Este miércoles se presenta en el estadio Santiago Bernabéu el primer fichaje de relumbrón del Real Madrid para la próxima temporada: Francisco Alarcón “Isco”. Sin embargo, su perfil -español y alejado del halo pomposo de los galácticos- y demarcación marcan un punto de inflexión en la policía de fichajes del club madrileño. Florentino Pérez no quiere seguir dejando escapar a los pilares de la selección española y con el traspaso de la perla malagueña ejecuta un giro en su planteamiento para diseñar la plantilla merengue.
David Villa, Santiago Cazorla, Jesús Navas y David Silva son los ilustres nombres que figuran en el debe de la directriz marcada por Florentino Pérez desde que desembarcara en la presidencia del Real Madrid el 17 de julio de 2000. El planteamiento de confeccionar el vestuario del equipo merengue estableciendo una mezcla de los mejores jugadores del planeta y el ascenso al primer equipo de los canteranos destacados -conocido como “
Zidanes y Pavones”-, cerró las puertas a algunos de los futbolistas españoles emergentes que confeccionarían la mejor selección de la historia. En la era galáctica y su etapa posterior no se contemplaba la opción de fichar a las mejores piezas nacionales y la fuente de recursos de la cantera se secó rápido. De este modo,
la presencia española en el once inicial del Madrid quedó relegada a los símbolos Casillas, Sergio Ramos, Hierro, Guti y Raúl, al cerebro de la presente década, Xabi Alonso, y a los parches posteriores -véase Callejón, Albiol o Arbeloa-.
Sin embargo, tras
obviar la incorporación de David Villa en 2009 por 5 millones de euros -el Valencia pidió 40 kilos y el Madrid acabaría incorporando a Benzema por 35-,
prescindir de Silva -casi contratado antes de la explosión en el Mundial de Sudáfrica de Mesut Özil, 15 millones más barato- y preferenciar la llegada de Di María antes que el
fichaje de Navas -más caro-, Florentino ha decidido ejecutar un giro a su política, actualizando la contratación de los excelsos futbolistas internacionales con el aliño de la promoción de canteranos, esta vez sí -con la ola ganadora llegan
Morata, Carvajal y Jesé-, y la firma de la perla del balompié español.
Con la incorporación de
Francisco Román Alarcón, “Isco”, Ancelotti añade a su proyecto una perla para endulzar con creatividad el presente inmediato e inyectar calidad al futuro con un centrocampista de potencial incalculable. El
Golden Boy -mejor joven europeo- de 2013 aporta desequilibrio, control y visión de juego en dosis de sorprendente altura. El ex “10” del histórico Málaga cuenta con la
versatilidad del mediapunta clásico: se mueve con igual efectividad en el flanco interior izquierdo y derecho y se maneja con solvencia pegado a la cal -trazando diagonales-, elaborando el juego en la medular o llegando a portería desde segunda línea. La fantasía más prometedora con permiso de Neymar, desembarca en el Bernabéu.

La llegada de este diamante de 21 añitos no puede sino elevar el nivel técnico del centro del campo merengue, ya dotado de la clase de
Mesut Özil y el equilibrio de
Luka Modric. Es labor del técnico italiano adaptar en su esquema las características de estas tres piezas, de complicada compatibilidad simultánea considerando la ausencia de un
stopper que ejerza de red de seguridad ante el despliegue fantasioso de una formación compuesta por
Xabi Alonso en la galleta, Modric más adelantado e “Isco” y Özil desplegando su calidad en los aledaños del área rival. El rol de Di María -extremo clásico- quedaría relegado a la categoría de alternativa o plan b. Kaka, sobre el que Ancelotti no ha querido pronunciarse, ve como su participación en el Mundial de 2014 se complica aún más si no rebaja sus pretensiones salariales para salir del club capitalino. El
“juego espectacular” que prometió
Carletto no debería prescindir de las tres piezas más dotadas para generar asombro en el público del Bernabéu. Este es el bendito quebradero de cabeza que le tenían reservado en su aventura española.
La
alergia a contratar a los destacados referentes españoles que ocupan los puestos destinados a generar espectáculo y goles parece haber quedado atrás. La continuidad de “Isco” en el equipo de Chamartín queda ya restringida a la jurisdicción de Ancelotti. Florentino Pérez ha roto su barrera autoimpuesta y ha añadido a su planteamiento la variante española. El primer fichaje ilustre de esta temporada, destinada a recuperar la ilusión del aficionado madridista tras la erosiva experiencia de Mourinho, nació en territorio español.
Llega lanzado en elogios tras su exhibición de galones en la temporada continental del Málaga y después de
guiar a la sub-21 hacia su exuberante triunfo en el Europeo de Israel de este verano acompañado de
Thiago -otro nombre que resuena en las oficinas merengues-. La inercia ha cambiado e “Isco” -que viene precedido de lucir en batallas internacionales, hecho que faltó a Pedro León o Canales- debe asumir el reto de liderar el nuevo camino abierto por el presidente del club más rico y presionado del planeta. Han tenido que gastarse 433 millones de euros -solo en la presente década- para que el Madrid apueste por un atacante estelar nacional. Además, la historia muestra que no resulta sencillo que un joven valor triunfe en uno de los clubes más acuciados por las urgencias de gloria.
Este es el desafió reservado al talentoso mediapunta malagueño: crecer, progresar y influir decisivamente en que el transatlántico madridista sigue agrandando su palmarés.