Marianela y Fortunata y Jacinta). Dejando de lado el análisis erudito de estas cartas en relación con la vasta producción literaria de ambos y con el riquísimo contexto cultural, filosófico y dramático de la época (fueron sus también ilustres contemporáneos Clarín, Valera, Lázaro Galdiano, Rubén Darío, Menéndez Pelayo, Giner de los Ríos, Unamuno, Valle Inclán, Ortega y Gasset...), el libro ofrece una no menos interesante lectura sentimental.

Protagonista absoluta, la gallega Pardo Bazán firma de su puño y letra todas las fases de su relación con el escritor canario. En cada etapa, partiendo de la discreta admiración inicial y la consolidación del romance, seguido de una ruptura y de una efusiva reconciliación y después un nuevo distanciamiento, hasta la amistad serena recobrada en la edad madura, la autora vierte en el papel lo más sincero de sus sentimientos sin tapujos y haciendo uso de un gran dominio del lenguaje. “Usted no ignora que el idioma es pobrísimo para expresar los matices ricos y variados del afecto”, escribe en un momento.

Estos riquísimos matices constituyen precisamente lo más bello de esta obra, que puede leerse como una novela romántica, dado que contiene todos los elementos del género. La escritura, el tono, el lenguaje evolucionan en paralelo a la “trama” de la relación entre los dos protagonistas. Observamos por tanto todo un repertorio de estilos y matices; unos llenos de espontaneidad (“me gustas más que ningún libro”); otros de humor (“No tienes más que fijarme el día en que he de acudir a Maravillas Church, Palma Alta Strasse”) y de autodiversión (“Me están volviendo tarumba tus cartitas”) ; a veces violentos (“En cuanto yo te coja no queda rastro del gran hombre” o “Te arranco el bigotito”); otras veces reveladores de una gran ternura (“Ni necesito yo que me digas otra cosa sino esa dulce frase ‘he dormido bien’ “); siempre perseverantes y sin rodeos (“Yo te daré lo que creas necesitas de mí... y en cambio no te exigiré nada. ¿Conviene el trato?”); cargados de erotismo y de sensualidad (“Pon la cabecita aquí... yo te pasaré los labios suavemente por encima de la sien, y de las mejillas”); sugerentes y chispeantes (“¿No hemos de hacer alguna expedición a los barrios bajos o cosa así? La del año pasado me abrió el apetito”); mezcla indisociable de lo maternal y lo varonil (“Aquí está una buitra esperando por su pájaro bobo, por su mochuelo”); expresión de la duda y de la desesperación (“¿Viene usted, o no viene?”); de reproche también (“Amigo escurridizo como una anguila”); del misterio que rodea lo ilícito (“Yo me haré la encontradiza..., no haré nada que tenga apariencias sospechosas”.)

Todo un personaje esta condesa de Pardo Bazán, desmelenada, desencorsetada y cabalgando cual amazona abanderada del espíritu libre y del pensamiento libre. “El quererme a mí tiene todos los inconvenientes y las emociones de casarse con un marino o un militar en tiempo de guerra. Siempre doy sustos.” Pues sea porque en la sorprendente República de las Letras no deje de ondear la bandera de la libertad y porque no desaparezcan las oficinas de correos, las cartas, los membretes, las postales, los sellos, ni el lápiz ni el papel para que los amantes, literarios o no, puedan escribir bellas frases de amor, o, a falta de tiempo o de inspiración, dos no menos elocuentes caracteres: “TQ”.


Por Pepa Echanove
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