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Francia también era esto

domingo 16 de junio de 2013, 17:36h
Desde este lado de los Pirineos, Francia siempre ha sido vista como el país de la libertad, aunque a veces la relación con los vecinos haya sido dificultosa. El primer texto de nuestra historia constitucional –la Constitución gaditana de 1812– y el complejo magma en el que nació lo sintetizan bien: es una España que transita a la Edad Contemporánea y que se encuentra invadida y en guerra contra el país del que han surgido buena parte de los principios de los que debe servirse para realizar con éxito ese tránsito. Es la tríada revolucionaria libertad-igualdad-fraternidad la que se encuentra en la base de nuestros actuales sistemas políticos democráticos y la que a la vez se presenta como guía y como desiderátum a alcanzar.

En el pasado siglo XX, el mayo parisino de 1968 fue una piedra más en la construcción de ese mito francés que tendría poco después otra traducción en el subconsciente español en aquellos trenes que cruzaban la frontera con destino a Perpiñán y a la butaca de un cine donde se proyectaba El último tango en París.

La asociación de Francia con la libertad tiene un fundamento sólido y cierto, pero tiene también mucho, como digo, de construcción mítica. Porque si francesa fue la Revolución que acabó con el absolutismo de Luis XVI y abrió en el continente las puertas del Nuevo Régimen, francesa fue también la Contrarrevolución que –de la mano de autores como Bonald o de Maistre– pugnaba por la vuelta al momento anterior a la toma de la Bastilla. Franceses eran Charles Maurras y, claro está, Action Française. Y, andando el tiempo, la Francia de los aliados tendría también su reverso oscuro en la Francia de Vichy.

La realidad, normalmente, es más compleja que los estereotipos y, por eso, aunque choque con nuestra imagen clásica, no debería sorprendernos en exceso la violenta reacción homófoba desatada en Francia a raíz de la llamada Ley del Matrimonio para Todos. Junto a la derecha liberal y parlamentaria –que ojalá hubiera abundado más en la historia española– hay una extrema derecha francesa; junto a la laicidad de la República hay un fuerte integrismo católico; junto al país que, pese a su chovinismo, es un país abierto hay una nación profunda y reconcentrada. Y es que no tendríamos que haberlo olvidado: Francia también era esto.
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