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guardiola desembarca en munich

[i]"Willkommen Pep"[/i]: los retos que esperan al entrenador español más deseado de la historia

miércoles 26 de junio de 2013, 01:18h
Josep Guardiola ha desembarcado en Alemania como el entrenador que debe guiar al Bayern hacia la hegemonía continental y conducir a la Bundesliga en pos de alcanzar un nivel superior de competitividad. El “fenómeno Pep” confirma que la figura del técnico español ha excedido su carácter deportivo. El Imparcial analiza los retos que afronta el ideólogo del juego que ha elevado al Barcelona actual en su aventura teutona.


"Con Guardiola, la gente verá más la Bundesliga que el fútbol español". Así resumía César Luis Menotti el fenómeno generado por la llegada del técnico español más exitoso que ha conocido este deporte. El referente argentino de la apuesta que ensalza el valor estético del juego y arrincona la imposición del resultado, mostraba de este modo el impacto que uno de sus alumnos aventajados ha causado en el gigante alemán por excelencia, el Bayern Munich. El ex entrenador del Fútbol Club Barcelona ha excedido el mero estatus de gestor de vestuarios para convertirse en símbolo de una filosofía, de una manera determinada de entender el balompié. Pep ha alcanzado ya la capacidad de trascender y su trabajo se ha elevado a la categoría de legado para los estudiosos de este juego. Esta consideración queda reflejada en el requerimiento extra deportivo que algunas instituciones académicas le han efectuado. Como ya hicieran dos de sus fuentes inspiradoras -Bielsa y Cruyff-, ha impartido clinics de liderazgo deportivo en Buenos Aires al tiempo que expresaba los ingredientes de su método: "El secreto de un equipo está en el orden, que todos y cada uno sepan lo que hay qué hacer, y nunca hay que intentar cambiar un jugador porque son lo que son y hay que saber darle en la tecla adecuada". "Las ideas son de todo el mundo y yo he robado lo máximo posible", expuso ante un público formado por 3.500 espectadores en los que destacaban nombres como Carlos Bilardo -"enemigo" tradicional del estilo liderado por Pep y Menotti- o Alejandro Sabella -actual seleccionador argentino-.

La expectación con la que el pueblo alemán ha recibido a Guardiola reafirma la simbología que arrastra su figura. Más de 240 periodistas se acreditaron para cubrir su presentación, se espera que más de 25.000 espectadores acudan al primer entrenamiento -el club ha aprovechado el tirón popular para cobrar 5 euros por entrada y destinará la recaudación a las víctimas de las inundaciones que ha sufrido el país- y nadie rebate que el fichaje más importante de las últimas décadas del fútbol teutón no es un futbolista, es el exitoso entrenador catalán. De hecho, uno de los mitos del balompié bávaro y presidente del club, Karl-Heinz Rummenigge, subrayó el rol que entregan al preparador español: "Guardiola dará esplendor no solo al club, sino a todo el fútbol alemán y a la Bundesliga". Esta es la responsabilidad que los tótem de la época dorada del rodillo germano reservan para el entrenador más esperado de la historia. Ni siquiera nombres revolucionaros como Helenio Herrera -padre del catenaccio-, Riinus Michels -arquitecto de la Naranja Mecánica- y el mediático Jose Mourinho han alcanzado la expectación extra deportiva y el carácter impulsor del fútbol, en una de las ligas de tradición ganadora, reservados al mediocentro que transformó su brillantez sobre el césped en maestría desde el banquillo. Sin embargo, el hombre más mencionado en la Alemania de Angela Merkel ha rehuido el protagonismo que los éxitos le han impuesto subrayando en su primer contacto con la prensa alemana como director técnico del Bayern que "el fútbol es de los jugadores y no de los entrenadores".

De este modo ha desembarcado el embajador internacional actual del fútbol alegre y ofensivo en una de las plazas destacadas del viejo continente. Pero, aparcando la bienvenida y la admiración masivas, Guardiola debe afrontar dos retos para que su leyenda siga creciendo en los tres años de estancia en Munich.


Trasladar el modelo del Barça a Alemania o adaptar la filosofía a los elementos existentes.

La concepción del juego ofensivo con la posesión como herramienta de ataque y defensa colectivos resultaba innegociable en el proyecto que llevó al Barcelona hacia la memorable hegemonía de este último lustro. Incluso, la exigencia de pureza en el dogma conllevó algún que otro contratiempo al equipo técnico liderado por Guardiola -véase la falta de rendimiento de jugadores como Ibrahimovic o Villa por su pobre adaptación al esquema, la ausencia de plan B cuando el juego se tornaba horizontal y la escasez de especialistas defensivos que obligó a reciclar a centrocampistas-. Aquel modelo legendario resultaba de un trabajo desarrollado a largo plazo que unió las voluntades de la parcela de cantera, de los entrenadores de todas las categorías, de los directores deportivos y, por último, de los fichajes y la composición del primer equipo. Esa labor de sincronía institucional que consiguió lanzar el esplendor del Barça ha sufrido ataques centrados en limitabar su productividad a un único club: la especificidad geográfica del proyecto y la particular concepción social del club apuntan hacia la imposibilidad de reproducir el modelo en otras latitudes. De hecho, Guardiola nutrió al primer equipo de canteranos que habían estado bajo su mando -Busquets o Pedro lideran esta situación-.

Pero, los matices juegan un papel relevante en esta incógnita. El entrenador español se exilió en Nueva York en su año sabático tras abandonar el mando del Barcelona. Quería tomarse un respiro ante la erosiva presión blaugrana. También buscaba la reflexión necesaria para plantear mecanismos que aseguren el buen funcionamiento de sus apuestas futuras lejos del modelo Barça. No en vano, amén de aprender de manera frenética la lengua alemana para conquistar a sus nuevos compañeros de viaje, Pep ha estudiado los ingredientes con los que cuenta en su plantilla y el nivel y el planteamiento de sus rivales domésticos. En su presentación, el técnico español admitió haber visto la Bundesliga cada fin de semana desde la capital financiera de Estados Unidos. El carácter meticuloso heredado de Bielsa le ha llevado a aprehender de manera concienzuda los mecanismos que se repiten en el fútbol alemán.

El campeón de Europa, que ganó a su principal contendiente local, el Borussia Dortmund, cuenta con dos elementos diferenciadores que le han llevado al triunfo nacional y continental. Ningún club teutón disfruta de la amalgama de jugadores técnicos -lista en la que también figura desde finales de mayo Mario Gözte- del Bayern, porque en la Bundesliga todavía prima el factor físico y los futbolistas de calidad brillan con luz efervescente por encima de la masa. En este sentido, desde la zaga -con Lahm y Alaba-, pasando por el centro del campo -con Javi Martínez, Schweinsteiger, Shaquiri y Toni Kroos- y la línea de ataque -con Ribery, Robben, Thomas Müller y Gözte-, los bávaros se desmarcan del conjunto de la liga más saneada de Europa.

Fuera de sus fronteras, el elemento físico, la potencia y la capacidad de recuperación de sus futbolistas decidieron la Champions League con rotundidad. Estos son los mimbres sobre los que Guardiola podría repetir guión ofensivo en Munich. Los nombres mencionados pueden, sin dificultad, tejer la red combinativa y de presión que se impuso en Barcelona. Tan solo falta la figura de Leo Messi, el catalizador del gol. Es en este punto donde Pep debe trabajar, ya que, con las distancias técnicas conocidas entre Xavi, Iniesta o Cesc y el centro del campo alemán, los roles repartidos en Can Barça pueden gozar de reflejos dignos en Baviera. ¿Qué piezas va a mover el catalán? "Dejadme ir paso a paso porque cuando un equipo ha ganado todos los títulos deben hacerse pocos cambios. Tengo que adaptarme a nuestros jugadores, el sistema da igual", expuso en su presentación.


Gestionar la presión sobre su propia figura y la relativa a los logros de 2013.

Cuando Joan Laporta y Johan Cruyff decidieron entregar las riendas del Barcelona de Ronaldinho, Eto´o y Deco a un ex futbolista con escasa experiencia en los banquillos sabían lo que hacían. En verano de 2008, Guardiola saltaba de Tercera División a la exigencia absoluta de un club que acababa de conquistar su segunda Copa de Europa en París. La necesidad de romper con el decepcionante balance de la temporada posterior a la gloria imponía una presión notable sobre los hombros del novato entrenador. Sin embargo, Pep decidió renovar la plantilla, limpiar de egos pasados de forma el vestuario y moldear el estilo a su gusto. La experiencia arrancó con problemas en los primeros partidos, pero cuando el bloque entendió la idea de su nuevo líder, el Barça se lanzó hacia la historia y se convirtió en el primer club que lograba seis títulos en un año. En la primera temporada de Guardiola como preparador profesional. Conseguido esto, la presión elevó su tono, ya que los rivales luchaban con ardor frenético por tumbar al mejor equipo del mundo. Pero volvieron a ganar la Champions y solo cedieron la Liga una vez.

"En los grandes equipos siempre hay presión, soy consciente de ello y estoy preparado para el desafío", aseguró ante los medios de comunicación alemanes. Meses antes, en una charla con niños en Buenos Aires, Pep describió su relación con la exigencia del mejor Barça de la historia: "Es divertido. No hay compasión. No estás porque eres más guapo. Estás porque ganas y, si no ganas, buscan a otro". En este sentido, el imberbe organizador de fútbol que rompió en 1992 las barreras tradicionales que sufría el Barcelona cuando llegaban los momentos decisivos en la Copa de Europa y superó el peso de la terrible responsabilidad deportivo-social que conllevaba aquel logro, ya sabía en qué tipo de terreno se mueve este deporte.

Además, hay un ingrediente que añadir a esta ecuación. El triplete de Heynckes llegó tras grises años de paciencia en la entidad alemana. Un intervalo meditado de pobres resultados en pos de sembrar la semilla de un proyecto ganador que ha obtenido resultados cinco años después de arrancar. La paciencia, que brilla por su ausencia en la Liga BBVA, ha guiado hacia el cetro continental al Bayern y a sus ilustres directivos, que ya ganaron de todo como futbolistas y conocen los ritmos de marca el balompié -hablamos de Franz Beckembauer, Uli Hoenness, Rummeniggue y el Balón de Oro Matthias Sammer-, es la única fórmula que se maneja en la entidad bávara. Y con Guardiola no parece que vaya a resultar diferente.

En lo relativo al peso del fenómeno popular creado en torno a su figura, la humildad de Guardiola y su conocimiento de los mecanismos del fútbol desde su etapa como canterano del Barça permiten argumentar que no supondrá un elemento erosivo a su rendimiento en el banquillo del Bayern. Pero el ambiente triunfalista que acompaña a su fichaje cuenta con afilados detractores que ponen en tela de juicio el nivel de Pep hasta que no confirmen su éxito fuera del Camp Nou –análisis simbiótico al de Messi-. A este respecto cabe destacar que los considerados referentes de la labor del entrenador mencionados con anterioridad nunca se vieron superados por el simbolismo que adquirieron sus figuras. La experiencia muestra, en este sentido, que la situación a la que hará frente el técnico catalán no ha de ser muy diferente a la trayectoria definida por Menotti, Bielsa, Helenio Herrera o Riinus Michels. La experiencia alemana señalará si el mister catalán permanecerá en el recuerdo al lado de estos nombres como excelsos cultivadores del lado estético del fútbol.
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