Hay que detener la agonía del CSIC
martes 06 de agosto de 2013, 02:57h
Ante la crisis en la que estamos sumidos, no se trata de poner en cuestión la imperiosa necesidad de afrontar medidas de ahorro absolutamente imprescindibles. Se ha terminado la época de una bonanza, en parte ficticia, y debemos hacer frente a esa realidad, como está haciendo el Ejecutivo de Mariano Rajoy, es, por doloroso que sea, inevitable. No obstante, la crisis no puede convertirse en una coartada para obviar aspectos de un país que son decisivos. Entre esos aspectos destaca, sin duda, el desarrollo científico y tecnológico y la investigación.
Con buen criterio, cuando el PP estaba en la oposición denunció los recortes emprendidos por los sucesivos Gabinetes de Rodríguez Zapatero en I+D+i (Investigación, desarrollo e innovación) e insistió en la idea de que, aun en los momentos más difíciles, es preciso apostar por ello. Parece, sin embargo, que se han olvidado de esas intenciones. Recientemente, cien directores de centros del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) enviaron una carta a la secretaria de Estado de I+D+i en la que advertían de que la situación del organismo era insostenible, abocándolo prácticamente a parar la actividad.
Como ya señaló hace pocos días nuestro periódico en su portada, los recortes en el CSIC son un grave error del Gobierno, y suponen un baldón para la ciencia española. En la exhaustiva información ofrecida por El Imparcial a sus lectores se recogían datos y cifras contundentes del desesperado momento que atraviesa el CSIC, así como la llamada de su responsable y la advertencia de la comunidad científica de que, a lo sumo, la Administración está poniendo parches pero ni siquiera se plantea el problema real en toda su dimensión.
Hacer caso omiso de la situación del CSIC, además de un absolutamente inmerecido oprobio para la ciencia española, implica una gran ceguera. Con los recortes, se abortarán programas que podrían obtener buenos resultados si se les dejara el tiempo mínimo exigido, y se impedirá el comienzo de otros. La ciencia y la investigación responden a una economía inelástica. No son como una carretera que se interrumpe hoy y se reanuda dentro de tres años. Una investigación interrumpida es una investigación perdida. Y lo que es más inquietante, si cabe, se eliminarán vocaciones investigadoras y se frustrarán generaciones de científicos, o se verán impelidos, como ya está sucediendo, a emigrar. Una emigración selectiva que está adquiriendo visos de tragedia nacional, pues quienes se van ante la falta de expectativas son muy necesarios para un cambio de modelo productivo que pueda servirnos de salvaguarda frente a venideras etapas tan extremas como la que ahora vivimos.
Resulta suicida acabar con el porvenir: recortar en I+D+i es recortar el futuro. El Gobierno de Mariano Rajoy tiene la ineludible obligación, por el bien de todos, de no dejar al CSIC a su suerte. La agonía de un centro de su importancia debe detenerse.