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Sin derecho al olvido en Internet

miércoles 26 de junio de 2013, 19:56h
La memoria es traicionera. Lo es igual que esas personas que parecen estar esperando a que te fíes otra vez de ellas para asestarte de nuevo una puñalada, esta vez ahí, precisamente ahí, donde han observado que más va a dolerte. Ese concreto punto por el que, en vez de una simple vena, transcurre una poderosa arteria, de forma que es casi seguro que la sangre mane a ruidosos borbotones. De esa misma manera, los recuerdos, sobre todo, claro, esos que querríamos borrar, aprenden a escoger un instante de fugaz despreocupación, mientras eres vulnerable en el silencio de la noche o en la contemplación de un paisaje, para asaltarte y sorprenderte. La invención de la píldora del olvido es, por ello, uno de esos anhelos recurrentes que aparecen en la literatura o en el cine de ficción en sus múltiples variantes o facetas, porque es obvio que la cuestión origina un cúmulo imparable de preguntas sin respuesta. En ocasiones, eso sí, es tan fuerte el deseo de olvidar que estaríamos, incluso, dispuestos a “borrarnos” por completo y luego darle a reiniciar, sin querer pararnos a pensar que, una vez disuelta la memoria, ya nunca más seríamos los mismos.

Con el tiempo, uno aprende que al mal recuerdo, en realidad, sólo se le combate eficazmente a base de recuerdos buenos. La proporción, sin embargo, resulta tan injusta que pasan muchos meses, incluso años, hasta que el malo pierde poder sobre nosotros en beneficio de alguno bueno. En todo caso, ahora que el derecho al olvido se ha convertido en una expresión perteneciente al mundo de Internet, cada vez hay más personas que reclaman la legítima posibilidad de que, al menos, el recuerdo, si persiste, lo haga sólo en nuestra cabeza o en la de aquellos que nos son más cercanos. Piden que Google no guarde para siempre aquello que queremos olvidar porque nos perjudica, sin que sirva ya tampoco como algún tipo de garantía para los demás. Ha crecido así el número de empresas dedicadas a la llamada reputación on line y son ellas la que, en tu lugar, intentan por todos los medios evitar que, cuando alguien introduzca tu nombre en el buscador, aparezcan datos negativos sobre los que ya ha llovido demasiado.

La colisión de derechos como el del olvido, el de la libertad de expresión o información y el derecho a la intimidad o al honor es, muchas veces, inevitable. Estos días, después de conocerse el dictamen de un Abogado del Tribunal de Justicia Europeo al respecto, muchos vuelven a preguntarse qué se puede hacer para que en un buscador no se recuerde constantemente aquello que ya no nos define ni nos concierne. Lo más contundente, igual que con los recuerdos extraRed, sería sepultarlos bajo un aluvión de nuevas noticias sobre nosotros, pero a nadie se le escapa la dificultad. En el caso de Mario Costeja, el empresario cuya reclamación se juzga en el Tribunal Europeo de Justicia, sí se ha conseguido, porque la repercusión de su lucha contra Google arroja, precisamente en Google, tantas entradas, que aquel recuerdo que quería eliminar ha sucumbido en la avalancha. Lo cierto, no obstante, es que en el ámbito judicial lo más probable es que Google acabe ganando la batalla. El Abogado General del Tribunal de Justicia de la UE da la razón en su informe al famoso buscador: no está obligado a borrar su condición de embargado por deudas a la Seguridad Social de hace 15 años. Y aunque el citado informe no es vinculante, en más de un 80% de los casos sirve para inclinar la balanza de los jueces a la hora de emitir la sentencia.

En definitiva, de acuerdo con el mencionado dictamen sobre el alcance del derecho al olvido en Internet, que enfrenta a la Agencia Española de Protección de Datos con el gigante informático estadounidense Google, este último no tiene obligación de borrar un contenido a petición de un usuario, a pesar de que esa fuera la tesis de la AEPD en el caso de Costeja, quien asegura haberse visto perjudicado en sus relaciones con algunos clientes a causa de un embargo totalmente solucionado desde hace muchos años. Según la Abogacía de la Unión, sin embargo, la solicitud al motor de búsqueda de eliminar determinados resultados en base a la normativa sobre protección de datos supondría una injerencia en la libertad de expresión, de modo que quien se sienta perjudicado debería, en todo caso, reclamar la cancelación de la indexación a la fuente directa, es decir, al editor de la página web correspondiente. Más claro: a quien lo escribió o recogió la información y no a quien se limita a recopilarla.

En Google España, por supuesto, están encantados con dicho informe, porque, aunque reconocen que a veces una información es perjudicial, lo cierto es que eso no implica, en su opinión, que la misma sea difamatoria. Con este informe – si al final se ve refrendado por la correspondiente sentencia que se espera para después del verano – se ahorra muchísimo trabajo al buscador, que seguirá incluyendo en su memoria, es decir, en la de todos, aquello que se intenta no volver a recordar. Es, por otra parte, muy cierto que habrá quien siga queriendo saber el historial de cualquiera por muchos que sean los años que hayan pasado. En todo caso, si es posible realizar una solicitud para la eliminación de los antecedentes penales, parece de lógica que se regule con precisión el procedimiento correspondiente a la eliminación de los “antecedentes en la Red”. Antes, cuando la mala fama te perseguía, siempre podías emigrar, mudarte de barrio, de país o de ciudad, ahora ya sólo queda cambiar de identidad o de planeta. ¿Se terminó con el derecho al borrón y cuenta nueva?
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