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¡Quédese, señor Rajoy!

José Antonio Sentís
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directorgeneralelimparciales/15/15/27
jueves 01 de agosto de 2013, 20:08h
Después de escuchar las intervenciones de una buena parte de grupos y grupúsculos parlamentarios, nadie puede ser indiferente a la sensación de vértigo. ¿Qué pasaría en España si llegaran a gobernar, tal vez al lado del PSOE, los personajes que componen la llamada Izquierda Plural, el inefable Balldoví y su partidito valenciano, ERC, el BNG, quizá hasta Amaiur y algún otro nacionalista despistado que pasara por ahí? Porque ése es el panorama que ahora podría deducirse de las encuestas si Rajoy resignase y convocara elecciones generales. Un panorama realmente aterrador.

En fin, lo que tienen las elecciones que dictaminan mayorías absolutas es que esa salida exigida, pedida, implorada, aconsejada o sugerida por toda la Cámara (salvo un par de excepciones, como UPN o Foro Asturias) no se va a producir. Rajoy no parece muy proclive a escuchar a Cayo Lara, ni a Rosa Díez, ni a Rubalcaba. Lo que a estos, por cierto, les pareció extraordinario, porque ellos no pedían la dimisión de Rajoy para ocupar su puesto en el poder. No lo hacían por eso, sino por España, para que Rajoy demostrara su patriotismo. Vamos, le decían a Rajoy: váyase por su bien. Y éste no parece convencido sin embargo de la bondad de dejar su puesto a la miscelánea de opositores que tendrían que sucederle aunando sus propias peculiaridades. Porque no me nieguen que un gobierno con Rubalcaba, Cayo Lara, Oriol Junqueras, Beiras, Rosa Díez y el inefable Balldoví no sería un verdadero espectáculo. Porque, además, a Rubalcaba le dejarían de vicepresidente.

En realidad, los verdaderos protagonista de la oposición dura a Rajoy son los ex comunistas, postcomunista o criptocomunistas de IU y sus verdes adyacentes. Ellos son los más emocionados por su estelar momento en el que entienden que la crisis les ha dado la razón, que el capitalismo es el problema y que es hora de una victoriosa lucha de clases (citada por ellos, no por mí) que incorpore a España al paraíso de la victoria del proletariado, se supone para demostrar a Lenin y a Stalin que lo que no consiguieron ellos lo pueden lograr Cayo Lara y Bosch. Y el inefable Balldoví, que no es de IU, pero como si lo fuera.

Porque fue de las filas de la Izquierda Plural de donde salieron, por encima de cualquier legítimo argumento, los insultos de más hondura parlamentaria. E incluso con la apelación (camuflada por el latín) a la "destrucción" de Rajoy, lo que en cualquiera desasosiega, pero en boca de un comunista pone los pelos de punta. Claro que no se sabe si es peor la perplejidad que produce que los de Amaiur, encamados con Eta hasta hace un cuarto de hora (y con Eta en la retaguardia todavía), apelen a la ética.

Cuestión aparte es la de UPyD, pues Rosa Díez, que ya ha olvidado su pasado en el PSOE (porque aquí todo el mundo tiene pasado), parece situarse en el Olimpo cada vez que habla. Y hay una cosa que le irrita mucho: ser considerada por Rajoy como una minoría a la que sólo debe contestar en el bloque de las minorías, sin prestarle la atención que merece su angélico discurso, que nunca se ha rozado o manchado porque tampoco nunca ha querido tener ninguna responsabilidad de Gobierno, ni siquiera cuando estaba clamorosamente cerca, como en el caso de Asturias.

Rosa Díez tiene razón en muchas cosas, y sus preguntas sin respuesta fueron atinadas, menos cuando levita. Porque otros compañeros, como los de Convergencia i Unio, saben que no pueden permitirse el lujo de levitar, ya que los tribunales les ponen de vez en cuando los pies en el suelo. Por esa razón, la prudencia se aconseja y el matiz crece. Prudencia compartida por el PNV, con menos plomo en las alas ahora, pero con buena parte de complicidad histórica con el plomo, en sentido literal de la expresión.

Se podría decir que nada de lo anterior es relevante, porque en este sistema bipartidista, fenecido para algunos pero con más vida de la que pueda parecer, la clave estaba en el duelo entre Rubalcaba y Rajoy. Y en el caso del socialista no se puede decir que estuviera mal. Incluso se puede reconocer que estuvo bien. Pero uno tiene que saber las batallas que da, y decidirlas de acuerdo con el presumible éxito de las mismas. Y parece bastante estúpido dedicar toda la acción política a pedir la dimisión del adversario que el adversario no le va a conceder. Ni aunque sea por su bien.

Queda, en fin, Rajoy, que ayer confirmó que la estrategia de la oposición de llevarle al Parlamento no iba a hacer otra cosa que reforzarle, lo que se anticipó ya en esta columna hace algunas semanas. Porque Rajoy es un buen parlamentario, y aún más cuando las reglas de juego le favorecen por su posición de presidente del Gobierno con mayoría absoluta.

Rajoy tuvo tiempo de todo: de lamentar sus equivocaciones, de reclamar su presunción de inocencia y de recordar que los problemas de España son enormes, y no estamos para debates estériles sobre la pureza del sexo de los ángeles. Y que hay pasado que purgar, pero futuro que construir, lo que no es incompatible y bastante más creíble con un Gobierno de Rajoy que con un pentapartito exaltado.

Supongo que Rajoy no pudo convencer ayer a ningún opositor, pero creo que habló para tranquilizar a los suyos, incluso para meter algo de sosiego en la crispación ciudadana frente a la política. Y seguramente, eso sí lo logró, con palabras medidas sobre su relación con su excolaborador Bárcenas.

Rajoy decidió declararse, como se dicta en las sentencias americanas, "no culpable". Y, de forma muy cuidadosa comprometió su palabra no tanto a que no hubiera habido financiación ilegal de su partido, sino a su "desconocimiento" de ésta. No dijo que no hubiera sobresueldos, sino que él lo tenía todo declarado a Hacienda. No dijo que no hubiera chorizos, sino simplemente que él era honrado, que no estaba en la política para enriquecerse, y que si quisiera hacerlo, se dedicaría a su profesión (cosa que otros no podrían, por cierto). Y los que querían este pleno parlamentario para sacarle a Rajoy palabras que luego le pesaran, probablemente tendrán dificultades para la cita lapidaria que demuestre una mentira de Rajoy. Lo que, por cierto, tampoco sería mucho problema para él, porque ya le llamaron este jueves mentiroso desde todas las esquinas del edificio del Senado.

En todo caso, la sorpresa parlamentaria del día fue la del portavoz del Grupo Popular, Alfonso Alonso, siempre relegado al aburrimiento de representar en sordina lo que declama el protagonista, y que sin embargo tuvo ayer una intervención espléndida, que levantó de sus asientos a todo el Grupo de la mayoría, incluido Rajoy.

Y, por cierto, el debate no fue el de "y tú más". De los eres de Andalucía, ni palabra en boca de Rajoy. Es que estaba sobrado, porque cada vez que enfila a Rubalcaba desde la ventaja del banco azul, lo tritura.

José Antonio Sentís

Director general de EL IMPARCIAL.

JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL

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