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El atractivo estilo ofensivo español se enfrenta al rigor táctico brasileño

España busca agrandar su leyenda en la final de la Copa Confederaciones con el Maracanazo como prioridad

domingo 30 de junio de 2013, 17:16h
La selección española afronta este domingo (00:00/Telecinco) la oportunidad de conquistar el único título que le falta, la Copa Confederaciones y, de paso, cerrar un lustro glorioso ganando a Brasil en el mítico estadio de Maracaná. Vicente del Bosque maneja varias opciones -regresar al doble pivote o jugar con falso nueve- para doblegar al defensivo combinado carioca que lidera la calidad de Neymar y jugará con la presión ambiental a su favor.
El aficionado empezó a familiarizarse con la relevancia que arropa a la Copa Confederaciones en el mismo instante que los tradicionales gigantes del fútbol internacional comprendieron que España había abandonado su carácter segundón para construir su rol hegemónico actual. Aquel punto de inflexión histórico para el deporte patrio ha quedado fijado en el domingo 29 de junio de 2008, en el estadio Ernst Happel de Viena. Allí, en torno a las 11 menos diez de la noche, arrancaba el lustro glorioso que ha colocado a la selección española en el olimpo del balompié, a la altura de formaciones memorables como el Brasil de 1970 -liderado por Pele-, la Alemania arrolladora de los 70 -con Beckembauer y Müller como símbolos- o la Naranja Mecánica holandesa -a la que Cruyff no consiguió regalar ningún título-.

El cambio de estilo ejecutado en la confección del equipo -pasó a concebirse como una plantilla más o menos cerrada- y en la manera de jugar -con protagonismo de la posesión del balón- que imaginó Luis Aragonés y perfeccionó Vicente del Bosque ha otorgado un balance legendario: dos Eurocopas y un Mundial conquistados de forma consecutiva. Esta concatenación de logros convirtió a la selección española en el mejor combinado nacional que haya conocido este deporte desde el estricto punto de vista estadístico. Nadie ha logrado encadenar tan ilustre amalgama de éxitos. Pero falta un título. En 2009, en plena gestación del bloque que ganaría en Sudáfrica y que cuatro años más tarde mantiene la espina dorsal, la Confederaciones africana se atragantó. Desde entonces, el torneo ha permanecido como un objetivo latente. Ahora, en Maracaná, consuma su vuelta al primer plano para la mejor España de la historia.

Resulta imposible idear un marco mejor para cerrar los cinco años en los que el pueblo patrio se unió para enamorarse del equipo de todos. Hace 27 años que Brasil no se cruza en el camino de la selección -el gol mal anulado a Michel en México convierten inexorablemente aquel recuerdo en imborrable-. La fortuna ha guardado este reencuentro para regalar a Xavi, Iniesta, Casillas y compañía, la oportunidad de coronar su obra ante la Canarinha en el estadio más emblemático del mundo. Ganar a Brasil, en su casa. Esa era la premisa y la convicción que emanaban los jugadores durante los amistosos estadounidenses y tras los primeros partidos de la Confederaciones. La fecha, el lugar y el rival estaban marcados entre ceja y ceja desde que se cerró la temporada de los clubes. Aunque, la percepción es recíproca. Luis Felipe Scolari, que ocupa el puesto de seleccionador de urgencia tras aceptar el cargo el pasado 28 de noviembre, ha interpretado este torneo y, por extensión, esta final, como una prueba de fuego para su apresurado proyecto.


Así pues, ha llegado la ocasión idónea de redondear un ciclo inolvidable (00:00/Telecinco) o reforzar la confianza de un país que no aceptaría una derrota en el Mundial de 2014 jugando en casa. España ha accedido a la cita con el espaldarazo moral que ha significado tumbar a Italia en los penaltis, en el peor partido propio del torneo, y con la confianza de haber recuperado la mejor versión desde la final de Kiev del pasado año ante Uruguay, en el debut de la ConfeCup 2013. El rival, crecido en su condición de anfitrión, ha paseado su potencia y pegada en la primera fase del campeonato y ha sufrido en su cruce ante la selección charrúa más de lo previsto. Contextualizado el evento estrella del fin de semana, es menester abordar las claves del partido, de lo que ocurrirá sobre el césped.

La batalla por el dominio del centro del campo

Cesare Prandelli maniató a la selección española durante los primeros 45 minutos de la semifinal a través de una presión frenética en toda la cancha. El revolucionario técnico italiano ahogó la salida del balón de la campeona del mundo, cortó las líneas de pase y, como consecuencia, robó la posesión de balón y el protagonismo a los nuestros. En ese escenario, un equipo entrenado para sobar la pelota sufre desajustes tácticos e Iker Casillas se vio obligado a salvar la situación. Del Bosque ha renunciado al doble pivote en la medular para jugar con un punta que fije a los centrales y cree espacios en la mediapunta. Sin embargo, en el choque ante Italia, los transalpinos impusieron su superioridad numérica en el centro del campo y se hundió la estrategia nacional.

Scolari ha borrado de un plumazo el joga bonito brasileño para repetir la receta defensiva que le llevó a ganar el Mundial de 2002. Su guión preferencia el orden y el equilibrio a la posesión de la pelota. Pero esto no significa que sus equipos se encierren atrás. Brasil jugará con la línea de presión. Podría salir con intensidad, con la defensa muy arriba a intentar arrollar en los primeros 20 minutos o, por el contrario, apostaría por hacer el partido largo y respetar la posesión española. Esta segunda opción restaría opciones a los cariocas, ya que, si España mantiene el ritmo combinativo y la verticalidad del campeonato, crecerá con la pelota. Es por ello que el Del Bosque no descarta la inclusión de un compañero para Busquets.

Sin embargo, el centro del campo brasileño no resulta similar al italiano. Prandelli apoya en Pirlo el cuidado de la pelota que castigó a España y, en torno a él, colocó a jugadores de calidad como Marchisio, Montolivo, Aquilani o De Rossi. Scolari cuenta con Luiz Gustavo, Paulinho y Hernanes, tres piezas de corte físico que no gozan de la capacidad creativa adecuada para mantener la pelota. Este constituye su mayor hándicap. La salida de pelota de Brasil queda reservada para la retaguardia, con los desplazamientos certeros de David Luiz y Thiago Silva y la habilidad combinativa de Dani Alves y Marcelo. Fred ejecuta la labor de bajar balones para los virtuosos de la mediapunta. La batalla por el centro del campo será un choque entre el físico local y la clase española.



Concentración en la fase defensiva y paciencia como herramientas básicas

A pesar de que la selección anfitriona no juega con posesiones largas, la calidad técnica y desequilibrio de sus atacantes deja intacta su tradicional pegada. Óscar tratará de aprovechar los huecos generados a la espalda de Iniesta y Xavi para mover a Busquets y dejar espacios para la creatividad de Neymar y Hulk, que partirán pegados a las bandas. Es aquí donde entra en juego la lógica del doble pivote español, que ocupe esos espacios y proteja las segundas jugadas generadas por Fred. Javi Martínez, improvisado y sorprendente delantero ante Italia, jugaría un rol necesario en este sentido.

El mero hecho de disputar una final provoca que sugerir máxima concentración como un factor decisivo pueda considerarse como una obviedad. Sin embargo, cuenta con una justificación táctica. En la hoja de ruta brasileña no figura disparar a la portería de Casillas más de siete veces. No contempla crear ocasiones de peligro con asiduidad. El veneno del planteamiento de Scolari, con los excepcionales lanzadores desde el centro de la zaga, surge de la espalda de Piqué, Ramos, Arbeloa y Jordi Alba. España no está acostumbrada a correr hacia atrás. Los balones largos son una herramienta para sacar provecho de la adelantada defensa española. Los principales quebraderos de cabeza del bloque dirigido por Vicente del Bosque han llegado de transiciones rápidas del rival, ya sea desde los extremos o en golpeo directo hacia los puntas. La concentración de la retaguardia y el mediocentro españoles ha de ser absoluta, al igual que la paciencia con la que afrontar el choque.

Brasil ha tratado de romper todos sus partidos en la Confederaciones en los primeros 20 minutos. El empuje del público y el discurso de Scolari lanza a los futbolistas hacia una presión, verticalidad y potencia desmesuradas en el arranque de cada enfrentamiento. Cuando el factor físico no ha sufrido erosión alguna, la Canarinha huele sangre y se lanza a por su presa. No en vano, Neymar se estrenó en el torneo a través de estos tsunamis iniciales. Por todo ello, España afianzar su posesión de balón y crecer, poco a poco, con el manejo de la pelota. Con este guión se han enfriado partidos muy complicados en los últimos cinco años y no parece un momento adecuado para cambiar esta premisa. No encajar un gol en el primer cuarto de hora allanará el camino hacia el ansiado trofeo.


El balón parado y las vías accesorias al modelo

Un cabezazo de Paulinho clasificó a Brasil para esta final. Otro, ejecutado por Dante, encarriló en duelo ante Italia. Ambos testarazos llegaron tras un saque de esquina golpeado por Neymar. Los manuales del balompié indican que en un equipo que adolece de creatividad para generar fútbol, el juego a balón parado adquiere una relevancia absoluta. Pues bien, el equipo de Scolari no es la excepción que confirma la regla. El seleccionador brasileño quiere músculo con pegada en la zona de remate y que la calidad ejecute las faltas y los córners. David Luiz, Thiago Silva, Fred, Luiz Gustavo y Paulinho figuran en la lista de cabeceadores a tener en cuenta. Hulk, Dani Alves y Neymar son los encargados de poner la asistencia o el golpeo directo. Este tipo de acciones, contemplando además la notable diferencia en el biotipo de los jugadores de ambos equipos, podría decidir el campeonato.

Felipao ha arrinconado en el banquillo a Lucas Moura, un regateador a la antigua usanza, que recuerda las maneras del mítico Mané Garrincha. Su habilidad ha pasado inadvertida en el torneo por decisión del entrenador carioca. No entra en sus planes. Pero Brasil no ha tenido que remontar todavía. Éste, y los desequilibrantes Bernard y Jadson, podrían ser el as en la manga brasileño si el guión se tuerce demasiado. Vicente del Bosque, sin embargo, no esperó tanto para apostar por Jesús Navas y abrir nuevas vías al estilo combinativo español ante Italia con beneficiosos resultados. Amén de anotar el penalti decisivo, el extremo del Manchester City alivió la presencia transalpina en la medular y desbordó, una y otra vez y aliado con el calor local, a su cansado defensor. Jesús lidera el soplo de aire revolucionario español. Juan Mata -que puede actuar pegado a la cal-, Roberto Soldado o Fernando Torres -si la apuesta inicial alinea a Cesc o Silva como falso nueve- acompañan a Navas como opciones para desatascar el dominio rival o la horizontalidad propia.
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