Grecia observa cómo su déficit público cae apreciablemente en los seis primeros meses de 2013, lo cual mueve a la esperanza de que tantos esfuerzos están empezando a dar sus frutos. El periódico de izquierdas To Vima incluso
dice, tras reconocer que los griegos ya se han hecho a la idea de que son más pobres que antes, que “la Grecia que emerge de la crisis será más fuerte y mejor”. Es difícil discrepar. Es verdad que será más pobre, pero eso no es más que el reconocimiento de un hecho. Pero también lo es que será más racional y que esta durísima experiencia llevará al país a replantearse algunos presupuestos erróneos.
Grecia, que era el máximo ejemplo del desastre, ahora está en el lado contrario, en el de la esperanza. Irlanda, que se enfrentó a un desfase fiscal de un tercio del PIB, algo abracadabrante, como es una economía flexible y su población cree en los bajos impuestos y en las reformas, ya está saliendo adelante. Pero Portugal es caso aparte.
Los tres países están bajo la guía de la troika (CE, FMI, BCE), que sigue tres líneas: recorte y reforma del gasto, reforma de la economía, y aumento de los impuestos. Los dos primeros están bien encaminados; el tercero, no. Irlanda, que ha subido los impuestos, lo ha hecho mucho menos de lo que exigía la troika, mientras que su austeridad sí es significativa. ¿Será casualidad que sea la economía que mejor está?
Pero vamos con Portugal. Según un
reciente informe de
Natixis, “a pesar de los grandes esfuerzos de Portugal para restablecer el equilibrio presupuestario, el ratio de la deuda pública continuará creciendo. De hecho, será difícil que la deuda se estabilice en un nivel alto, considerando la perspectiva de crecimiento, tipos de interés y superávit primario”. Por lo que se refiere a este último, el superávit necesario para estabilizar el crecimiento de la deuda ha estado desde 2009 entre cinco y diez puntos del PIB por encima del real, según los cálculos del banco. Por ejemplo, en 2012 hubiera necesitado un superávit primario de 7,5 puntos del PIB, mientras que registró un déficit de dos puntos. “En esta situación”, concluye, “la deuda pública de Portugal apenas parece ser sostenible”.
Continúa haciendo números: Suponiendo un nivel de crecimiento del 1,5 por ciento, y un déficit primario como el mantenido entre 1995 y 2008, del -1,45 por ciento, y contando con todo el apoyo del BCE, el nivel de deuda sostenible es del 66 por ciento del PIB, nada menos que 64 puntos por debajo del 130 por ciento del PIB que se espera para finales de 2013.
Es decir, que así no se va a ninguna parte. ¿Qué opciones tiene Portugal para cambiar verdaderamente la situación? Una
reestructuración de su deuda, lo que llama un programa de precaución, en el que el ESM podría operar en los mercados primario y secundario y el BCE seguiría con sus OMT en el mercado secundario, y un programa de privatizaciones, que podría suponer el ingreso de 35.000 millones de euros. Esto acercaría en un tercio el tramo que le separaría del nivel de deuda en 2013 al nivel sostenible del 66 por ciento.