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Elogio a Ana Pastor

José Antonio Sentís
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directorgeneralelimparciales/15/15/27
miércoles 07 de agosto de 2013, 20:27h
En el mundo de la política, es complicado el elogio. Probablemente, sólo hay que ejercerlo para quien ni lo pide ni lo necesita, y por parte de quien ni lo necesita ni pide nada. Pero el elogio es una forma de justicia; eso sí, extremadamente escasa. Y más en tiempos de jaurías, donde todo el mundo busca culpables para sus males, y los políticos son piezas fáciles.

El elogio para un político es muy comprometido. Y, además, en mi experiencia, no vale para nada, porque la mayoría de políticos ven un artículo de ochocientas palabras con enormes alabanzas, pero se irritan profundamente si se desliza un sólo pero.

En la política, hay gente impermeable al elogio, seguramente porque éste nunca es absoluto, como antes comentaba. Pues si se produce, es porque es merecido, por lo que sobra. Y si no, por la cicatería de los agentes de comunicación, que son unos buitres que sólo quieren carroña.

Tampoco está bien visto quien pronuncia un elogio. Porque se sobreentiende que se hace por algo, como si fuera algo así como esa renovada figura penal del cohecho impropio pasivo, pues si alguien te regala un jamón en Navidad (tranquilos, es una metáfora) es como si te comprara el alma. Vamos, que el elogio sería como la fotografía para las antiguas tribus, que te roba el espíritu.

Con tantas dificultades para el elogiador y el elogiado, es absolutamente normal que los grandes periodistas del mundo dediquen todos sus afanes a buscarles las vueltas a los políticos. Nadie consigue un Pulitzer alabando a un presidente americano. Sólo el Watergate merece la pena, aunque haya quedado tan devaluado como para utilizarlo como imagen en la denuncia del alcalde de una pedanía. Aunque creo que ahora el PSOE y sus amigos lo quieren utilizar contra Rajoy, que no parece moro para semejante lanzada.

Sólo la edad, y quizá agosto, me permiten sortear todos esos obstáculos y elogiar a la ministra de Fomento, Ana Pastor. Porque es una mujer que reivindica la política en estos tiempos de furia. Porque reúne la condición de la prudencia con la de la discreción, la dedicación al trabajo y la transparencia en sus actuaciones.

Hay gente que ahora discute a Rajoy. Si lo hace, no será porque no tenga capacidad de rodearse de gente como la ministra Pastor, que le ha acompañado en mucha parte de su trayectoria política. Y siempre lo ha hecho bien, y lo sigue haciendo.

Pero no me extenderé con el elogio, porque hacerlo supondría menospreciar a sus colegas, lo que es otro de los problemas. Basta con asistir a cualquier acto público para saberlo, porque hay que acordarse de todos los asistentes importantes y, si lo haces, nadie lo agradece, pero como se te olvide uno te la jura para siempre.

No nos extenderemos por tanto en glosar las virtudes de la excelente ministra de Fomento que tenemos, y no solo por la forma de afrontar una crisis terrible como la del tren de Santiago, sino por la forma que gestiona lo cotidiano, que es, por cierto, su mejor territorio, el de hacer sencilla la eficacia.

Dejémoslo, simplemente, en una anotación veraniega. Quizá un acicate para otros. Y si a mí no me pasa nada por elogiar a la ministra Pastor, tal vez otros compañeros se animen y apoyen a otros políticos, que están, tal vez como los periodistas, bastante necesitados de cariño. Bueno, sólo de aquellos periodistas que no descubren el Watergate todos los días, que esos están siempre contentos, como epígonos de aquél que enciende la zarza a la hora del desayuno.

José Antonio Sentís

Director general de EL IMPARCIAL.

JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL

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