En la despedida de Chelo
Martín-Miguel Rubio Esteban
viernes 28 de junio de 2013, 19:36h
Curso 2012/2013
Siempre Chelo nos consuela,/Nos consuela siempre Chelo,/ Y con su nombre parlante,/ Que invita al dulce sosiego,/ Cura al niño trabucante,/ Oculto tras el silencio,/ Rompiendo el mágico lazo/ Que lo mantenía preso./ Del alumno con sordera/ Saca muy elocuente verbo,/ De quien no oyó el ruiseñor/ La dulzura de tu celo/ Rompe todas las barreras/ De la cúpula del cielo,/ Como el avión supersónico/ Que truena y truena en su vuelo./ Volaron voces de niños/ Desde una jaula de hierro/ Cuyos barrotes serró/ La lima buena de Chelo./ Primer Rey de los franceses,/ Magnífico Hugo Capeto,/ Supo hablar a su Adelaida/ Aún sorda de nacimiento,/ Pues que consigue el milagro / El santo amor del maestro.
Tu gran sensibilidad/ Teñía a tus compañeros,/ Y los niños con problemas/ Vistos en tu desempeño/ Recibían el cuidado/ De los enseñantes nuestros./ Siempre te recordaremos/ Con tus saberes discretos,/ Con tu trabajo callado,/ Que daba tanto provecho,/ En lo más alto del Centro,/ En la azotea del cielo./ Lágrimas vierten ahora/ Alumnos y compañeros/ Cuando un año más no sigas/ En tus altos aposentos,/ En que un año muy lejano,/ Grabado con rojo acero/ En mi entraña más oculta/ Se hablaba latín y griego./ En donde las Musas clásicas/ El oro y plata llovieron,/ Después nacieron milagros/ Que al sordo hablar concedieron.
Vete en paz, que no vas sola./ Y en tu ausencia ten consuelo,/ Que el destino que te saca/ No te echará de mi pecho./ Lágrimas vierten tus ojos,/ Suspiros lanza tu pecho,/ Y tu roja cabellera/ La desenredan los vientos/ Porque nos dejas a todos/ Cual sin norte marineros./ Buena suerte, compañera,/ Y que se cumplan tus sueños/ En todos aquellos niños/ Cuyas gargantas volvieron,/ Y también de los demás/ Cuyos oídos se abrieron.
Tu voz de cristal sonoro/ Oímos en los conciertos/ Donde se elevan a Dios/ Los gozos y sufrimientos,/ Y esa tu prosodia aguda/ Toca todos nuestros huesos;/ Porque tenemos grabada/ A la compañera Chelo,/ Hasta que prosodia grave/ Acompañe nuestro entierro./ Nuestro compañero César / Piropea en otros términos,/ Pero dirían lo mismo/ Que aquí dicen estos versos./ Pelirroja de ojos celtas,/ grulla de nobles acentos,/ este poema se acaba/ y mi forminge ya cuelgo./ El Instituto será/ valle enorme de tu eco/ y los vientos del futuro/ desatarán tus cabellos./¡Suerte siempre, compañera,/ en esos nuevos senderos!/ Natura os vistió de grana,/ color grave, alegre y bueno.
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Doctor en Filología Clásica
MARTÍN-MIGUEL RUBIO es escritor y catedrático de Latín
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