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llega la montaña a la ronda gala

Hoy arranca el Tour de Francia que Bradley Wiggins no se atrevió a correr

viernes 05 de julio de 2013, 19:56h
La Grande Boucle ofrece este sábado la cosecha de colosos montañosos que ha reservado para su edición centenaria. Con un trazado diseñado para recuperar el aura de espectacularidad perdida tras la carrera del pasado año, -en la que subieron los kilómetros de contrarreloj y limitaron las llegadas en alto- en favor del nevado Giro de Italia, la dirección del Tour ha apostado por facilitar el brillo del duelo Contador-Froome devolviendo el protagonismo a los Alpes y Pirineos. El Imparcial presenta los gigantes que Bradley Wiggins, ganador en 2012, se negó a subir.


Christian Prudhomme, director del Tour de Francia, argumentó tras presentar el recorrido del pasado año que la gerencia de la carrera apostaba por insuflar peso a la contrarreloj para “aumentar el abanico de candidatos”. Con Andy Schleck fuera de combate por lesión y Alberto Contador sancionado por la percepción sancionadora más rigurosa que haya conocido este deporte, la mejor competición de tres semanas decidió asestar un golpe notable a su prestigio y redujo las llegadas en alto a la ínfima cifra de dos, una en los Alpes -LaToussuire- y otra en los Pirineos –Peyragudes-. El resultado, tras colocar una losa de kilómetros entre la cima de los puertos principales de la etapa y la meta, se percibió desde la primera semana: el Tour rompió su reconocida propiedad exclusiva de la espectacularidad del ciclismo para entregar el maillot amarillo a los especialistas de la lucha contra el reloj.

Bajo este guión se desarrolló una carrera en la que ningún especialista atacaba con fiereza cuando la carretera se empinaba. Los escaladores no contemplaban vaciarse demasiado en la montaña porque, ante la ausencia de finales en alto donde sacar tiempo a los más limitados en esa especialidad, preferían guardar fuerzas para reducir sus carencias contrarreloj -con el número de kilómetros de esta disciplina elevado hacia la hipérbole de 101,5- al mínimo.


"Hemos dispuesto una sucesión de puertos algo alejados de la meta pero que pueden servir de rampas de lanzamientos para ataques largos, como los que este año -en 2011- protagonizaron Alberto Contador y Andy Schleck", destacó el director de la carrera. “En todas las etapas puede pasar algo”, subrayó. Y no erró en su diagnóstico. El 19 de julio de 2012, las carreteras francesas acogieron una de las situaciones más erosivas para el prestigio del Tour. En las rampas más acusadas del Peyragudes, el último puerto de la etapa -y el segundo y último final en alto-, Alejandro Valverde comenzaba a rozar el triunfo parcial. Pero, el episodio que ha quedado marcado en la historia discutida de este deporte tuvo protagonistas diferentes. Chris Froome, escudero del líder de la carrera Bradley Wiggins, cambiaba el ritmo para dar caza al español. En su ataque, el ciclista británico de origen keniata no reparó en las notables deficiencias de su jefe de filas en la montaña. Froome, que viajó al país galo para lanzar a Wiggo hacia la victoria final, estaba destruyendo el prestigio de su líder particular y, al tiempo, el buen nombre del Tour. Las órdenes desde el coche del Sky frenaron al gregario, que iba notablemente más cómodo a esas alturas de la subida, que miraba hacia atrás, parado en medio de la subida, buscando a Wiggins, que apareció sollozando tras la última curva. El británico llegó a duras penas, herido en el orgullo ante la afrenta de su vasallo. Pero brilló en la crono y ganó el Tour. Una de las ediciones más grises que se recuerdan.

Es una decepción no ir al Tour. Quería participar desesperadamente, por el equipo y por los aficionados, pero no ha sido posible. No pude entrenarme como debiera y no me encontraba listo”. Así excusó el actual campeón del Tour su renuncia a correr la edición de este año. Wiggins, que tras saltar de la pista a la carretera no esperaba gozar en su palmarés de una Grande Boucle, contempló a los rivales de la carrera del centenario -con su insolente compañero Froome y Contador como favoritos y el renacido Andy Schleck y Cadel Evans como aspirantes en segundo plano-, la reducción de los kilómetros contra el reloj y la amalgama de finales en alto -el doble que en la pasada edición- con el regreso de algunos colosos legendarios y decidió que no quería sufrir más.


Los Pirineos recuperan la esencia de la mejor carrera ciclista de la historia

La élite del ciclismo internacional que ha conseguido hacerse un hueco en el pelotón del centenario Tour de Francia se acercará este sábado al primer gigante montañoso. Tras seis días de nervios y tensión concentrados en etapas llanas que, por el afán de victoria de los sprinters (Cavendish, Sagan, Greipel y compañía), se convertían en rompe-piernas y en una incómoda trampa para los favoritos a la batalla general -no en vano, Froome, Contador y Purito Rodríguez ya han dado con su anatomía en el rugoso asfalto francés-, la carrera se toma un respiro para entregar el protagonismo a la especialidad que le granjeó el prestigio que en la actualidad es irrebatible. La montaña, ese terreno en el que los grandes rodadores quedan a merced de los fogonazos que los bajitos escaladores quieran imponer, ya se asoma en este caluroso julio.

El primer contacto con la cordillera que actúa de frontera geográfica entre España y Francia llega con el Col du Pailhères, un puerto Host Categorie de 15 kilómetros de longitud que en su cima sitúa al ciclista a más de 2.000 metros de altura. Con una pendiente media del 8% y unas rampas finales que retuercen el desafío con desniveles del 10,5%, esta mítica ascensión ejerce de anfitriona para que los favoritos y los especialistas que tan solo buscan una victoria de etapa demuestren, de un plumazo, que el aburrimiento del Tour de 2012 resultó un mal sueño. La etapa, de 195 kilómetros se cerrará, tras el descenso frenético del obstáculo montañoso presentado con anterioridad, con la subida al puerto de primera categoría Ax 3 Domaines. El pelotón llegará a la meta tras superar una ascensión de 7 kilómetros, con un 8% de desnivel y rampas que vuelven a alcanzar el 10,5%. Así se plantea la primera oportunidad para desenmascarar las flaquezas de los aspirantes a la victoria final en París -que este año se realizará de noche-.


El inteligente cambio de inercia en el diseño del recorrido del Tour de 2013, eliminando la contrarreloj individual larga antes de afrontar la alta montaña, ha provocado que las distancias entre los ciclistas más fuertes sean mínimas antes de desembarcar en los Pirineos. Así pues, solo queda comprobar si el bloque español conformado por Contador, Purito Rodríguez y Alejandro Valverde van a sellar una alianza para deshacer la fiabilidad del Sky, un equipo compuesto de potentes rodadores que en montaña responden hasta cierto punto, con el aliño de dos especialistas: Kryenka y Porte. Se antoja complicado que los compañeros de Froome repitan el guión del pasado año considerando el nivel de los rivales de esta edición. Una unión española al estilo de la encerrona que Nibali, Di Luca y Santambroglio ejecutaron en el Giro para alejar a Porte de la victoria, no resulta descabellado. Cadel Evans, Andy Schleck, Van den Broeck, Tejay van Garderen, Igor Antón y Rein Taaramae aguardaran su ocasión desde el discreto segundo plano para tratar de arrancar algo positivo de la batalla hispano-británica.

Para concluir el festejo ante el viraje de la dirección de la Grande Boucle en pos de un mayor espectáculo, cabe exponer la última semana que afrontarán los ciclistas: antes de pasear por los Campos Elíseos el 21 de julio, la carrera propone un final de etapa en el volcánico Mont Ventoux (14 de julio), la emblemática subida al puerto más famosos del mundo ciclista, el Alpe d-Huez (18 de julio), la afrenta que representa llegar a Le Gran Bornand (19 de julio) y un “tranquilo” paseo de 120 kilómetros de subidas y bajadas por Annecy - Le Semnoz (20 de julio). Los profesionales que participaron por primera vez en el Tour de Francia en 2012 van a comprender con esta última semana la esencia de la grandeza de esta carrera. El espectáculo ha vuelto a la élite ciclista para facilitar el brillo de los corredores con un recorrido digno de la ocasión: se cumplen 100 años de esta memorable competición.
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