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"Gibraltar nunca será español", afirma su ejecutivo

El Tratado de Utrecht cumple 300 años sin que haya visto fin la tensión por Gibraltar

viernes 12 de julio de 2013, 10:10h
El Tratado de Utrecht, por el que España cedió la soberanía de Gibraltar a Reino Unido, cumple este sábado 300 años, un tiempo en el que no se ha logrado que este estratégico enclave, punto de unión entre el Mediterráneo y el Atlántico, deje de ser foco de un tira y afloja de tensiones que parecen poder perdurar unos cuantos siglos más.
El Tratado de Utrecht, por el que España cedió Gibraltar al Reino Unido, cumple mañana 300 años, un tiempo en el que no se ha logrado que este estratégico enclave que une el Mediterráneo y el Atlántico siga siendo foco de un tira y afloja de tensiones que parecen dispuestas a perdurar unos cuantos siglos más. El actual ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, contundente, afirmó en marzo que "jamás" ha pisado Gibraltar y garantizó que jamás lo hará "mientras no haya una bandera española". Para el Gobierno, hay que "acabar con la broma de años anteriores" y emprender una política "radicalmente distinta". Esta actitud es similar desde el otro lado y se calificó de "amenaza" lo anterior. "Gibraltar nunca será español", respondió el Ejecutivo local.

El artículo 10 de este Tratado, firmado el 13 de julio 1713 para poner fin a la Guerra de Secesión española, recoge la cesión de la soberanía a la corona británica de Gibraltar, un pequeño enclave de 5,5 kilómetros cuadrados que, años antes, en 1704, había sido ya conquistado por las fuerzas anglo-holandesas.

Allí encontraron un lugar inexpugnable para establecer sus guarniciones militares y hacerse con el control de un importante paso para las rutas comerciales marítimas, un punto al que la corona británica se negó a renunciar en aquel tratado y que, a día de hoy, en el que cuenta con una base naval militar, sigue conservando intacta su importancia geoestratégica.

En el mismo tratado España también cedió otros territorios, como Menorca, que en 1802 fue devuelta. No así Gibraltar que, en pleno siglo XXI, es la última colonia europea.

Para el alcalde de Algeciras y vicepresidente de la Comisión de Exteriores en el Congreso de los Diputados, el popular José Ignacio Landaluce, la situación colonial de Gibraltar "continúa siendo una anomalía histórica".

"Nuestro Gobierno no va a cejar en el empeño de recuperar Gibraltar y en esta lucha nos amparan los repetidos consejos de la Organización de las Naciones Unidas, encaminados a que los dos Estados soberanos, España y Reino Unido, únicos con poder de decisión, alcancen una solución al ya cansino y poco fructífero conflicto de Gibraltar", señala en declaraciones a EFE.

Para Landaluce el pequeño espacio "bajo piel de cordero" esconde "ilimitadas ansias de expandirse por tierra, mar y aire" y para ello utiliza una "continua actitud de victimismo" con la que ha conseguido que sus intereses hayan avanzado "mucho" a lo largo de los años.

"Los gibraltareños seguiremos trabajando duro para el bienestar de las futuras generaciones y para vivir en paz disfrutando de buenas relaciones con nuestros vecinos", asegura de su lado a EFE Fabián Picardo, ministro principal de Gibraltar que desde su llegada al poder, hace año y medio, se ha encargado de repetir que jamás se entregará a España "ni un grano de arena, ni una gota de agua" del Peñón.

Ambos políticos ponen voz a las posiciones enfrentadas en un contencioso diplomático entre España y Gran Bretaña que se reactivó en 1940, cuando Franco inició sus reclamaciones que después, en 1969, le llevaron a decretar el cierre de la verja.

Este paso quedó así convertido en un "pequeño muro de Berlín" que separó a familias y vecinos hasta 1982, cuando el gobierno socialista de Felipe González ordenó abrirlo a los peatones y, dos años después, también a vehículos y mercancías.

La apertura hizo que volvieran a fluir las relaciones entre los habitantes de ambos lados de la verja, un paso que actualmente cruzan diariamente unos 7.000 españoles que trabajan en el Peñón y que sufren, con los gibraltareños y turistas, las colas de coches que se forman en la aduana cada vez que se reactiva algún episodio conflictivo.

El profesor de Derecho Internacional de la Universidad de Cádiz (UCA), Jesús Verdú, subraya que hoy la "normalidad" es la tónica en las relaciones entre los vecinos de ambos lados de la verja, aunque se vean inevitablemente salpicadas por "las sacudidas" de conflictos que, en su opinión, los políticos "azuzan" interesadamente.

Una población que no escatima esfuerzos en exhibir con orgullo su apego a la bandera británica y que mañana conmemorará el tricentenario de la firma del Tratado de Utrecht, con un desfile con trajes de época, dentro de un programa en el que se ha editado un sello con la visible leyenda: "para siempre, sin excepción o impedimento alguno".

Es parte de las palabras del artículo 10 del tratado de Utrecht, que también incluye que España cedía el peñón "sin jurisdicción alguna territorial y sin comunicación alguna abierta con el país circunvecino por parte de tierra" y que establece que si "en algún tiempo a la Corona de la Gran Bretaña le pareciere conveniente dar, vender o enajenar, de cualquier modo" este territorio "se dará a la Corona de España la primera acción antes que a otros".

Y recuerda que ese artículo X incluye "condiciones contra los derechos humanos, como la prohibición de residencia a los judíos y musulmanes" que han sido superadas.

"Hoy en día, gracias a la lucha del pueblo de Gibraltar, tenemos una constitución democrática que nos garantiza todos los poderes, salvo defensa y asuntos exteriores", agrega el líder gibraltareño sobre una carta aprobada en el 2006 y que ha dotado de mayor capacidad de autogobierno a Gibraltar y mantiene la soberanía del Reino Unido.

Nuevas claves sobre por qué se perdió Gibraltar
El historiador Francisco Montoro ha asegurado que "por culpa" de la batalla naval de Vélez-Málaga (Málaga, 1704) entre ingleses y españoles, el combate de mayor magnitud de la Guerra de Sucesión española, Gibraltar no pudo ser recuperado por España. Montoro, que ha participado en el curso de verano de la Universidad de Málaga "La herencia hispana en el Sur de los Estados Unidos", que se desarrolla en Vélez-Málaga, ha explicado a Efe que, pese a la trascendencia de esta batalla, es una gran desconocida y existen muchas confusiones en torno a ella.

Este doctor en Geografía e Historia publicó en 2010, junto a su compañero Miguel Ranea, un libro sobre esta batalla "esclarecedor" sobre la influencia que la misma tuvo en la llegada de los Borbones a España y la imposibilidad de retomar el control sobre Gibraltar. "Podemos decir a voz llena que por culpa de la batalla naval de Vélez-Málaga, por cómo se desarrolló, no hemos podido recuperar Gibraltar", ha argumentado Montoro.

La toma del peñón el 4 de agosto de 1704 por parte del comandante George Rooke movilizó a la armada francesa para su recuperación, pero los ingleses, en lugar de esperar en Gibraltar, se adelantaron hasta la bahía de Vélez-Málaga, donde tuvo lugar el enfrentamiento. La flota francesa, apoyada por los españoles, combatió contra los barcos ingleses y holandeses "con un resultado nulo", aunque el éxito fue para éstos, que consiguieron su objetivo de conservar Gibraltar.
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