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San Fermín (2): El fin de semana rompió la Feria del Toro donde las figuras pasaron de puntillas

domingo 14 de julio de 2013, 22:03h
Aprovechar la oportunidad.
Muchos de los toreros anunciados llegaban a Pamplona con la necesidad de triunfar o puntuar en su defecto.
Reforzados salen David Mora, Iván Fandiño y Jiménez Fortes que aprovecharon sus dos tardes en la feria…y en Pamplona, siempre quedará Padilla.
La agradable sorpresa de Manolo Escribano y el momento de Nazaré. El buen aire de los jóvenes López Simón y Rubén Pinar. La madurez desde la marginación de Francisco Marco.
Atrás quedaron la revelación del novillero Posada, el poso de Hermoso de Mendoza, la rebelión con causa de Sergio Galán y el progreso de Armendáriz. Todo ello fue materia del capítulo pasado.

David Mora cortó una oreja en su primer festejo, con la de Valdefresno y abrió la Puerta Grande con los torrestrellas de Álvaro Domecq. El temple, la composición y el ritmo, con una disposición firme construyeron dos faenas de distinta intensidad. A cada toro le dio lo suyo, sin una merma y sin ningún exceso. Los mató con la seguridad del que sabe que le va el triunfo que persigue en ello. Oreja en ambos. Primera y única Puerta Grande de lo que va de feria, de matadores de toros. Salda 3, lo que le postula para uno de los triunfadores.

Iván Fandiño sufrió un percance con los torrestrellas y salió a hombros con los de Fuente Ymbro tras desorejar al tercero de la tarde. El de Orduña mostrós dos versiones distintas en la tarde del sábado. Firmeza y perfecta colocación en el tercero para llevarle ligado y rematar las tandas con determinación. Además se tiró a matar o morir y paseó las dos orejas.
En el 6º nunca estuvo a gusto. Defendiéndose por el genio y conjugado con fuerza cero, el apoderado y la cuadrilla debatían de forma excesivamente evidente, tirarlo o no. Fandiño optó por el no.
Jiménez Fortes fue el mejor de la tarde con los toros de El Pilar. El más serio de la feria. En madurez evolutiva con dos toros totalmente distintos y cada uno con sus teclas que tocar. Firmeza pero además madurez y cabeza para estructurar un trasteo, ya con el capote en el recibo a su primero, de torear a favor del toro, de pie y de rodillas. Al sexto, reservón, le buscó las vueltas para justificarse, con sus armas, estando muy por encima del animal. Si no fallan los aceros hubiera cortado otra.

En la de Miura, su bautismo con este hierro, salió a morir a matar, quiere ser figura del toreo, y su garra y valor, a veces algo amontonado, le valió una oreja para cerrar una excelente feria que le asegura su vuelta por mucho tiempo a Pamplona.

Juan José Padilla en estado puro para añadir tardes a su idilio pre cornada con Pamplona se vuelca en cada ocasión con el "ciclón". Esta vez fue a ráfagas ventarrón y otras exquisita "eau de toilette".

También tocó pelo El Juli a quien su poder, a veces látigo de toros herejes, le ciega de otras técnicas y otros resortes cuando los toros no son fieras corrupias o ganarles la voluntad sin tanta autoridad prusiana.
Manuel Escribano dejó poso y pudo abrir la puerta grande de no habérsele negado la oreja en el cuarto de la tarde pedida por la mayoría.
Y Francisco Marco, hijo adoptivo de Pamplona estuvo correcto en planteamiento y ejecución para cortar una oreja.
Muy serio, templado, con poso y reposo Castaño con los “miura” en tarde de tirar de oficio Rafaelillo.

No hubo rotundidad en el paso de las figuras: Talavante pudo lucir su izquierda para tapar su vulgar derecha. Si bien los pasajes al natural eran de acompañar. Obstinación con las cercanías en uno y decisión pero espesura de ideas en el otro de Miguel Ángel Perera y Morante, por H o por B, no se molestó en mostrar que el lote de la mala corrida de Victoriano del Río no servía.

Tampoco llegó el éxito a los más necesitados. Lo puso difícil la de Alcurrucén en la primera corrida de toros. Antonio Nazaré mostró capacidad de evolución y supo sobreponerse a toros a contra estilo sin desdecirse de su clasicismo. López Simón dio la cara, con desparpajo y lucidez mientras que Antonio Ferrera fue fiel a profesionalidad.

Con la de Dolores Aguirre Juan del Álamo estuvo tan digno como discreto en dejar poca huella. Mientras que a Joselillo, que brindó un toro a la hija de la ganadera, se le notó más el esfuerzo que la voluntad en desordenados guiones de la lidia.

Alberto Aguilar estropeó todo su hacer sobrio a base de oficio con un muy mal manejo de la espada frente a los valdefresnos y Rubén Pinar exhibió su madura técnica, sorprendente para su juventud, para hacer dos trasteos limpios, de manual; y capacidad para robarle al 3º series por el derecho.


En el apartado ganadero destacaron:
La corrida de Dolores Aguirre, premio de la Feria, lucieron divisa negra por la muerte de la ganadera esta primavera. Y la corrida estuvo a la altura. Su principal virtud fue la movilidad. A partir de ahí, hubo dos toros que destacaron: el 5º por su casta y el 4º, más bravo pero con el hándicap de irse apagando.
Los animales de Ricardo Gallardo. Fuente Ymbro. Lidió una buena corrida, para analizar y matizar pues, con nervio y movilidad, hubo de todo para destacar dos buenos toros, el 3º (que desorejó Fandiño) y, sobre todo, 4º -Heroína- que ha sido nominado toro de la feria al que Padilla le dio fiesta.
La de Torrestrella, variada de capas y hechuras, no fue mala corrida, pero sin aflorar bravura y sin terminar de romper ninguno salvo el 4º. Tampoco lo fue, sin llegar a ser buena, la de El Pilar, desigual de hechuras e imponente seriedad.
A partir de ahí el juego de los toros condicionó el espectáculo de San Fermín.
Asequible de mayor nobleza que lo acostumbrado la de Miura. Hubo de todo, y en ese todo destacó un buen toro 3º, el de Jiménez Fortes.
Por debajo de lo esperado y su currículo fue el encierro de Victoriano del Río con toros desmesurados incluso para esta plaza. Tampoco las figuras lo defendieron convenientemente.
Encierro serio, feo y desigual el de Valdefresno en su debut en Pamplona. Lució tremenda anchura de sienes que manseó buscando la querencia, noblota, en general, pero difícil para el lucimiento.
Más los decepcionantes alcurrucenes de principio de feria.
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