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Violencia y corrupción

Manuel Ramírez Jiménez
lunes 10 de junio de 2013, 20:28h
Son los dos obstáculos que, poco a poco, han manchado el limpio cristal que en los momentos iniciales puso de manifiesto nuestra democracia tras el éxito de la transición. La ilusión de antaño, ensalzada dentro y fuera de nuestras fronteras, se ha ido diluyendo hasta extremos realmente peligrosos. Las causas y andaduras de ambos son diferentes, pero merecen algún párrafo explicativo. Nada surge de la nada.

Que el devenir en que camina nuestro régimen refleja la imagen de una sociedad en la que la violencia ocupa una constante por doquier nos parece algo difícil de ocultar. Y no solamente está en los procesos en que suelen terminar muchas de las legítimas manifestaciones de la opinión pública (enfrentamientos entre grupos, barricadas, ataques a cristales, fuegos repentinos, etc.). La violencia aparece continuamente en las discusiones políticas, escenas televisivas y mucho de lo que cada ciudadano vive cada día. Es algo que cala en las formas de ser y pensar. En términos científicos, es un proceso que adoctrina. Que penetra en la forma de comportarse luego.

Y la corrupción. Aquí confluyen dos factores. Por un lado, la tradicional tendencia del engaño que puebla nuestra historia social. Engañar incluso al Estado se ha considerado durante años como gesta: desde el famoso estraperlo hasta las declaraciones tributarias.

El segundo factor está en el simple conocimiento de la realidad circundante. Conectar con cualquier medio de comunicación es ya una forma de incrementar la larga serie de casos de corrupciones. La democracia viviente se ha cubierto las espaldas con el famoso “presunto”. Pero eso llega tarde al ciudadano, que acaba por no creer en tanta presunción. Algo que afecta a sectores y personas de todos los rangos.

Violencia y corrupción: dos límites necesariamente llamados a desaparecer si se desea un régimen político estable, tranquilo y realmente consolidado. Si no se destierran, lo que queda es entramado de leyes e instituciones que no llegan al fondo: la cultura política y social.

Manuel Ramírez Jiménez

Catedrático de Derecho Político

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