Segóbriga
Martín-Miguel Rubio Esteban
viernes 02 de mayo de 2008, 23:07h
Bajo un cielo loco de sol y nubes, de luz picante y lluvia, de paraguas y sombreros de sol, ochenta mil adolescentes han derramado su miel y su alegría en un lugar estepario de la gran nación de los alcaldes, Segóbriga, o lo que es lo mismo, "Torre de Victoria", en la última quincena de abril. Porque el Cerro de Cabeza de Griego en el término de Saélices (Cuenca ), donde en tiempos antiguos se asentó la ciudad de Segóbriga, que conoció su cénit en la época del emperador Claudio, no sólo ofrece un importantísimo complejo arqueológico, con theatrum, amphitheatrum, thermae, necrópolis romana y visigótica, planta de un templo exástilo y otro tetrástilo, una basílica hispano-visigoda, el forum con interesantísimas inscripciones y pedestales de desaparecidas estatuas ecuestres, unas termas monumentales con peristylum, y un Centro de Interpretación austero, pero de gran utilidad docente, sino que, sobre todo, ya es más conocido por brindar todos los años, durante los meses de abril o mayo, las Jornadas de Teatro Grecolatino en las que Institutos de Enseñanzas Medias de toda España, guiados por sus profesores de latín y griego respectivos, representan con una dignidad y arte que raya en el teatro profesional lo mejor de la dramaturgia antigua: Ésquilo, Sófocles, Eurípides, Aristófanes, Menandro, Plauto y Terencio, e incluso versiones adaptadas al teatro de textos de Luciano de Samósata o Apuleyo, bajan de su Parnaso Celestial para insuflar su divinidad poética a los jóvenes actores que hacen revivir con su presencia y su amor a las lenguas clásicas las bien labradas y prismáticas piedras de Segóbriga. Desde la más flagiciosa concupiscencia de Aristófanes hasta el más hondo patetismo de Ésquilo pueden ser representados con acierto desigual, pero con la misma pasión cultural y la misma sagrada intención.
Pero no se puede hablar de Jornadas de Teatro Grecolatino, que este año 2008 cumplen el 25 Aniversario de su nacimiento, sin mencionar al verdadero padre mentor de este acontecimiento internacional, el catedrático de latín Aurelio Bermejo, ya espléndidamente jubilado. Aunque no sólo ha sido el padre, sino el alma continua, indesmayable y vital de estos juveniles encuentros. Y resulta que ahora la Junta de Comunidades de Castilla LaMancha lo retira como organizador de estas Jornadas para ser ella quien las organice, alimentando con ello su voracidad, y quitando una función más a eso que se suele llamar “sociedad civil”. Esperemos que no sea para aniquilar esta viva expresión cultural que ya supone todo un acontecimiento mundial. Desde luego estaríamos más tranquilos si los organizadores, al menos, viviesen de enseñar latín y griego. Por ello no estaría mal que la Consejería de Educación y Ciencia, magníficamente pilotada por José Valverde Serrano, profesor de filosofía cuyo sentido común predomina más en su discurso que la ideología política, pusiera al frente de estas jornadas profesores de clásicas que siguieran las líneas maestras del gran entusiasta Aurelio Bermejo.
Alrededor de esas sagradas ruinas, mientras se está oficiando la acción dramática, pacen pacíficas las ovejas merinas - mucho más pequeñas y bonitas que la típica raza manchega que habita en Toledo y Ciudad Real -, conducidas por auténticos pastores del género bucólico, cuyo rostro y pose inevitablemente evocan aquellos colegas suyos que cruzan los versos majestuosos de Teócrito y Virgilio: Tirsis, Títiro, Bato, Coridón, Comatas, Lacón, Dametas, Simíquidas, Lícidas, Frasidamo, Buceo, Milón, Melibeo, Alexis, Menalcas, Palemón, Mopso, Cromis, Mnasilaos, Alfesibeo, Damón y el gañán Meris.
Y cada año, cuando el Festival de Teatro Grecolatino termina, Segóbriga queda sola. Aunque aún en las piedras de la summa cavea, media cavea e ima cavea de su theatrum claudiano resuenen jocundas las etéreas voces de la divina juventud que estuvo, Segóbriga queda sola. Entre sus piedras sagradas y milenarias seguirán creciendo y renovándose la parietal, y la diurética alsinia , y el polipodio, y el adianto y el esplenón, a franjas, con el reverso del color de la herrumbre, y la nudosa selenita menor y otras plantas que gustan de la vetustez de los desmoronados muros y de las piedras nobles, y el politrico y la verdosa oliveta, habitantes de las ruinas; de modo que todas estas plantas formarán un amoroso bardal con el que cubrirán y protegerán las sagradas piedras de Segóbriga, la ventosa Segóbriga. Volverán los duros oídos de las piedras primorosamente labradas a abrirse en la próxima loca primavera, cuando vuelva jubilosa la "caterva" del genial director José Luis Navarro, y los grupos "Thiasos", "In Fraganti", "Gymnasium Classicum Zagrabiense", "Sardiña", "Calatalifa", "Pentagrama",
"Balbo", y tantos otros que ahora no recordamos, y alguno nuevo que inicie su andadura en la dramaturgia grecorromana. Y es que no existen leyes, por bárbaras que sean, que puedan acabar de un plumazo gótico, de los que daba Radagaiso, con el Mundo Clásico, que tanto impregna nuestra cultura en sus propios fundamentos, nuestras costumbres y nuestro carácter nacional.
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Doctor en Filología Clásica
MARTÍN-MIGUEL RUBIO es escritor y catedrático de Latín
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