La corrupción en España: un análisis estadístico
martes 16 de julio de 2013, 20:21h
Estamos sin duda ante un tema crucial para la vida política y social de los españoles. La corrupción aparece como una de nuestras principales preocupaciones y está generando un clima de desafección, desconfianza e indignación que es preciso afrontar con claridad y seriedad. Acaba de presentar Transparencia Internacional su Informe anual sobre el estado de la corrupción en diferentes países del mundo.
De entrada no estamos ante un Informe más, podríamos afirmar que estamos ante El Informe, pues se presenta como la mayor encuesta de opinión pública a nivel mundial, que abarca a 107 países y se basa en 114.000 encuestas. Por tanto nos encontramos ante un estudio importante e interesante que nos puede ayudar a situar a España en el contexto internacional en esta materia.
Los ciudadanos han respondido a 15 preguntas y se ha valorado de 0 a 5 (máximo nivel de corrupción) diferentes instituciones como los partidos políticos, el sistema judicial, la policía, el sistema de salud, los medios de comunicación, el parlamento, el ejercito, las empresas, el sistema educativo, los funcionarios públicos, los organismos religiosos y las ongs. La primera conclusión que se saca a nivel mundial es que la corrupción se centra principalmente en tres de esas doce instituciones. En primer lugar los partidos políticos, después la policía y por último el poder judicial, mucho más alejados aparecen los funcionarios y el sistema de salud.
En el caso que nos interesa, España, tenemos una buena noticia y una mala. La buena es que nuestra policía y nuestro poder judicial gozan de bastante buena salud, más la policía que el poder judicial. La mala es que nuestros partidos políticos obtienen una de las notas más altas del panorama internacional (4,4) sólo a seis décimas de la máxima corrupción. Sólo nos supera de los 107 países: Nigeria, México, Nepal, Grecia, Italia y Jamaica. Parece bastante evidente que tenemos un serio problema en el corazón de nuestra democracia que hay que afrontar y asumir, para corregirlo sin demora.
La perspectiva de España en comparación con el mundo es correcta, estamos en la media, pero si nos comparamos con el entorno en el que estamos, esto es, Europa, realmente salimos bastante mal parados. Una de las claves frente a la corrupción tiene nombre propio: Transparencia. No hay duda, a mayor transparencia menor corrupción. La transparencia institucional y de los partidos políticos es un derecho esencial del ciudadano democrático de verdad, no sólo nominalmente. Sin transparencia la democracia sufre en exceso. No deja de ser trágico que en esta materia estemos en el tren de cola de Europa, somos el único país de nuestro entorno europeo que aún no tiene una Ley de Transparencia, lo cual es bastante significativo de nuestra falta de sensibilidad y responsabilidad política por la cuestión.
El 66% de los españoles piensa que la corrupción ha aumentado en estos años, sólo el 5 % cree que ha bajado. Por tanto vamos por el camino equivocado. Lo más trágico es que si un alemán o danés conocieran un caso de corrupción, el 94 % y el 92 %, respectivamente, lo reportarían. Sin embargo, sólo el 71 % de los españoles lo harían. ¿Por qué? Y esta es la clave de la cuestión, pues el 72 % piensa que no valdría para nada denunciarlo.
Tenemos un serio problema de falta de cultura democrática. La democracia precisa para su eficaz funcionamiento no sólo de instrumentos, medios y procedimientos adecuados, también de sólidos valores culturales y éticos a favor de la democracia, del Estado de Derecho, de la separación de poderes, del principio de legalidad, del respeto a los derechos fundamentales y libertades públicas y, sobre todo, de la exigencia de responsabilidad frente a la opinión pública de los servidores -que eso es lo que son- del Estado. Esta es tarea de todos, sí hay que agradecer especialmente la perseverante y necesaria labor que en estos diez años está realizando Transparencia Internacional España (Antonio Garrigues, Jesús Lizcano, Manuel Villoria y Jesús Sánchez Lambás) para ir abriendo camino.
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Catedrático de Derecho de la URJC
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