Tras la huella de John Soane en Londres
viernes 02 de mayo de 2008, 22:25h
“Londres: una nación, no una ciudad” escribió Benjamín Disraeli en 1870. Siglo y medio después, Londres es incluso más que una nación. La ciudad más cosmopolita e interesante de Europa ofrece miles de facetas y miles las razones y propósitos para visitarla. Cada visita es una sorpresa y cada visitante un mundo de intereses diferentes. En Londres todo es probable y todo es posible. En una ciudad tan antigua, extensa, tradicional y multicultural, siempre hay un rincón mágico que pasa desapercibido, pequeños tesoros que nos iluminan cuando los encontramos. Esta crónica viajera versa hoy sobre un pequeño tesoro londinense que pasa desapercibido para el gran público: la obra del exquisito John Soane.
John Soane nació hijo de albañil en 1753 y murió en 1837 tras una brillante carrera como arquitecto. Singular exponente de la arquitectura europea entre los siglos XVIII y XIX, está considerado un precursor del historicismo ecléctico. Vivió una vida larga y fructífera. Llegó a ser miembro del Parlamento Británico y recibió el título de Sir. De su legado arquitectónico queda poco. Las renovaciones urbanísticas, los cambios de gusto y mentalidad y las guerras han borrado en parte la huella de su obra en Londres. Pero todavía son visibles tres trabajos extraordinarios que demandan una visita: su mueso, la Dulwich Gallery y el Stock Office del Banco de Inglaterra.
Soane inició su formación de la mano de dos conocidos arquitectos de la época y en 1770 ingresó en la Royal Academy of Arts. Gracias a su talento, en esta institución ganó una medalla de plata, otra de oro y, finalmente, en 1777 una beca para pasar tres años en Italia. El viaje, típico del Grand Tour, le amplió horizontes, le permitió adentrarse en la cultura y arquitectura clásica y le ofreció la oportunidad de conocer a Piranesi poco antes de su muerte en 1778.
Giovanni Battista Piranesi, veneciano y arquitecto, fue un conocido grabador italiano, dibujante de arquitecturas, que realizó más de 2000 grabados de edificios reales e imaginarios. Las ruinas del imperio romano encendieron su entusiasmo y sus extraordinarias reproducciones e interpretaciones de antiguos monumentos supusieron una importante contribución para la formación y desarrollo del neoclasicismo. Los grabados de Piranesi se vendieron en toda Europa e influyeron en la arquitectura palaciega, especialmente en las mansiones campestres inglesas. Muy interesantes resultan sus vistas de ciudades, sobre todo de la Roma antigua, la que amaban los viajeros del Grand Tour.
Una de las instituciones culturales más significativas de mediados del siglo XVIII fue el Grand Tour. Un itinerario de viaje por Europa -Italia y Grecia sobre todo- que se desarrolló desde 1660 hasta la llegada del ferrocarril. Pretendía ilustrar y enseñar a futuros funcionarios los logros conseguidos por las grandes civilizaciones pasadas, más allá de lo que dijeran los libros de texto. Fue muy popular entre la aristocracia y la clase alta británica y una oportunidad para comprar objetos inexistentes en Inglaterra y que confirieron clase y prestigio a sus participantes. Los grandes turistas dieciochescos volvían con libros, esculturas, dibujos, grabados, porcelanas, terracotas, bronces, fragmentos de arquitectura, con los que se iniciaron grandes colecciones europeas.
También John Soane se convirtió en coleccionista. Una afición fácil de comprobar en una visita a la que fueron su casa y su estudio. En el 13 Lincoln’s Inn Field, en el barrio de Holborn, al lado de la estación del metro del mismo nombre y en las cercanías del Museo Británico, está el museo que lleva su nombre. Por propio deseo del arquitecto, la casa se constituyó en museo por acta del Parlamento en 1833 y tuvo sus efectos legales a la muerte del artista cuatro años más tarde.
El Sir John Soane’s Museum es el resultado de la unión de tres casas que el arquitecto remodeló, en parte para experimentar con sus ideas arquitectónicas; un edificio insólito e inusual, mezcla ecléctica de variadas influencias que van del clasicismo al gótico y del manierismo a Pompeya. Un compendio de su larga y distinguida carrera y un infinito afán por experimentar nuevas formas y técnicas. En sus obras incorporó con frecuencia medias cúpulas y arcos segmentados, enfatizó la ornamentación y puso énfasis en la iluminación siendo frecuentes en sus edificios las vidrieras y la luz cenital.
Pasar un par de horas en esta preciosa y singular casa es un placer para los espíritus sensibles. Un lugar íntimo y recoleto, fascinante que pone de manifiesto los gustos personales de este original e innovador arquitecto. El edificio es en si toda una rareza, con una cúpula de cristal que proyecta la luz hacia el sótano. Soane diseñó la casa para vivir en ella y la diseñó para ensamblar en ella sus colecciones. De hecho, hay un lugar para cada pieza y una pieza para cada espacio.
La colección de Soane incluye aproximadamente 30.000 planos originales de arquitectura británica desde la época Tudor, maquetas, obras pictóricas entre las que destacan tres Canaletos, una importante serie de caricaturas de Willian Hogarth, escultura neoclásica, el sarcófago de alabastro de Seti I y miles de piezas de antigüedades clásicas. También se conservan 15 de los 18 dibujos originales que Piranesi realizó en su visita a Paestum en 1777. En ellos pueden verse los templos dóricos de la antigua colonia griega Posidonia, cerca de Salerno y sin duda el mejor conjunto arqueológico de templos griegos que todavía se mantienen en pie.
Dulwich y el banco
En la zona sur de Londres, en una zona a la que no llega el metro, se encuentra el tranquilo y elegante barrio de Dulwich y la galería de arte que lleva su nombre y que fue el primer edificio construido en Inglaterra con el propósito de ser una galería de arte abierta al público. La Dulwich Gallery es el resultado de un feliz accidente en las vidas de Sir Francis Bourgois y Noël Desenfans, socios en un negocio de compra y venta de objetos artísticos en Londres a finales del siglo XVIII. En 1790 fueron comisionados por el rey de Polonia para reunir una colección de pintura. Bourgois y Desenfans viajaron por toda Europa comprando buenas piezas, pero en 1795 Polonia perdió su estatus como estado independiente y fue repartida entre sus vecinos, principalmente Rusia y Prusia. Los dos socios se encontraron entonces con una magnífica colección de maestros de los siglos XVII y XVIII, que incluye Rubens, Rembrandt, Van Dyck, Murillo, Canaletto, Poussin, Watteau.
Al no saber que hacer con tan magnífica colección ni contar Londres entonces con sitio apropiado para colgarla, intentaron los dos amigos venderla a varios países, pero sin éxito. Tras la muerte de Desenfans, su socio hizo gestiones para que el Museo Británico se quedase la colección en su totalidad, pero Bourgoise encontró a su patronato demasiado “arbitrario y aristocrático” por lo que decidió donarla al Dulwich Collage y encargó a su amigo Jonh Soane la construcción de un museo que fuese abierto al público. La Dulwich Colección abrió sus puertas en 1817. Impresiona la simplicidad de la arquitectura que diseño Soane, limpia y básica, con una serie de salas entrelazadas, en las que sobresalen los lienzos iluminados por la misteriosa luz que desprenden las vidrieras.
En la City londinense, concretamente en Threadneedle Street, se encuentra el Banco de Inglaterra. Entra 1788 y 1833, Soane fue el encargado de las obras de la máxima institución financiera británica. El exterior del edificio fue considerado la obra más importante del arquitecto. Sir Herbert Baker reconstruyó el Banco tras la Primera Guerra Mundial y demolió una parte importante del antiguo edificio de Soane, lo que fue considerado “el mayor crimen arquitectónico entre los ocurridos en Londres en el siglo XX”. En un intento de reparar el desastre, la primera sala del museo del Banco es una reconstrucción del vestíbulo del Bank Stock Office, donde se pueden apreciar las características neoclásicas y eclécticas de Soane.
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Periodista
Isabel Sagüés es periodista y MBA en Administraciones Públicas y Master en Comunidades. Ha dirigido entre otras entidades culturales sin ánimo de lucro la Fundación Canalejas y la Fundación ICO
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