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Qué sonrisa ponía entre los labios…

Joaquín Vila
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directorelimparciales/8/8/20
domingo 23 de junio de 2013, 17:44h
Es probable que el gran García Lorca no supiera mucho de la luna como fenómeno astronómico. Pero nuestro blanco y esponjoso satélite supuso una de sus grandes inspiraciones. Sólo unos ejemplos: En la luna y la muerte (“La luna tiene dientes de marfil”); En Balada triste (“qué sonrisa ponía entre los labios”); en Canción para la luna (“blanca tortuga, luna dormida”) ;en Hora de las estrellas (“el silencio redondo de la noche sobre el pentagrama del infinito”) ;en Si mis manos pudieran deshojar (“yo pronuncio tu nombre sobre las noches oscuras, cuando vienen los astros a beber en la luna…si mis manos pudieran deshojar a la luna”)

Y así hasta el infinito. Si hay un poeta que se ha deslumbrado con el brillo de la luna, ése ha sido García Lorca. Su influjo, su luz, sus sombras, su misterio supusieron una de sus mejores y más hermosas fuentes de inspiración para sus hondos y bellísimos poemas. El beso de la luna.

Y ahora resulta, que tal día como hoy, en pleno solsticio de verano, la luna se verá más grande y brillante que nunca, al estar más cerca de la Tierra; de ahí, que parezca un 14 por ciento más grande y un 30 por ciento más brillante. Y se encontrará en su punto más cercano a la Tierra, casi a 366.000 kilómetros de distancia, lo que ocurrirá media hora antes de entrar en la fase llena. Esta noche, seguro, los lobos aullarán más que nunca.

Es lo que se denomina el perigeo, fenómeno conocido como “superluna”. Si Lorca viviera, se pasaría el día y la noche escrutando esa enorme luz blanca que todo lo envuelve y que todo lo ilumina. Pero no pudo ser. El 18 de agosto de 1936 fue vilmente asesinado, al alba, a las 4,45 de la mañana en Fuente Grande (Alfacar). Seguramente lo que vieron sus grandes ojos negros fueron los últimos destellos de la luna de verano.

Aunque el llamado perigeo, al fin, no es más que un fenómeno de las volteretas que da el Universo, de los continuos movimientos de los planetas, los satélites, las galaxias, las estrellas. Mientras, aquí abajo, en la Tierra parece como si nada se moviera. Sólo las mareas de los océanos serán, por lógica, mayores. Pero tampoco tanto como para que su magnitud se perciba con facilidad. Es sólo eso. Un bucle más de ese infinito Universo que nos rodea, lleno de agujeros negros, de misterio, ese misterio que le sirvió a Lorca para deslumbrarse con su luz, con sus dientes de marfil, con el pentagrama del infinito, con su sonrisa entre los labios. Si mis manos supieran deshojar a la luna…

Joaquín Vila

Director de EL IMPARCIAL

JOAQUÍN VILA es director de EL IMPARCIAL

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