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Rusia se enfrenta a retos de seguridad en los JJOO de Sochi

Izabela Barlinska
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ibarlinskaelimparciales/11/1/11/23
lunes 17 de junio de 2013, 20:20h
Un año antes de la olimpiada de invierno en Sochi, prevista para el febrero de 2014, la amenaza de ataques terroristas en las repúblicas del Cáucaso, preocupa no solamente a Rusia sino a todo el mundo occidental. Sobre todo después de la reciente tragedia durante la maratón de Boston, cuando se descubrió que el mayor de los dos hermanos Carnajev, de etnia chechena, acusados de organizar los atentados, pasó seis meses el año pasado en Daguestán, que se encuentra a unos 500 kilómetros al este de Sochi, una ciudad balneario situada entre las montañas nevadas del Cáucaso y el Mar Negro.
Daguestán, la conflictiva provincia caucásica, se ha convertido en el centro de la insurgencia, después de dos guerras separatistas en la década de 1990 en la vecina Chechenia. Los rebeldes, que tratan de establecer un estado islámico en la región, son responsables de una serie de ataques terroristas a gran escala en Rusia, y de casi diarios tiroteos y bombardeos contra la policía y otros funcionarios del estado.
El Kremlin quiere mostrar al mundo que la situación en el Cáucaso Norte es estable.

Y aquí empieza el papel de Ramzan Kadyrov, líder de la República de Chechenia, un ex combatiente rebelde con estrictas costumbres musulmanas, porque el Kremlin ha decidido que sólo él puede garantizar la paz en la región. Putin apoya a su hombre fuerte con unas dotaciones de miles de millones para reconstruir Grozni que, destruido en un 80% en las dos guerras civiles, se asemeja hoy a una miniatura de Dubái. Moscú se acomoda también con todos los caprichos de Kadyrov, incluso la organización de las finales de la Copa de Rusia de fútbol en Chechenia, una decisión que ha despertado mucha polémica dado que los estadios rusos han sido recientemente un campo de batallas étnicas: los nacionalistas y los eslavófilos luchan con los fans de origen caucásico, para quienes el fútbol es como una segunda religión.

Es cierto que Kadyrov ha restaurado en los chechenos la confianza en sí mismos, y el nivel de vida en Chechenia ha mejorado claramente. La república está relativamente tranquila, sin embargo, los activistas de derechos humanos opinan que el precio de esta paz es alto. La sociedad chechena, a pesar del cese de las hostilidades de las guerras, todavía vive en el miedo. Chechenia es un estado dictatorial donde la palabra de Kadyrov es más importante que la ley federal. Aunque se bromea sobre su amistad con Gérard Depardieu, Kadyrov goza de gran popularidad sobre todo entre los hombres jóvenes que apoyan el re-establecido orden islámico, se sienten parte del gran mundo musulmán y les gusta un líder fuerte.

Los expertos argumentan que el Cáucaso es demasiado variado y su situación política demasiado compleja como para subordinarlo todo a Kadyrov, el títere de Moscú. Advierten que la insurgencia islámica que avanza a través de las montañas del Cáucaso Norte, que se elevan sobre la localidad costera de Sochi, presenta amenazas intimidantes. No parecen suficientes las promesas de los altos funcionarios rusos de utilizar la tecnología más avanzada para asegurar que los Juegos de Invierno 2014 en Sochi serán los Juegos Olímpicos más seguros de la historia.

Izabela Barlinska

Politóloga

IZABELA BARLINSKA es Doctora en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid e investigadora asociada de Analistas Socio-Políticos

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