Un tatuaje como prueba de amor
jueves 27 de junio de 2013, 18:55h
Marcial y Belinda mantenían una relación sentimental intensa aunque desde hacía poco tiempo, unos tres meses y medio, con encuentros sexuales frecuentes. Marcial se manifestaba bastante posesivo. Para comprobar su nivel de entrega, o si se prefiere, como prueba de amor, Marcial exigió a su novia que se hiciera un tatuaje, adorno epidérmico que es en la actualidad una práctica distendida y normalizada por más que a muchos nos horripile. Marcial estaba contrariado y reprochaba una infidelidad a su novia con derecho a roce, por lo que para restaurar la relación leexigió que se sometiera a un tatuaje y se grabase el nombre de Marcial. Éste no se limitó a sugerir o insinuar a Belinda el “tatoo” sino que actuó con exigencias, imponiéndole una obligación, a cuyo cumplimiento condicionó la continuidad de la relación. Y Belinda, viendo los tintes que estaba tomando la misma, lo denunció aportando mensajes y otras pruebas.
Se van dando cuenta, queridos lectores, de que lo que parecía una novela de Estefanía está tomando forma jurídica. Y es que la realidad supera la mayor parte de las veces a la ficción.
La valoración jurídica que se contiene en la sentencia de la Audiencia Provincial de Murcia, que condena a Marcial por un delito de coacciones leves y una falta de vejaciones, es la siguiente: “La actitud descrita implica una posición de dominio que coarta y limita la libertad y dignidad de la mujer y revela que el acusado pretende someter y subyugar a su novia porque al parecer, y según sus propias palabras, “le había puesto los cuernos”; a ello responde el tatuaje y la contundencia al manifestarle que “no se iba a reír en su cara”. Los hechos descritos integran todos los presupuestos legales del delito de coacción del artículo 172.2 del Código Penal”.
Afortunadamente, Belinda denunció los hechos previamente a pasar por el tatuador, y se libró de esta forma de llevar de por vida impreso el sello de semejante perturbado que confundió a su novia con una pertenencia más.
La penalidad que le fue impuesta a Marcial no incluía el sometimiento al potro de tortura de las agujas del tatuador aunque lo justo (materialmente) es que las hubiera probado y que la leyenda que presidiera su frente en color azul cielo fuera simplemente: RESPETO.
P.S.: Un estudio denominado “Valores y punto de vista” (que desde luego no son los de Marcial) pone a los españoles a la cabeza de los europeos que menos confían en sí mismos. Parece que estamos completamente insatisfechos con nuestra vida y que desconfiamos también de la gente de nuestro alrededor. Los que más.
¿Alguien puede dar algún día una buena noticia?
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Catedrático y Abogado
ENRIQUE ARNALDO es Catedrático de Derecho Constitucional y Abogado. Ha sido Vocal del Consejo General del Poder Judicial
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