Oriente Medio: radiografía de última hora
domingo 30 de junio de 2013, 16:51h
El año 2013 quedará partido en sus dos mitades a finales de junio. Es sabido. Es lo de siempre. Adentrémonos, pues, en el territorio -siempre sorpresivo- de las relaciones internacionales. Máxime cuando estas últimas se tejen y destejen en áreas geopolíticas de intensidad conflictiva elevada, como viene siendo el caso del área que corresponde al Oriente musulmán.
El hecho de que se conciten situaciones internas cambiantes dentro de los países que integran aquella red regional no presupone un vaticinio sobre el estallido de tal olla a presión a corto plazo. Los datos de la situación general que atraviesa Oriente Próximo, sin embargo, son tan inquietantes como esperanzadores. Veamos en breve el estado de esa situación a partir de las cuatro naciones más conflictivas a fecha de hoy.
Comencemos por Turquía.
El pulso cívico que la ciudadanía turca ha echado al presidente del gobierno en escenarios urbanos cargados de simbolismo histórico, como son la plaza Taksim, los jardines de Gezi y el bulevar Istiqlal, entra ya en su cuarta semana. La tenacidad -casi contumaz- de Erdogan ha logrado movilizar a su favor a las clases sociales subalternas de Estambul y Ankara. No han tardado estas, por su parte, en congregarse a favor del líder del AKP, o Partido de la Justicia y del Desarrollo. De manera tal que una mera manifestación de descontento contra el intervencionismo excesivo del poder político en la vida cotidiana ha adoptado el cariz del junio turco de 2013, no exento de connotaciones similares al mayo francés.
La calle no solo pide, sino que exige, un diálogo con el gobierno de la república. Erdogan no parece afecto a esa iniciativa y no ha tardado en dar la orden de reforzar el contraataque policial. El callejón se estrecha cada día más, y se teme la intervención de algunos cuerpos militares en Estambul. Burla, burlando, el duelo repercute fuera de Anatolia hasta generar el viernes 21 un enfriamiento de relaciones diplomáticas entre Berlín (crítico con los métodos gubernamentales empleados para disolver a los manifestantes en Turquía) y Ankara (que acaba de replicar a la canciller Merkel que si Alemania se está mostrando tan estricta con los sucesos callejeros de Estambul lo hace para obtener réditos en las cacareadas elecciones generales que tendrán lugar a finales del próximo septiembre en el país centroeuropeo por antonomasia). Consecuencia de la diatriba: al ser convocados los representantes diplomáticos en Berlín y Ankara por los ministros de Asuntos Exteriores respectivos y tener que encajar los agravios de turno, Erdogan, a lo que parece, ha respondido con altanería a la canciller Merkel y otros portavoces alemanes por haber paralizado las aspiraciones de Turquía a reanudar las conversaciones conducentes a su plena integración en la Unión Europea. El extrañamiento mutuo no pinta nada bien. Pendiente queda, pues, el desarrollo de la tensa situación germano-turca desencadenada por los sucesos habido en la plaza de Taksim.
Nos centramos ahora en Siria.
Prosigue en tierras del Creciente Fértil la guerra civil entre el gobierno y el frente de oposición liberadora. Los dos bandos encontrados cuentan con apoyos (milicias, armamento, misiles patriot); aunque más los gubernamentales que los combatientes alineados en el frente liberador. Mientras los caídos en el campo de batalla pagan su tributo a la intransigencia sectaria de ambos bandos, y la Casa Blanca “sigue deshojando la margarita”, Putin -y sus aliados momentáneos en Irán- calculan una guerra de desgaste que frene la caída del régimen de Assad y reste algunas ínfulas de victoria al frente liberador, repleto -según afirman ciertas fuentes- de convictos yihadíes.
El establecimiento inmediato de un contingente militar estadounidense en la vecina Jordania ha encendido una luz en el pasillo de las tinieblas. ¿Será suficiente esta operación de apoyo logístico para entablar un “empate” entre los bandos sirios en guerra? ¿No contribuirá el apoyo militar americano a los adversarios del gobierno de Damasco a que Jordania debilite su posición, siendo receptora, como es, de cientos de miles de refugiados procedentes de Siria? Dejemos también abierto este capítulo, que no es baladí.
Volvamos nuestra mirada a Egipto.
Si revisamos las etapas del recorrido de la primavera árabe en este país a partir del 25 de enero de 2011, es observable el cumplimiento de actuación previsible por parte de los tres núcleos de poder que se debaten desde entonces en el país del Nilo: el Islam político de los Hermanos Musulmanes -y allegados- instalados en el poder merced a las urnas, de una parte. De otra, la dispersa oposición liberal (por denominarla con algún genérico gramaticalmente acomodaticio); y, finalmente, el ejército y su más conocida institución, la Academia Militar de El Cairo. Permanecen, en la penumbra, por ahora, los nostálgicos del mubaraquismo. El resultado final de un año de presidencia de Morsi ha generado la incubación de una campaña popular (aunque no tan espontánea, como piensan algunos) que culminará su posicionamiento político-social -adverso al presidente- con una manifestación ciclópea. Su celebración está prevista para el 30 de junio próximo.
No desdeñemos los indicadores de la realidad económica y financiera de Egipto: devaluación de la libra egipcia en un 10%; hundimiento de la bolsa en un 11%; escasez de algunos víveres y artículos de primera necesidad en el mercado, y deficiente suministro energético, gas principalmente. Entretanto se está forjando la concesión a Egipto de 4,8 billones de dólares por parte del Fondo Monetario Internacional, que permitirían al gobierno de Morsi beneficiarse de un maná con el que reforzar su legitimación en las urnas por algún tiempo más. ¿Hasta cuándo se prolongará esta situación?
Habrá que seguir de cerca el espectáculo que ofrecerán las muchedumbres egipcias en las plazas y avenidas de las grandes ciudades del país, en menos de una semana, para reflexionar a continuación sobre el destino próximo de esta nación, axial donde la haya, en el mundo del Mashreq.
Finalmente, y no por ello menos importante, fijemos la atención en Irán, la legendaria Persia, que acaba de elegir a un clérigo moderado (Hassan Rowhani) para desempeñar la más alta magistratura de la república, si exceptuamos a su guía supremo. En lo que a esta nación concierne, hay dos cuestiones pertinentes que plantear: ¿insuflará Rowhani algo de viento fresco al régimen de los ayatolás y a la “estreñida” economía iraní, de resultas de la política del boicot comercial practicado por Occidente? ¿Sopesará con rigor la administración de Obama qué importancia posee el viraje electoral iraní, con el pensamiento puesto en la reanudación de las negociaciones atinentes al derecho -y limitaciones- de Irán de proseguir su carrera nuclear con fines no bélicos, como ha venido afirmando Ahmadineyad hasta la conclusión de su mandato?
No sería delicado seguir reteniendo al lector en este recorrido regional, simplificado al máximo. Ahora bien, como él mismo puede colegir, el Oriente musulmán parecía stanco, eppur si mouve. Mal que le pese a Washington y por muchas que sean las ganas que tenga de hacer las maletas para centrar su eje de gravitación exterior en cualquier otro punto geográfico. Afirman todos los medios que dicho eje estará situado en latitudes bañadas por aguas del Pacífico.
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Historiador. Profesor emérito (UNED)
VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes
Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías
sobre España y el Magreb
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