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La imprescindible reforma de las administraciones públicas

sábado 22 de junio de 2013, 02:47h
Tras la introducción del Presidente del Gobierno el miércoles pasado, ayer comparecían Soraya Sáenz de Santamaría y Cristóbal Montoro para explicar las líneas maestras del informe para la reforma de las Administraciones Públicas. Es el primer paso de un camino largo y farragoso, pero en la dirección correcta. Porque, siendo importante el ahorro previsto -cerca de 37.000 millones de euros en apenas dos años-, lo es aún más el funcionamiento de la administración con mayúsculas. Se trata, pues, de optimizar recursos, evitar duplicidades y, en palabras de Soraya Sáenz de Santamaría, “racionalizar competencias”.

Esta será la verdadera piedra de toque de la reforma. La transferencia de competencias por parte del estado se ha estado llevando a cabo durante los últimos años de un modo tan irracional como nefasto. Los complejos de izquierda y derecha han hecho que la primera pretendiese vaciar de contenido a la administración central para atomizarlo en las periféricas, con la aquiescencia de la segunda. El resultado, un auténtico caos administrativo, caro e ineficaz. Caos al que, por cierto, no están dispuestos a renunciar aquellos que viven de semejante despropósito.

Así, este proyecto de reforma pone en evidencia la supuesta debilidad de la administración central ante las autonómicas. Muchos de los aspectos cruciales de este proyecto son meras recomendaciones, cuya puesta en marcha dependerá de la voluntad de los respectivos ejecutivos autonómicos. Cabe preguntarse si dicha voluntariedad podía haberse evitado o si, como parece, lo que Rajoy pretende es exponer públicamente las vergüenzas del embrollo autonómico para luego poder actuar más contundentemente. Sea como fuere, el inicio es prometedor. Resta ahora que PSOE y PP vayan juntos en un tema tan crucial para el futuro de España. Porque, a la postre, ambos partidos van a tener que elegir entre la necesaria reforma del Estado o los intereses de sus funcionarios y clientelas que hay detrás de duplicidades y elefantiasis de la administración. Se comprende el dilema, pero los políticos españoles tienen que ir pensando que, o reforman ellos o son ellos los que van a terminar por ser reformados por un electorado crecientemente desafecto e irritado.
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